PALABRAS MÁGICAS: ME PERMITO… ME DOY PERMISO PARA…

Cuando éramos pequeños el permiso nos lo daba papá o mamá (o quien estuviera haciendo la función paterna o materna)  y algunas veces era una guerra entre ellos: cuando pedíamos permiso a uno, éste nos decía que si habíamos pedido el permiso al otro y así se pasaban la bola de uno a otro. ¿Se acuerdan? 

Incluso más: la autorización, el permiso estaba ligado a la bendición de papá para hacer algo como casarnos, como irnos a la otra punta del mundo. Arquetípicamente es papá el que bendecía – y eso pre-suponía la autorización – un noviazgo, una boda, dedicarse al arte. 

Cuando fuimos a la escuela teníamos que pedir permiso a los profes o mejor los profes eran los que nos daban permiso para hacer esto o lo otro y si no te lo daban… pues o bien te comías las ganas o te rebelabas con las consiguientes consecuencias. 

Cuando fuimos un poco más adultos y trabajábamos para alguien… a ese alguien era a quien pedíamos permisos varios.

Las mujeres, en esta sociedad que nos ha tocado, – porque hay otras que no – hemos tenido que pedir permiso a padres, empleadores y … esposos, maridos, novios… Incluso para sacar dinero teníamos que llevar hasta hace bien poco – que se nos ha olvidado pero yo lo conocí todavía – una autorización de esposo, de padre… 

Total, que el permiso venía siempre de fuera. 

Es decir, que hemos tenido pocas ocasiones de practicar el permiso, la autorización propia porque no se contemplaba que uno a uno mismo se lo pudiera dar. ¿Eso que es? Y cuando lo practicábamos éramos tachados de egoístas… de todo menos bonitos. 

Es esa cualidad de “egoista” la que me animó a publicar esta entrada a propósito de estas palabras mágicas como son el permiso y la autorización PROPIA. 

El otro día, en uno de los webinars que hacemos en el curso de Volver a la Abundancia, una compañera había preguntado algo sobre los beneficios que aportaban los hombres y las mujeres al clan, ella decía que las mujeres del clan eran las activas, las que trabajaban y los hombres también pero… Entonces, Saúl, le preguntó: “y entonces ¿los hombres qué hacían?” La respuesta fue que los hombres curraban pero también se divertían, eran más egoístas que las mujeres. 

En el inconsciente se había identificado diversión con egoísmo (ja, ja, cómo me resuena esto a mi clan ahora que lo escribo). Saúl siguió preguntando – que por cierto lo hace muy bien – “y entonces, ¿crees que divertirse no es un recurso positivo?” La respuesta de la compañera fue dubitativa porque ¡ni siquiera se había dado cuenta de que pudiera ser un recurso positivo! (ella consultaba por una hiper responsabilidad) y una vez que dijo sí a que fuera un recurso él siguió preguntando: “Y tú, ¿te puedes permitir ser egoísta y divertirte?” “No lo sé, me siento mal si pienso que soy egoísta”.  

La respuesta del profe fue: “permítete ser egoísta y no sentirte culpable por ello, juega a ser egoísta un rato a ver, permítetelo”. (Recordemos que esta chica había identificado egoísmo con diversión)

Durante el curso, claro, van apareciendo todos los programas y creencias que hemos ido añadiendo al personaje – YO – y que por fidelidad, por miedo a no ser parte de, a ser echados del clan, del grupo… hemos mantenido a fuego, hemos defendido a capa y espada y además nos han servido para juzgar a otros en caso de que expresaran esas creencias o programas, como en este caso ser egoístas por divertirse. 

Que alguien te proponga permitirte algo “prohibido” y que te lo des personalmente es toda una liberación de culpabilidades. Me puedo permitir, me puedo autorizar representar cualquier papel, expresar cualquier cualidad que esté en coherencia conmigo, a lo mejor no con los demás, con las normas establecidas pero si conmigo.

En el programa de “Mi nueva Yo” de Claudia Delgado, que también estoy siguiendo, “me permito” es una frase y una acción que está presente desde el minuto 0. 

Me permito.

Ella lo dice de una forma bella que he querido ilustrar en la imagen que vemos debajo. 

Y es una gozada escucharnos a las integrantes del grupo decir que nos permitimos esto o lo otro – que obviamente no hacíamos antes – y no solo no pasa nada sino que todo va mejor. ¡Ole esas mujeres lindas!

palabras de Claudia que todas las integrantes hemos hecho nuestras

“me permito ser felizmente imperfecta” 

porque ese asumir “la perfección” para ser aceptada, querida, reconocida… es lo que nos ha llevado a no estar en paz. En aceptado, querido, reconocido… ja, ja, también funciona. 

Me permito

no dar explicaciones de mis actos

levantarme tarde a pesar de lo mucho que “tengo que hacer” ja, ja

ser lo que deseo ser a pesar del miedo

no hacer lo que no quiero hacer sin sentirme culpable

decir sí cuando así lo deseo a pesar de no seguir las normas

decir no cuando lo propuesto no vibra conmigo

irme cuando mi alma no quiere estar

quedarme cuando mi espíritu me lo dice aunque parezca que no debería

jugar otros roles que los habituales….

y algo muy importante: me permito sentirme triste, alegre, rabiosa… si así lo siento, me permito sentirlo para trascenderlo y no como me dijeron para superarlo. 

ME PERMITO 
SER AL COMPLETO

El permiso propio, decirte a tí misma las palabras mágicas de “Me permito” crean un espacio mágico interno de apertura, de vibración alta que facilita nuestro camino pues provee de tranquilidad, de paz que para empezar y como beneficio práctico primero, hace que nuestro inconsciente no se altere, no busque soluciones porque estamos en paz, no nos sentimos culpables por hacer o decir esto o lo otro. Lo cual no quiere decir que hagamos cualquier cosa. Quiere decir que nos permitimos ser, hacer, sentir de todo, incluso aquello que no nos permitían en casa, en el clan, en el cole, con nuestra pareja… y que está en coherencia con nuestra alma. 

Recuerdo conversaciones con amigas hace años que me decían: “ay, es que yo no le dejo ir de cena” o “yo no le permito que vaya a ver los partidos al bar”… y yo me quedaba flipada. Al revés también funciona, ja, ja. 

Por eso, viajeros de luz, la propuesta de hoy para todos es “ME PERMITO”, jugar con lo que venga detrás porque la necesidad de no permitirnos X es la de encajar y esa no es nuestra, es la del colectivo, la del clan y sus creencias, la social. Una de las consecuencias más rápidas es que si me permito… soy más proclive a no prohibir, a no juzgar, a permitir al otro, los otros que sean. Y eso es todo un regalo. 

Y como el Universo es así de generoso, según empecé a escribir, me acordé que ayer terminé de ver una peli donde justamente los protagonistas se permiten – con miedo, claro pero igual – hacer lo que sienten y cómo les va. 

La voy a compartir también porque es lindo ver que se puede, tus células también lo ven y cuando quieras permitirte algo… ellas ya saben que se puede. 

Gracias, viajeros de luz. Un placer. 

Buen camino de permisos. 

Estaremos encantados de que nos cuenten los permisos que se han dado y cómo lo han vivido. ¿Se animan? Sería super nutritivo para todos. 

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