DAR LA BIEN-VENIDA A LO QUE PENSAMOS, SENTIMOS, HACEMOS…

En estos días por alguna razón he escuchado varias charlas de Sergi Torres. Hacía mucho que no le escuchaba y ha sido como un intensivo. 

En los últimos talleres incluí también una meditación de él que escuché en you tube – adaptada a mi forma, claro, pero con esta idea que me maravilló y vengo a compartir.  De adolescente y todavía, ja, ja, he sido rebelde, rebelde, así que a mí también me venía al pelo. 

Claro, como tenemos tanta información, tanto abordaje, tantos recursos… se van solapando unos con otros. Estos días, que la Vida me ha regalado de nuevo para seguir auto-indagando, he vuelto a lo simple, a lo sencillo y mira tú me he encontrado de nuevo con esta actitud que vendrá de perlas en la vida cotidiana – sobre todo a los “mentales”, ja, ja. 

DAR LA BIEN – VENIDA

Uau, el solo gesto de pensarlo, de hacerlo ni te cuento, te expande el pecho, es un movimiento de apertura. Adelante, eres bien-venido, bien-venida

Dar la bien-venida a lo que pienso, a lo que siento, a lo que digo … genera paz, naturalmente, sin hacer nada más ni esforzarte nada más.Dar la bien-venida a lo que escucho, a lo que veo, a lo que tengo… Dar la bien-venida

Es muy gracioso porque leemos, escuchamos… muchas veces que hay que aprender a decir que NO. Uy, lo hacemos más de lo que pensamos, solo que no nos damos cuenta que estamos diciendo no a un ruido que escuchamos, a unas palabras mal-sonantes que escuchamos o que nos dicen… decimos no a personas, a hechos, a vivencias que nos pasan y de las que renegamos, nos quejamos… 

Cuidadín, ja, ja, que enseguida sale la frasecita de “entonces, ¿nos tenemos que resignar?. No, dar la bien venida no significa resignarte. Significa que te abres a recibirlo, a vivirlo … y después a soltarlo (este último paso, soltarlo, es fundamental, ja, ja). No quieres quedarte con ello, lo sueltas, dejas de focalizar en ello. 

Cuando te emberrinchas con un ruido, por ejemplo, y lo sé muy bien en propia carne, lo único que consigues es un berrinche (con todo lo que eso conlleva a nivel orgánico, químico, bio-químico, emocional…), un berrinche que además no acaba con el ruido, él va a su bola y terminará cuando sea y más, con el berrinche lo escuchas con más intensidad. Si lo aceptas – no porque estés de acuerdo -, si no te niegas, si te abres a vivirlo…como si fuera magia, desaparece o casi ni te molesta. Y no puedo explicar el mecanismo porque no lo hay. Es vivir ese movimiento de aceptación cuando das la bien-venida. 

Si estás meditando, por un poner, te abres, das la bienvenida a lo que piensas, a lo que sientes… no quieres borrarlo, como si no hubiera existido. Pues sí, existió, vino a verte. Lo recibo, lo acepto y lo suelto. Y se va. No tiene nada que ver con esa lucha de “no quiero pensar”.  

Les cuento una vivencia de principios de semana. El Finder se iba a Mallorca a mitad de semana y decidimos volver a ese paraíso medio escondido que tenemos en el Valle de Batuecas, a bañarnos en ese río divino. Ya habíamos salido un pelín tarde, para mi gusto ja, ja, y cuando empezamos a pensar en dónde comer lo que llevábamos, riquísimo por cierto, ya estábamos en una zona más cálida que la sierra donde hacía una temperatura estupenda para mí, sin llegar a 30. Yo iba conduciendo e iba pensando que los lugares que había para comer ya estaban fuera de esa zona y seguramente haría bastante más calor.

Personalmente el calor extremo me pone (o mejor ponía) nerviosa. En cualquier otro momento me hubiera empezado a mover por dentro – “yo no quiero pasar calor, jolín si hubiéramos salido antes….” todo ese diálogo interno que casi ni tomamos en cuenta y que va a ser el que ponga en marcha todo un sofisticado sistema bioquímico que se va a traducir en emociones, en sensaciones… en este caso nada placenteras, más bien teñidas con rabia, con poner barreras a algo… es un movimiento no expansivo, no hacia adelante, es como si fueras frenando, no quiero, no quiero… 

Entonces, pensé: momento perfecto para aplicar esa actitud de dar la bien-venida y así lo hice: empecé a sentir que me abría a recibir el calorcito, en el Universo no hay error, así pues si ahora toca calor, lo voy a vivir, voy a abrirle la puerta y brindarle mi bien-venida. 

¡Según lo iba pensando, incluso sentía que me hacía más alta, como que me estiraba en el asiento! Es un movimiento de apertura que se produce naturalmente, yo no lo fui a buscar. Doy la bien-venida al calor. 

Fue mágico, hacía calor, claro que hacía calor, pero yo estaba tan pichi. Mental como soy estaba atenta a las sensaciones, a lo que sentía. Me sentía bien, plácida. Casi no me lo creía, ni creo recordar que lo comentara por si se deshacía el hechizo de esa placidez, ja, ja. 

Así que con esa vivencia en el cuerpo y en el alma, seguí dando la bien-venida a todo lo que fue llegando en el día y es genial porque me dí cuenta que si lo hago, que si doy la bien-venida a lo mío,  lo vivo y lo suelto es mucho más fácil dar la bien-venida a lo que me llega de fuera. Sin esfuerzo. 

Por ello, hoy les vengo a proponer esta actitud de dar la bien-venida. Para los que temen que les lleve a la resignación, les sugiero que lo vivan primero. No sabemos lo que vamos a sentir hasta que lo vivimos, por mucho que nos guste hacernos cábalas así que paso primero; vivimos esa aceptación que conlleva dar la bien-venida y después ya veremos que viene después. 

Gracias, queridos viajeros de luz, por esta nueva oportunidad de compartir-me. 

Gracias, gracias, gracias. 

Buenísimo, voy a descargar esta imagen de la plataforma donde la había creado para subirla aquí y me encuentro con esta cita de Nelson Mandela: 

Parece imposible hasta que lo haces

¡Tal cual!

Entonces, hagámoslo y dejará de ser imposible. 

Deja un comentario