COMO VOLVER A NUESTRA COHERENCIA: ejercicio a cargo de Gustavo Godachevich

Como la Vida es así de generosa, te da los recursos y además te pone en el sitio para practicar lo que vas aprendiendo.

La pregunta que más se repite en los comentarios que ustedes hacen, en los cursos que uno va, en las conferencias que escucha… es la de “Y ¿cómo lo hago?”.

Así que el otro día cuando recibí este vídeo que hoy comparto… con un “¿Cómo?” en el título y además siendo un ejercicio práctico… ya sabía que sería la próxima entrada. Lo que no sabía, ja, ja… es que la vida me tenía preparado un campo de juegos estupendo donde practicar y practicar el ejercicio en cuestión. Porque claro, los ejercicios, los cómos, son para practicarlos con el agravante de que si no se practican… no hay resultados, ja,ja.

Y ¿saben una cosa? Estoy en el lugar ideal para ponerlo en práctica: ¡un pueblo! Pequeño y el mío. Que seguramente será igual en cualquiera porque este desaguisado de “no digo, no hago porque qué va a decir o porque no quiero ponerme a mal o porque si se lo digo va a ser peor…” no es de ahora – que ya lo recuerdo igual de pequeña ni de ese pueblo porque he estado en unos cuantos y en todos pasaba igual.

Les pongo un ejemplo, recién vivido, ja, ja:

La casa familiar da por la parte de atrás a una callecita que da a un corral, que llamábamos, donde ya había imaginado que había algún perro porque se les oía ladrar de vez en cuando y a ratos de seguido. (¡ja, ja, anda que no he aprendido de ladridos estos días). Más o menos el miércoles, por la tarde, me dí cuenta de que había un ladrido diferente – más agudo y chillón – y que era continuo. Claro, una vez que tomas conciencia de un ruido, el ruido se amplifica y ya solo oyes el ruído. Cansino.

Cuando me fui a la cama, el pobre perro seguía ladrando y a ratos era como los niños cuando han llorado un montón y ya tienen casi hipo… pues así. Como había sido previsora, la casa estaba fresquita y eso me permitió cerrar ventanas y contraventanas y dormir como una reina pero al día siguiente cuando me desperté… allí estaba el ladrido.

Uau, se auguraba un día propicio para ejercitar paciencia o subirte arriba y darle un tirón de orejas al dueño ( no era eso lo que pensé pero buena gana de ser tan explícitos, ja, ja). Era pronto y los vecinos no habían subido las persianas así que cogí una escalera y me subí a ver qué había allí: pobres, 5 galgos de caza y un perro más pequeño (que sería el que ladraba tanto), metidos en jaulas para perros. La descripción de las condiciones no vienen al caso pero a mí personalmente no me gustaría nada nada vivir así. Siendo perro no tengo ni idea.

Desde la escalera ví que un vecino estaba a la puerta así que bajé para preguntarle de quién eran esos perros. Cuando me dijo el nombre yo no tenía ni idea de quién era pero ya sabía que “y qué vas a hacer, qué le vas a decir si además  este no hace caso de nadie. Ya se lo han dicho y ha contestado que “a mí no me molesta”. ¡Ole, esa respuesta ingeniosa! ( Claro como el vive a la otra punta del pueblo… no los oye, añado).  Allí se agregó otro vecino que venía a incidir en la misma idea: llevaba un montón de años allí con los perros y siempre pasaba lo mismo. Y como nadie quería ponerse a mal pues se callaban, no decían nada y además asumían que el resultado no iba a cambiar.

Pues estamos bien, ja, ja

En casa, sola, me iba acalorando conmigo misma, ja, ja: pues voy allí y le digo y me dice y le vuelvo a decir… toda una situación que en mi mente resolvía a nuestro favor: una servidora y los vecinos que a lo largo del día y uno a uno, vino a comentarme que sí, que todas las noches, que era horroroso pero qué le iban a hacer… que además, si es primo, si es cuñao, si es…

Estaban todos engarzados y enganchados pero se lo quedaban para dentro. Desde la óptica de la bio todo un caldo de cultivo para síntomas X y formas de relacionarse Y porque por lo que me fueron contando lo mismo pasaba en otra calle y en otra… todos los cazadores tenían unos cuantos y los tenían como aquellos … al lado de alguien, claro. Y ladraban igual.

Sola en casa ya había tomado cartas en el asunto y había hecho qigong, ya me había tocado este o aquel resonador para bajar el fuego porque sabía que la solución que en mi mente había resuelto tan divinamente, es posible que en realidad saliera de otra forma. Así que– como dice Parise en los 11 pasos de la magia – la resolución tendría que venir de otra forma  - y con otros modales porque sino … ¡no me había enterado de nada! – . No les voy a contar todo el proceso pero si que por la tarde ya estaba en paz, con el muchacho y los ladridos. La situación era un exceso así que allí había más que rascar que ponerte gallito y fue precioso porque tomé conciencia de las veces que una servidora había metido ruido a los demás… esas cositas que van poniendo las cosas en orden, otra vez el orden.

Había puesto música en casa y eso ayudaba también a que los oyera por detrás mitigados. Mientras estaba sentada fuera, llegó el hijo de otro vecino. Conversación muy constructiva pues al final hasta generamos una “buena solución” para los dueños de los perros, los perros y para todos los vecinos

Me encantó vivir en primera persona eso que sé con certeza aunque a veces lo olvide: los pensamientos, sentires y acciones son diferentes dependiendo la frecuencia vibracional en la que estés.

No se mezclan.

Ahora que estaba en paz, los caminos se abrían. El Universo sabrá cómo lo va a solucionar pero ya estaba en marcha.

Por la noche había una actuación de flamenco en el pueblo y uno de los componentes tocaba el cajón divinamente. Desde que empezó la música hasta que terminó …por lo que me dijeron los vecinos,  los perros no dijeron nada. Y esa noche fue bastante plácida.

Bueno, no habíamos hablado con el dueño todavía pero ellos habían estado más tranquilos, que era de lo que se trataba fundamentalmente y todos habíamos dormido mucho mejor. Gracias, el Universo estaba trabajando. Toda la historia había servido para mil conversaciones con unos y otros que me hablaban “en pequeño” de lo complejo de la convivencia.

Tomé conciencia de que con esos mimbres que a casi todos nos han fundamentado… es natural que nos sea complejo expresar nuestras necesidades en pareja, en relaciones laborales, en convivencia de cerca, de vecinos… sin miedo a que se enfaden, a que no nos hablen, a que nos aparten…Y tomar conciencia genera paz naturalmente, sin tener que hacer nada más. Lo sientes. Lo que venga después seguro que es diferente a lo que ha sido pues parte de otro “desde dónde”. Vibración diferente… pensamientos, sentires y acciones diferentes, en todos, pues todos estamos en la misma red y somos arte y parte del mismo campo de juego.  

Habrá tiempo de saber cómo continúa el “cuento” que estoy segura se repite en muchos lugares.

En el desarrollo del proceso, puso su granito de arena este vídeo que comparto y que nos viene a recordar las características del inconsciente y por ellas, por qué funcionan tan genialmente las escenificaciones mentales, y además nos ofrece un ejercicio – que es como el protocolo del Camino al Inconsciente que hacemos en una consulta de bio – o yo misma conmigo misma cuando quiero re-capitular una escena vivida – ya depurado y condensadito en un ejercicio sencillo que cada uno puede hacer para re-poner el orden y entrar de nuevo en coherencia. El inconsciente, como es así de bendito, se lo cree porque no sabe de la diferencia entre real y virtual – si tú lo sientes así –.  Estando en in-coherencia estás en una  frecuencia y se abre un kit con catálogo propio de pensares – sentires y haceres en consonancia con esa frecuencia… Sin embargo, la sensación de coherencia abre otros caminos y otras conexiones que están en esa vibración de coherencia. No se mezclan, ya saben

Les puedo asegurar que si le toman el gusto al “teatrillo sentido” … lo pondrán en práctica con mucha asiduidad. Una vez en coherencia con lo que uno quiso hacer y no hizo por lo que fuera – que cada uno tiene sus miedos propios – ya es el momento de re-visar otras cositas. Mientras la frecuencia y vibración no cambian, mientras lo sútil no cambia, las respuestas siguen siendo las mismas porque el campo cuántico recibe y emite lo que uno siente y si es lo mismo…

Así pues, ya ni hay excusa porque no sé cómo: Gustavo Godachevich nos dice cómo, explicado de forma sencilla. Les sugiero que escuchen varias veces las características del inconsciente, así comprenderán, más que entenderán, porqué funciona el cómo que nos cuenta y se animarán a utilizarlo. Parece un simple “teatrillo” pero sentido, puesto en situación, vivido en presente – que esa es la clave para poder re-sentir y transformar ese sentir – es mágico.

Un placer, viajeros de luz. Gracias por la oportunidad.

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