J. L. PARISE: ¿QUÉ HACER CON EL OTRO?

Una de las costumbres preferidas de nuestro “ego” es querer o pretender cambiar al otro, mejorar al otro… como si eso fuera de nuestra incumbencia. 

Es gracioso porque ya sabemos que el otro es nuestra proyección, que vemos en el otro lo que no queremos o no podemos o no sabemos ver en nosotros mismos. Y ¿entonces? ¿a que esa manía de que cambie el otro? ¿No será más fácil cambiar nosotros y así la proyección ya no será la misma? 

Aquí siempre hay una pregunta del ego “y entonces ¿me voy a tener que resignar con que el otro sea así?” Pues sí, ja, ja. Pero es que además esa pregunta la hacemos ANTES de cualquier trabajo propio en ese sentido de transformación. Queremos que el otro cambie antes y así nosotros también…. 

¡Vaya con la cabecita!

En cualquier curso al que asistimos o conferencia, siempre hay algún “eso se lo voy a decir a fulanito para que aprenda o para que vea” Es como que se nos olvida que el que ha ido a la conferencia eres tú… no el otro, ¿será que hay algo para tí? ja, ja.  

El vídeo que comparto es de José Luis Parise, ya conocido en este espacio y muy admirado además. En este caso le traigo por su faceta de estudioso de las etimologías. Cuando estudié filología el estudio etimológico fue una de mis asignaturas favoritas aunque por lo que veo lo que nos enseñaron era la mitad de la mitad de la mitad. O sea, casi ná. Y además las etimologías oficiales son muchas veces incorrectas. 

En este caso, Parise nos habla de la etimología correcta de Amor utilizada en las escrituras y qué palabra utilizaba el Cristo exactamente cuando se refería a Amor. La palabra era Ágape y el sentido de ágape para los griegos era el de Brillar. ¡Ese es el significado de Amor: Brillar! Poner brillo a lo que hacemos es el mejor servicio que podemos hacer a los demás… no cambiarlos, no mejorarlos… brillar nosotros, poner brillo a lo que hacemos nosotros… y entonces el otro puede ver que se puede brillar y puede querer incluso también brillar. Ese es el camino… por tu ejemplo, por tu testimonio de luz que es propia y a la vez conectada a la Fuente. 

José Luis Parise es un excelente “explicador” y dice mucho en pocos minutos. Para que podamos volver a lo que dice cuando queramos, he hecho la transcripción que comparto con ustedes, viajeros de luz. 

Viajeros de luz brillante. Un placer y un honor. 

Gracias, gracias, gracias

 

Uno de los temas más comprometidos es qué hacemos en magia con los demás, con los otros.

Hay una ley de magia absoluamente clara, que marca la línea entre lo que se llama magia blanca, que es de la que estamos hablando, y magia negra. Y es: PROHIBIDO QUERER CAMBIAR AL OTRO (en nombre del amor, en nombre de la bondad, en nombre de lo que sea… si yo quiero cambiar al otro, estoy usando magia negra.

Las mismas cosas que yo uso para crear mi realidad, si yo las quiero usar para generarle a dotro una realidad que a mi me parece que sería mejor… me transforman en un agente de magia negra.

Y eso ¿qué significa? Me hacen vulnerable. Si yo abro la puerta para cambiar la realidad de otro, por esa misma puerta entran para cambiar mi realidad.

¿Qué hago entonces? Ni quiero, ni debo ni puedo intentar cambiar la realidad a otro. Como máximo, enseñarle que hay un camino para que si quiere cambie su realidad. Ningun iniciado nos ha venido a resolver los problemas y el iniciado más famoso de occidente, Cristo, lo demostró con claridad.

Hay una frase que a los curas siempre se les pega, a los padres, a los párrocos, nunca la leen y nos hacen creer que Cristo andaba queriendo mejorar la realidad de otros. Cristo es el que dijo: a quien tenga se le dará y a quien no tenga se le quitará. Parece que el Papa nunca leyó esta frase pues nos hace creer que hay que darle a los demás, y que ese es el amor de cristo. Lean la biblia, lean de qué hablaba Cristo cuando hablaba de amor y cuando empezó a hablar de Amor, solo después de la Cruz. Muy poco lo que habló antes. En el encuentro con sus discípulos después de la cruz es donde pone el amor en primer plano y ese Amor se llama AGAPE.

Y ese Ágape es BRILLO. Tienes que aprender a brillar y ese brillo es el mejor acto de amor que puede hacer alguien por los demás.

Cuando yo brillo a mi realidad, a los demás … los inundo con mi luz. Ese es el ágape.

Cristo, en la que en verdad es la última cena no en la que todos conocen, en la que hay después de la cruz: se sienta a la mesa y le pregunta a Pedro, a su hermano de sangre:

  • ¿tú me amas? Y Pedro le responde Si.
  • Y Cristo vuelve a preguntar a Pedro: ¿tú me amas? Y Pedro le vuelve a responder Si.
  • Y Cristo le volvió a preguntar: ¿tú me amas? Y Pedro le responde:
  • Maestro, tú sabes que yo te amo.

Uno no puede entender nunca ese párrafo que es el último en el que cristo habla con sus discípulos. Es fundamental. Vuelve de la cruz para hablar con ellos de esto, únicamente. La Iglesia se encargó de hacer las traducciones para que sea inentendible.

Si vamos a leerlo en la lengua originaria, el diálogo es perfectamente transparente sino Cristo parece un idiota que no entiende qué le están respondiendo o parece una histérica “no me querés, si te quiero…” Ridiculizamos a Cristo así.

No, no, no.

Es la escena de más respeto y más elevado contenido porque Cristo le está preguntando – en griego – :

  • Tú me ágape?

Y  Pedro le contesta es:

  • Yo te fileos

Filia es un amor familiar, viene de hermano y Cristo le pedía que tenga Ágape: ¿tú brillas cuando estás conmigo? Esa era la pregunta

Es como si yo te preguntara:

  • Tú me amas?

Y tú me contestaras:

  • Te tengo un enorme aprecio

Claro, ahí se entiende muy bien por qué le seguía preguntando Cristo. Pero Cristo qué quería? Ese amor. El que se llama Agape.

Y ágape no es lo que nos ha hecho creer la iglesia que es: darle a los demás la comida. Eso se llama scenia para los griegos, es otra cosa.

El ágape es un concepto especial que es: todo unido en mi y que genera un brillo especial. Y qué es “todo unido en mí”?

Los 4 tipos de amor que hay en la Biblia: storge, filia, eros y ágape que es el más elevado. Todos tenemos divididos los amores, eso es lo que nos pide: unificarlos.

¿Qué hacemos por los demás? brillar. El mejor servicio que le podemos hacer a los demás es brillar, porque entonces es posible que quieran brillar.

Cuando el hombre ve la luz lo que le sucede es que no la soporta, se cierra la retina, se defiende pero después le gusta la luz.

Si tú te mantienes brillando, los demás puede ser que quieran brillar. Y entonces ¿qué ocurre? ¿tú los puedes hacer brillar? No, pero les puedes enseñar con qué brillas tú.

Este es el mejor servicio que podemos hacer por el otro. Por eso la nueva era es de luz o no será.

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