LA “DICTADURA” DEL PEATÓN

cruzando

En el año 88 del siglo pasado, ja, ja,  viví por primera vez un ratito largo en Inglaterra y la casa donde vivía con algunos de los profes en prácticas de la escuela donde estudiaba, estaba justo al borde de una carreterita con un flamante paso de cebra. Era poner el pie en el asfalto y el coche que viniera ya había parado. Por entonces, en este país eso era impensable, era un “sueño”.

30 años más tarde, aquí ya pasa “casi” lo mismo, es decir que uno está en un paso de cebra y el coche que venga para.

En Inglaterra veía también que los peatones eran respetuosos con los conductores, es decir, que si venía solo un coche, ellos – los peatones – indicaban al conductor que pasara. Aquí, como peatón a veces lo hago y siempre es una risa “pasa tú” “no, pasa tú”. Bueno, al final pasa el que sea.

Siempre he pensado que todos deberíamos pasar por todas las experiencias para saber cómo se puede sentir el otro: yo soy peatón pero también conduzco así que sé de las dos partes y como tal debo de saber lo que puedo y no puedo hacer en cada caso.

En este país en el que generalmente somos más papistas que el papa… el peatón se ha adueñado de todo, de los pasos de cebra y de lo que no es para pasar. Y lo hacemos todos en alguna ocasión, lo de cruzar por cualquier sitio y más de una vez, seguro nos hemos llevado un susto porque nos ha dado tiempo pero de forma muy muy justa. El corazón se te pone a mil y te puede pasar de tó … hasta caerte. 

El jueves santo el Finder y una servidora veníamos de vuelta de la sierra, de pasar un día estupendo rodeados de esta primavera temprana. Para llegar a nuestra casa en coche podemos hacerlo por varias vías pero al Finder le gusta entrar por el centro y así ver cómo están “los chicos”. Y así lo hicimos ese día. Utilizando esa forma pasamos por una calle harto complicada pues los coches aparcan a ambos lados y aunque solo es de subida siempre hay coches aparcados también en doble fila, peatones que cruzan por cualquier lado y que como hay coches aparcados, los ves de repente, parece que aparecen de la nada y ya están en la vía.

 Casi en el último tramo de la calle, subiendo, de repente aparece un hombre “grande” como dicen en Argentina, saliendo de detrás de un coche y que se pone a cruzar la calle corriendo. Y yo lo veo y pienso “¿dónde va ese hombre?”. Supongo que él – como a todos nos pasa cuando lo hacemos – pensó que le daba tiempo pero en lugar de cruzar en recto o hacia arriba… iba cruzando hacia abajo, en nuestra dirección. Yo me tapé los ojos, oí el frenazo del coche y un grito en la calle.

Abrí la puerta y encontré al hombre tendido en la vía, boca abajo y sin moverse. Todo el cabreo que tenía por “pero, hombre, a quién se le ocurre”, se disipó cuando le ví tirado y sangre saliendo de su frente. La verdad es que lo ví sin vida y mientras que una chica que venía detrás llamaba a la ambulancia yo acariciaba la cabeza del hombre diciéndole “vamos, no te vayas, tienes todavía cosas que hacer… vamos, ánimo”. Y de repente el hombre se movió: Uau, estaba vivo. Eso era otro cantar.

Ahora había que pasar por todo el protocolo de ambulancias, policía… yo con el corazón a cien pero por el hombre, porque pensé que ya no estaba y a la vez tranquilos, en realidad era como si el hombre se hubiera venido hacia nosotros. Después, en una de las muchas pasadas por el recuerdo que he dado a ese momento, ví que por donde estaba cruzando el hombre había un coche y debió de pensar que no podría pasar así que bajó un momento y fue cuando se chocó con nosotros. Y digo “se chocó” porque así pasó. E incluso diría rozó porque el coche por más que hemos mirado – el policía estaba asombrado mientras sacaba las fotos del protocolo – no tiene ninguna marca de golpe, de nada.

Al hacer el parte, oí que el policía escribió “arrolló” pero la verdad es que no le puse mayor atención, estaba en otra “cosa”. Para el sistema siempre eres culpable hasta que se demuestre lo contrario y había visto como el policía hasta que no le hizo al finder la prueba de alcohol y dio negativo… estaba un poco tenso. Luego ya aflojó un poco y la conversación fue cordial – como por otra parte debía de ser. Así que dejé pasar el “arrolló” que como filóloga me había mandado una señal.

Y miren ustedes por dónde, el viernes nos llama la persona que lleva el seguro del coche para decirnos que el peatón nos ha denunciado por atropello y que ha pedido A, B, C… ¡una pasta!

Anda, ¡pero si le hubiera denunciado yo si no hubiera sido por que le ví tirado y sin vida y se me pasó el enfado! El coche no tenía nada. No había nada que denunciar. Pobre, el susto de todos, el de él, el nuestro. Ya está. Pasado.

Obviamente si él ha denunciado es porque piensa – o le han sugerido o lo que sea – que él tiene razón. Y eso es lo que me ocupa. La trasgresión de los hechos en la mente de uno para que uno tenga la razón. Ahora hay que estar atentos porque el sistema ya ha dictaminado en el fondo: el peatón siempre tiene la razón (es el más débil) aunque sea él el que cruza o se mete, el ciclista siempre tiene la razón (es el más débil), la mujer siempre tiene la razón (es la más débil) cuando hay una denuncia…

Y estamos en el punto de la dictadura del “débil” que no es tal. Solo es el sistema que ha etiquetado como tal y en sus protocolos utiliza esa “presunción” que se queda “para siempre” en el inconsciente colectivo.

Miren ustedes por donde, una semana más tarde, el jueves este pasado… me dice el Finder que casualmente le había llegado una película muy interesante sobre el funcionar de los seguros médicos, los seguros de coches, el funcionar de los abogados, el funcionar del sistema judicial…

¡Anda! Me puse a verla por la noche y claro, piensas, “pues bien ha podido pasar algo parecido”. Alguien le ha dicho al hombre “ahora, les tienes que denunciar y sacarás una pasta”. Y así debe funcionar. Porque si no, no entiendo que de “una brecha” que decía el periódico… ahora haya miles de euros por medio.

Y tenemos cerca el caso de un amigo que fue rocambolesco. Ahí es cuando “ví” yo en qué grado de deterioro vital estamos.

Personalmente sé que las cosas serán como tengan que ser. No tengo ninguna duda. Hace años cuando el Finder y yo tuvimos un accidente grave…a pesar de todos los tejemanejes que los abogados quisieron hacer en el juicio… la juez – divinamente asignada – dictaminó correctamente.

Y hoy, por ello, les traigo a compartir esa película que me recomendaba el Finder. No está bien subida y el audio es de aquella forma pero el tema es muy interesante. Y es fundamental saber cómo funciona el sistema y cómo están las cosas en el “inconsciente colectivo”.

Gracias por la oportunidad

 

 

Esta entrada fue publicada en CONSCIENCIA, EVOLUCIÓN y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *