MIRADAS SOBRE EL PERDÓN DE AUGUSTO GODACHEVICH Y DE UNA SERVIDORA

En este camino de nutrirnos con las herramientas, recursos que nos van ofreciendo los “indispensables” que comparto desde hace 6 años… esos indispensables van entrando y saliendo de mi vida a medida que voy necesitando otra clave, otra mirada, otra conciencia. Algunos permanecen de siempre, claro, y esos son de verdad fundamentales. Otros aparecen en el momento oportuno para entender, para comprender y hacer un saltito.

Entre estos últimos, hay un muchacho - por la edad -  argentino, Augusto Godachevich, que utiliza la enseñanza de la bio como herramienta aunque no se queda solo en ella, como nos pasa a muchos. Hace unos meses comenzó a emitir una serie de vídeos para guiarnos en el proceso de liberación emocional. Desde el primer momento, me encantó. Se ve que tengo que ver algo con Argentina y sus formas porque lo que viene de allí, lo entiendo perfectamente y me cala enseguida. A pesar de que por estos lares españoles muchas veces se dice que los argentinos hablan muchísimo, que… a mí me gusta y los entiendo perfectamente.

Una vez que accedan a este vídeo que comparto hoy podrán ir viendo en you tube todos los demás que ha ido publicando, hasta el momento 11. Número mágico donde los haya. Y yo voy a compartir con ustedes precisamente este número 11 en el que habla del perdón contestando a esa pregunta del “yo-ego” que es “ya, y ¿cómo lo hago?”.

La idea de que tengo que perdonar o me tienen que perdonar nos la han inculcado en todos los ámbitos de vida pues el catolicismo como religión basa su ideología en la culpabilidad, en el pecado… que hay que castigar, perdonar… y miren ustedes por donde… eso nos aleja precisamente de la paz que es la sensación que tenemos cuando no hay culpa, no hay pecado que enmendar.

En realidad, como decía Enric en la última conferencia que de él he compartido – pues hay otra que tengo en cola en espera de escucharla bien por segunda vez – la clave está en saber con la mente y sentir con toda nuestra biología que lo que vivo, lo que recibo ahí afuera… tiene que ver conmigo, no con lo de fuera. Nadie me hace nada, soy yo que utilizo “virtualmente” al otro para que refleje algo de lo que yo no soy consciente porque no quiero todavía o porque hay tantas capas que ni siquiera lo veo. Y el otro – bendito sea – nos muestra aquello que en nosotros o sobre nosotros hay juicio, valoración negativa…y por lo tanto condenamos o condenaron y creemos que eso es la “ley”. Y todo esto implica que todos somos uno y que cada uno somos parte y arte de ese Todo.

Cuando comenzamos en este camino de auto-indagación tan nutritivo vamos viendo que cuanto más nos molesta algo de alguien o cuanto más sufrimos por algo que creemos que nos han hecho… más tiene que ver con ese espacio en nosotros lleno de frases, creencias, valores, juicios y que componen la bendita sombra. Como está en la sombra y no entramos a menudo a verla y a poner luz en ese espacio… no tenemos ni idea de lo que hay y lo que hay es necesario que lo re-visemos, lo re-ordenemos, lo re-capitulemos para … como resultado… liberarlo.

Por eso, la pregunta de ¿y cómo lo hago? no ayuda al resultado porque para empezar esa pregunta lleva una emoción paralizante que es la duda y porque la liberación es un resultado que se da automáticamente en cuanto expandimos la conciencia y ampliamos así la percepción que de de nosotros, los otros y el mundo tenemos.

El perdón es igualmente un resultado. Y la palabra perdón tampoco ayuda porque implica un agente y un paciente, uno que perdona y otro que es perdonado y además como decíamos va cargado de connotaciones religiosas que nos han inculcado como la culpa, el rencor… ¡Menudo batiburrillo!

El perdón es sentirse en paz y eso es un resultado de que comprendes de otra forma. Nadie me puede hacer sentirme en paz, es algo personal e intrasferible como tampoco puedo hacer sentir en paz a nadie. Soy yo el inductor de esa paz y desde luego el que la siente o no. Así que ese “perdón”, si queremos seguir utilizando esa palabra, empieza y acaba en mí. En mí por no ver, por no comprender lo que esa persona, esa situación me está diciendo de mí.

Por eso, la respuesta a la pregunta ¿y cómo lo hago? es Nada. No hay que hacer nada, no hay técnicas para sentirte en paz – hay muchas herramientas sí pero es una cuestión personal de abrir y ampliar la conciencia. Una vez que el foco es más amplio – y eso es un camino para toda la vida sin que implique un esfuerzo – lo sientes sin más porque comprendes, porque te comprendes y al trascender la información conflictual que ahí había… te sientes en paz. Ya.

Eso no quiere decir, ja, ja, que como ya… todo va a ser de color de rosa… que puede ser. Sin embargo, de momento por experiencia personal, veo que cada vez que tomas conciencia de algo y así te sientes en paz… es como que el universo dice: "vale, ya lo aprendió, vamos a otra cosa". Y ahora aparece otra capita de una emoción que no habías visto y como lo ves en el otro ya empieza el circo de nuevo. ja, ja.

Es verdad que cuando la toma de conciencia es sentida… ya sabes cómo es, cómo te sientes así que la siguiente mirada de conflicto es más sencilla de limpiar.

Ya sabes en y a dónde mirar, no hace falta que reúnas pruebas y más pruebas de lo chunga que es la vida contigo o fulanito o menganita.

Ya sabes que por ahí no hay salida y que el sentido es mirarte a ti y qué tiene eso para ti, dónde está en ti, desde dónde enjuicias a la persona o la situación… miles de preguntas super nutritivas y que se resumen en “¿PARA QUÉ me pongo yo una persona que me descalifica, que no me reconoce, que no siento que me ama, para qué no tengo dinero…. ¿PARA QUÉ? Uy, ahí salen respuestas muy sorprendentes que te van dando idea de que nos parece que hacemos las cosas por A o B y resulta que era por C. ¿Y de dónde viene C? pues ale, a seguir indagando.

Y así cada vez es más rápido y más sencillo entrar en saber y sentir que no hay culpa que valga para nadie, ni para mí. Por lo tanto, el perdonar o querer que te perdonen… viene de un desde dónde que nos llevará a emociones lejanas a la paz pues implica además control. Y el control… te lleva a estar alerta para que todo esté cómo tú quieres, incluidos los seres pensantes y de 4 patas - ¡pobres, todo el día obedeciendo! – La alerta del control la canaliza el sistema simpático y la paz el parasimpático. Opuestos. No se llegan a encontrar nunca. Cuando uno está activo el otro se anula. Pues así con el control y la paz.

Y a continuación les comparto el vídeo de Augusto Godachevich sobre este tema del perdón que además incluye en la información del vídeo un texto complementario que les servirá para después re-leer y mirárselo en ustedes. 

Para los que quieran seguir indagando, Jorge Lomar es uno de los imprescindibles para este tema del perdón. Aquí hemos compartido algunas de sus conferencias y en san google encontrarán de tó. Un gusto además escucharle porque es inevitable que de algo caigas en la cuenta mientras le escuchas.

Ah, casi se me olvidaba: ayer ví una peli que podría tener entrada propia pero que comparto hoy para ver reflejado esto de lo que estamos hablando... en una peli  - El gran hipnotista - que por cierto, pide atención máxima para no perder ningún detalle. El final precisamente explica a quién nos es más dificil perdonar. Que les sea aclaradora. 

Gracias, viajeros de luz. Gracias. Gracias.

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