CULMINANDO LAB-ORES ¡QUÉ GUSTO!

Seguro que a ustedes también les pasó alguna vez ja, ja (me río por lo de alguna vez) eso de hacer una obra o un trabajo y dejar para “otro día” algunos detalles que “normalmente” se aplazan “sine die”.

Hace ya 3 años que los padres se fueron “a otras estancias” – uau como vuela el tiempo – y unos meses más tarde, me fui a la casa familiar a “ordenar”, a limpiar, a ponerla a punto para nosotros, hermano y yo. Toda una labor por fuera y por dentro y lo sabrán si ya han pasado por ello.

La experiencia fue super super intensa. El primer día, me recuerdo sentada en el comedor mirando perpleja cada objeto y con la sensación de que en cualquier momento podía entrar cualquiera de los dos por la puerta. ¡Estaba todo tal cual…sin ellos!

Durante días y días fui recorriendo habitaciones, armarios, cajones… encontrando de tó. Me sentía un poco extraña pues era como hurgar en su vida… sin su permiso. Y poco a poco, la casa, aunque parecía la misma, fue tomando otro aire. Y la labor fue estupenda a tenor de lo que he ido viendo ahora que he vuelto… a culminar esos últimos detalles, ja, ja… 2 años y medio después.

Durante aquellos días, una discusión y malestar con un gran amigo propició un buen resfriado que a la postre me tuvo en cama unos días. Uno de esos días, llegó hermano y me mandó para mi casa… ja, ja… ¡la fuerza de los hermanos! Y las cosas quedaron en el punto en que yo estuviera entonces y cada vez que volvía a casa a lo que fuera me decía: “a ver si vengo un rato y culmino el trabajo” (ahora que sabemos descifrar un poco mejor lo que decimos detrás de lo que decimos… esa frase ya pre-veía lo que iba a pasar.

La intención fue volver cuando me restableciera… se ve que no sentí que lo estuviera pues no volví hasta antes de ayer, como digo, dos años y medio después. A eso me refería con los “detalles” que se dejan para otro día.

Sincrónicamente y sin planearlo, ayer era el final de año en base a la cultura maya, día que se dedica a revisar, limpiar, agradecer… Y así pasé el día emocionada y agradecida por el trabajo que había hecho la vez anterior, profundamente agradecida a los padres por dejarnos una casa conocida, una casa donde sabemos dónde está todo, una casa donde hay de todo… como en casa de los padres. Hoy me reía porque estaba arreglando una cortina y necesitaba imperdibles y una cinta blanca o algo para solucionar una cosita que se había estropeado… sin pensarlo fui al lugar donde madre guardaba ese tipo de cosas… y allí estaban, en su cajita… Y así con todo lo que he ido necesitando estos días. ¡Es como tener un proveedor de todo lo necesario en una casa!

Entre medias hago qigong, escribo, leo, hablo con los vecinos – mayores pues a los jóvenes casi no los conozco – disfruto de la visión de un caballo que está justo enfrente de casa y por el que sé si alguien viene, si le gusta o no…y como una servidora es caballo en base a la astrología china pues de paso aprendo cómo ellos para entenderme a mí también ; disfruto del canto y vuelo de infinidad de pájaros que vienen a comer el pan que les echo y que a esta hora de la tarde ya van regresando a sus árboles a dormir. Ayer me partía de risa porque durante más de una hora, ya en los árboles, no pararon de emitir sonidos… y me preguntaba si se estarían contando qué tal su día o estarían defendiendo su trocito de rama y los sonidos eran de enfado… Disfruto del fresquito de la mañana y la noche en un pueblo de Castilla… que no es poco regalo en días de calor como estos.

Y disfruto de escucharme pensar y sentir y de tomar conciencia de algunas “emociones ocultas” detrás de algunas vivencias y así re-capitular… re-ordenar. Ayer tomé verdadera conciencia de la importancia que tiene esto del or-den, de restablecer el orden… es como si mientras no lo hacemos, todo pulsa para recordárnoslo…en una parte u otra de nuestro cuerpo, de nuestra alma, de nuestro espíritu y se nos nota sobre todo en nuestras relaciones con nosotros mismos, los otros y lo Divino.  

De un pobre laurel que tuvimos que cortar habíamos guardado sus ramas con sus hojas y ayer estuve terminado de quitarle las hojas y ponerlas en un lugar apropiado. Total que quedaron las ramas, 3, una más grande, otra mediana y otra pequeñita: qué casualidad cuando yo había estado parte del día con el trío: padre – madre – yo. Por la noche, ya con el fresquito, las tomé para llevarlas al huerto y sin haberlo pensado hacer, puse las 3 ramas apoyadas en una pared: la más grande – la pequeña – la mediana: tanto la grande como la mediana miraban a la pequeña y enseguida sentí que algo se había ordenado, algo había hecho “click”: la más grande (padre), la pequeña (yo) y la mediana ( madre): cada uno a mi lado, mirándome, bendiciéndome.

Según lo pensaba así, tomé conciencia de que esa mirada hacia mí había cambiado cuando yo tenía 11 años. A partir de ese momento, la mirada desde luego nunca más fue de bendición. Ole, ya tenía el momento. Ahora puedo aplicar-me cualquiera de las técnicas que utilizamos en consulta para ir a ese momento, tomar conciencia de la emoción y transformarla. Me río porque en realidad, luego lo que aplicas es otra cosa diferente, brota algo diferente que no estaba en el protocolo como tal.  Por eso, cuando las personas te preguntan ¿y cómo lo hago? ¿qué hago para disolver…? Uno puede explicar, aplicar un protocolo determinado pero después, lo que verdaderamente disuelve y transforma aparece un día que estás enfrascada en otra cosa y de repente sientes, ves…

A nuestro inconsciente le encantan – porque entiende muy bien los símbolos – las metáforas… A poco que nos lo permitamos y dejemos de querer interferir en todo y controlarlo todo… las metáforas se suceden a cada instante… y eso es mágico y como tal produce magia, la magia de re-establecer el orden, la paz.

Un placer, queridos viajeros de luz, compartir – me con ustedes. Y un honor contar con la oportunidad de hacerlo.

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