POR FIN, CORRES LIBRE, QUERIDA LAIKA

He buscado y buscado entre las fotos que la he ido sacando pero en todas estaba atada y con cara de tristeza – cuando coincidíamos en su rato de asueto… corría tanto que no pude nunca sacarle algo interesante.  He elegido una en san google como su representante y en libertad para no perpetuar su pesar. 

Conocí a Laika el año pasado por ahora. Ha sido una mastina preciosa, noble, cariñosa, fuerte: me encantaba verla, tan grande, mover el rabo de alegría cuando ya nos veía acercarnos. Me encantaban menos sus ladridos aunque sé que hacia nosotros siempre eran de alegría “ya vienen, ya vienen”… su rabo moviéndose no miente, ja,ja. 

Tuvo mala suerte – o no, vete tú a saber – tocarle un dueño que no supiera cómo permitir a sus perros vivir en libertad a pesar de estar en un espacio libre libre.  Conozco al dueño desde hace más de 20 años y ya entonces tenía siempre atada a una mastina recién traída de León y que se parecía al perrito del anuncio de Scotex ¿se acuerdan? Con los gatos nunca pudo, ellos entran y salen, van y vienen sin problema. Todavía existe una gata que conocimos entonces, hace 20 años. Es un placer verla. 

Hacía mucho tiempo que no íbamos asiduamente por allí pero el año pasado limpiamos un trocito de ese bosque que en su día adquirimos y al que, por razones múltiples, no habíamos ido mucho en los últimos años. Y cuando comenzamos esa tarea de limpieza que compartí con ustedes en alguna ocasión, conocimos a Laika y a otro mastín grandote que también estaba atado, con la función de guardar una huerta y unas gallinas. Eran macho y hembra así que tenían sus necesidades cubiertas y asistir a alguno de sus “enganches” como dicen los lugareños era digno de ver y era en vivo y en directo. ¡Ya quisiera una película! 

Nosotros jugábamos con ventaja pues tenemos alma de “perro” los dos, el Finder y una servidora, y así ellos nos huelen y enseguida entran a jugar, la relación se produce con facilidad. Ja, ja, según escribo esto, recuerdo un día que mi madre cuando hace algunos años vivíamos un poquito más allá en ese mismo bosque y viendo cómo venían a recibirnos dos perrazos grandes preciosos que vivían en la casa, me decía “hija, qué bien se llevan los perros con vosotros” con tono que traía añadido o como un poco de envidia – o como desesperanza, ja, ja.. te llevas mejor con los perros que con las personas… o eso oía yo en aquel momento. 

Y si bajábamos andando por el camino, sabíamos que nos había olido porque empezaba a ladrar “ya vienen, ya vienen” sabiendo que normalmente le llevábamos huesos ricos, comida de la que cocina el Finder que es tan rica que a veces he visto a esa perra o a los gatos mirarnos como si dijeran “uau, y esto ¿que es tan rico?” Y después, en el ratito de asueto, corría como lo que es, feliz sin un mal gesto hacia la persona que la tenía atada todo el día. ¿Master? ¡master y pico! 

El señor-dueño la “guardaba” por la noche o en días de mucho frío como ha hecho este invierno, en una medio cabaña que en su día había utilizado para otro tipo de animales pero que era mínima para una perra como ella. El otro mastín que la acompañaba y con el que mantenía relaciones asiduamente se fue hace unos meses: algo le pasó en una pata y se fue en un plis-plas. Nosotros, en nuestro suponer, pensamos que ahora los “celos” serían diferentes. Y por lo que dice el dueño, Laika estaba en celo y seguramente quiso salirse, se enrolló con la cadena y final. 

Cuando lo supimos ayer, en principio me sentí triste pero dos minutos más tarde la sentí liberada: “por fin corro por el bosque como tú me has visto a veces”… parecía decirme con ayuda del sonido del viento en los árboles. 

Así que no he podido resistirme a celebrar con ella y compartirlo con ustedes, su libertad sin condiciones. La libertad de una perra mastina, noble, cariñosa, con unos ojos de miel generosos y unas patas que te podía tirar de una alegría según te veía llegar y bajabas a acariciar su cabeza. Nunca la ví hacer un mal gesto. 

Gracias hermoso ser, estoy segura de que en breve, cuando me lleve mi tiendita para quedarme a dormir en medio de ese bosque, te vendrás conmigo a cuidar de mí por la noche que bien sé que querías hacerlo el año pasado pero no te era posible físicamente. Ahora eres libre de ir donde quieras y aunque seguro te vas a pasar el resto de la existencia corriendo en tus sueños  también sé que rondarás por allí con cualquier excusa y la de cuidarme es una excusa maravillosa que yo agradeceré de corazón. 

Y gracias por el regalo infinito de recordarme la importancia de vivir cada segundo, de no dejar para atrás porque pensamos que “mañana estará ahí”. Pues a lo mejor no. 

Feliz viaje, Laika. Por fin, LIBRE. Corre, recorre ese bosque que te rodeó durante tu vida y que no conocías por impedimento “legal”. Ahora puedes, no te cortes. 

Gracias, viajeros de luz, por la oportunidad de compartir algunos “detalles” que nos hacen vibrar. 

 

2 comentarios en “POR FIN, CORRES LIBRE, QUERIDA LAIKA

    • Gracias Pilar, así lo siento yo. Para mí era todo un honor sentirla feliz al verme y ahora la sigo sintiendo cada vez que paso por su lugar. Los seres libres – aún en cautividad – siempre son un ejemplo para practicar nuestra libertad.

      Un gran abrazo

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