LA SANACIÓN ES POSIBLE CUANDO “TÚ” DEJAS DE INTERPONERTE

El texto de Jeff Foster que hoy comparto con ustedes me llegó hace tiempo y no le hice caso. Me volvió a llegar estos días y cuando así pasa, sé que hay algo que mirar ahí. 

Y eso hice, mirar. 

Según lo iba leyendo y como estos días y tiempos están siendo tan intensos en ver afuera lo que uno emana – siempre es así pero a veces lo vemos más claro – lo leí en clave personal. Es decir, cuando Foster habla de “tú” yo le ponía el “YO”, ese “yo” formado de paradigmas hechos por otros y que sigue un carril a menos que veamos que vamos por un raíl pre-fijado de ante mano por ese paradigma de “otros” que yo asumo como mío. 

Cuando empecé a escuchar a Emilio Fiel “Miyo”, le oí algo que no olvidaré: que nos han enseñado mal a gestionar-nos: cuando tenemos ganas de llorar, cuando nos sentimos tristes, cuando estamos enfadados… hacemos todo lo posible (o nos animan a ello los cercanos, los amigos, la familia… ) para salir de eso que sentimos como “malo”, como “no útil”, como “no evolucionado”… olvidando pasar por ello, olvidando sentir esas emociones y así, sintiéndolas, permitir que se transformen, que transmuten y se conviertan en energía sublime y nutricia que es lo que son. 

Hace años, cuando me diagnosticaron un tumor, mis amigas más cercanas se empeñaban (llenas de buena intención, obvio) en que tenía que entretenerme para no pensar, que tenía que salir, que tenía que estar siempre acompañada…y yo las miraba asombrada porque lo que sentía era necesidad de estar conmigo, sentirme, sentir ese miedo y por fin liberarlo, sentir esas necesidades que el tumor ponía de manifiesto, indagar en el conflicto del que brotó la solución llamada síntoma… Suerte (y estoy muy agradecida por ello) que además de empeñarse respetaron en todo momento mis decisiones de aislarme a ratos más o menos largo para permitirme sanar de algo que yo misma había producido. 

Ya sea para otros, ya sea para uno mismo, la mayor parte del tiempo nos lo pasamos queriendo evitar o que otros eviten lo que está sucediendo, sobre todo si en lo que está sucediendo, están involucradas emociones tachadas como “negativas” como pueden ser el miedo, la rabia, la vergüenza…Si vemos a alguien llorar lo primero que nos brota es consolarle y decirle que todo va a ir bien, que no se preocupe, que hay que superarlo, que … ¡de todo, cada uno a su estilo! Todo menos permitir que llore, que se enfade. Y lo mismo para uno mismo: si me levanto un día con ganas de llorar, lo siento como algo a superar y seguramente empiezo a hacer de todo – además de criticarme por llorar, estar rabiosa o lo que sea – para salir de ese estado. Y me pierdo el sentir y desde luego la transformación. 

Porque ¿qué hacemos cuando “lo superamos” sin sentirlo, sin pasar por ello? pues una cosa tonta: que forzamos al Universo, al Campo Cuántico, a nosotros mismos, a volver a repetir la situación, a volver a pasar por ello para ver si en algún momento nos paramos a sentir y así transformamos ese miedo, esa ira, esa vergüenza en aprendizaje, en recursos, en potenciales… que es lo que sucede si las sentimos. 

Ja, ja, o sea que por “querer superarlas” nos obligamos a vivirlas una y otra vez y como nos empeñamos en querer “superarlas”, nos seguimos criticando, juzgando a nosotros mismos o a otros que las muestran y se forma una bola… ja, ja… bien conocida a ratos por cada uno de nosotros. 

Y además, ese miedo, esa rabia, esa vergüenza, esa carencia… no sentidas, las mando al cuarto oscuro del inconsciente, de la sombra… y esa siempre pugna por salir y mostrarse. Es su naturaleza, ja, ja. Salir y mostrarse y nosotros, al revés, a esconderlas. Ya sabemos quien gana en esa lidia. No trae cuenta seguir ese raíl. 

Es tiempo de mirar hacia dentro y sentir. Sentirlo todo. Sin etiquetas. Sin juicios de bueno y malo. Dejarlo estar, permitirlo, agradecerlo… y… SOLTARLO. Adios, ciao, ya está. 

Todo en mi intimidad, claro… no hace falta que los demás entren a jugar que no tienen las mismas reglas y luego se lía la cosa. Todo esto es un proceso íntimo, particular y propio. 

Como lo es cuando es el otro el que se expresa. Este mes no lo he compartido pero transitamos por el hexagrama 30 del I Ching, El fuego, que nos pide que independientemente de lo que el otro manifieste… veamos el ser de luz que natural e intrinsecamente es o el ser de luz que soy, si de mi expresión se trata. En cuanto entramos a juzgar la situación, la emoción, nos resistimos, entramos en la duda y la desesperanza sobre la situación o la persona y no le permitimos cambiar o transformarse: es por ejemplo cuando decimos de alguien que no va a cambiar. ¡Se monta una en el Universo para no permitir ese cambio! Y todo por nuestra percepción, nuestra consciencia que es la que pone los filtros a nuestra visión. 

¿No les parece que merece un ratito esa expansión de conciencia, de percepción? ¿A que sí? 

En este espacio, hay infinidad de “recursos” para esa labor no de “cómo” hacer – que también – sino de “qué hacer”. Indaguen, buceen… hay casi 3.000 artículos y cada uno es una herramienta que favorecerá esa labor suya e intransferible, pues en la mayoría de los casos pasan por el sentir y eso, queridos viajeros de luz, solo lo puede hacer cada uno. 

Un placer y un honor. 

Gracias, gracias, gracias 

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