¡APLICÁNDOME… EL CUENTO! GRACIASSSS

Las prácticas de las bonitas teorías, La Vida, te las pone cuando menos te las esperas y, al menos en mi caso, primero, en terrenos conocidos.  Es como que casi siempre nos ponen las prácticas en casa, en nuestro terreno, con lo de cerca, con lo de todos los días. 

Hace unos días, un hermano de madre, ya el único mayor que queda, hizo un ictus. Lleva unos días en el hospital, ahora para rehabilitación de secuelas. Y esta mañana que fuimos a un mercadillo cerca de su pueblo, a buscar uvas ricas, el finder y yo reflexionábamos sobre la imprevisibilidad de la vida, en que posiblemente ya no volvería a casa porque ha dejado de ser autónomo… y claro, hablábamos de la aceptación de lo que acontece… 

Esas frases que en teoría te salen bordadas, ja, ja. 

La casa familiar que heredamos hermano y yo cuando los padres se adentraron en otras estancias cósmicas, estaba muy bien orientada – padre se lo curró porque si hubiera sido por los de la obra de la casa… ja, ja, – y podía ver salir el sol mientras desayunaba. Enfrente de la casa había un terrero grande, cultivado solo con hierba para alimentar a un caballo que vivía en él y al que yo observaba sus movimientos. Al final del terreno había otra casa, lejos, con un gran arbolado de frutales y por las tardes era una juerga y un jolgorio de trinar de pájaros varios. 

Mi padre – a decir de madre – había tenido en mente comprar ese terrero muchas veces justamente para que nadie pudiera construir delante… pero se quedó en idea.

Sabía que habían vendido el terreno – algún vecino me lo había dicho – y que iban a construir pero pensé, “¡anda que no tienen terreno para construir!”. No había vuelto al pueblo – inconscientemente por miedo a lo que me pudiera encontrar – hasta hoy. Después del mercadillo y de vuelta a casa pasamos por mi pueblo. De todo el terreno, habían elegido el de enfrente y al lado de la casa. ¡Ole!

¡Adiós al sol del amanecer! Se me encogió el estómago. Vámonos, le dije al finder. 

No quería llegar a casa todavía. Decidimos parar en un chiringuito al lado del río a tomar un cafecito y ya antes de llegar iba notando que el estómago encogido se iba convirtiendo en revoltijo. La sabia biología sabía perfectamente como quitarse el fuego interno generado por el no entender, por el come-come mental: para eso está la sabia emperatriz que es el Intestino Delgado – en base a la tradición oriental – ayudada por el ministro principal de desagües que es el instestino grueso. Un dispendio diarreico y ves con más luz!!! 

¡¡¡Gracias sabia biología!!!

Con esa ayuda autónoma y bio-lógica, las tomas de conciencia se han ido dando – sin esfuerzo mental y sin hacer nada, mirando el azul del río y el movimiento de una bandada de patos que gozosamente pasaban la tarde en sus cosas – a la vez que me permitía el duelo, que me permitía sentir tristeza, rabia, “ay, ya nunca más…”, sentir sin reñirme y sin “echarme la charla” a mí misma. 

Sentirlo todo, es como permitir que el curso del agua discurra tal cual es. Aunque a ratos se enturbie, si le damos tiempo, llegará el agua clara. ¿Se imaginan querer quitar el agua turbia del río cuando sucede, cuando está turbia? 

Y así, volví a conectar con la reflexión primera sobre la imprevisibilidad. Damos las cosas, las personas, los tiempos, los aconteceres… por contado. La mayoría de las veces sin ni siquiera disfrutar las cosas, las personas, los tiempos, los aconteceres… y no te cuento agradecerlos. 

Y así conecté con la aceptación …bueno, más bien con la “falta” de aceptación que había sentido con ese asunto… y con otros. Y sentí, como recuerda con humor Sergi Torres en sus charlas, mi yo chiquito que se rebelaba por dentro “pero, qué quieres decir, que tenemos que tragar con todo?” Es gracioso el lenguaje que emplea ese “yo-chiquito” “tragar con todo” ja, ja, ¿quién había dicho eso?” Me reí yo misma cuando me oigo contestar por dentro “pero ¿tú has aceptado la situación ya? No, ¿no? pues entonces, no hay más que hablar hasta que eso se dé”. 

Y sorprendida me apoyé en la silla, ja, ja, ¡así se habla!

Y se me empezaron a caer las fichas de oportunidades que me había dado la Vida para practicar la aceptación y yo…que no. Y mientras pasaban por mi mente las imágenes, a la vez, me sentía en paz con ello, con no haberlo aceptado hasta ahora. Por casi primera vez no me reñía, no me justificaba, no me juzgaba. En esos momentos no sabía más. 

Gracias.

 

Y ya ven ustedes que estamos hablando de una nimiedad si tenemos en cuenta otros aconteceres imprevisibles a vivir, así de repente, sin avisar,  como una muerte, una enfermedad, un accidente… Y sin embargo, la energía es la misma. La de no aceptación es la misma, en pequeño o en grande, por eso – creo – la vida siempre nos propone jugar, practicar,  en casa, en nuestro terreno, en lo pequeño… para no tener que recurrir a ligas más grandes. Y la de la aceptación también, igual en grande o en chico. Es un movimiento de apertura, se nota incluso como que la panorámica de visión se abre, como si de repente te quitaras las “anteojeras” que te mantenían fija en mirar de una forma sin ver todo el panorama. ¡Es un alivio! 

No significa que estás de acuerdo, que te gusta, que … significa que aceptas lo que está sucediendo, no reniegas, no te resistes ni pataleas… te abres. 

¿Qué viene después? Ni idea. Ya lo viviré. (¡qué alivio!)

Y entonces, mientras todo eso se estaba produciendo dentro, a la vez sentí gratitud por la cantidad de amaneceres disfrutados desde la ventana, o desde la calle, con fresquito, todo el mundo en sus casas y yo allí gozando de verle aparecer e iluminarlo todo. Y sentí gratitud por la cantidad de veces que mientras escribía sentada a la mesa, seguía con interés los movimientos del caballo, los pájaros y .. Y me dí cuenta de que todo eso, YA lo tenía dentro, que podía traerlo a mí sentir y a mi mente cuando así lo considerara. 

Hasta aquí lo escribí ayer y me fuí a la cama tan feliz y contenta, en paz conmigo y con el asunto. Se ve que el inconsciente pensó otra cosa porque a las 3 de la mañana me desperté con “el asunto” en la mente, ja, ja. Apliqué varias herramientas de las que “funcionan” – en este caso hice el círculo luminoso del curso de Clau y me presioné las barreras – tanto externa como interna – que utilizamos en medicina china. Ummm, qué rico el sueño de después… hasta las 9! y una servidora se levanta normalmente a las 7 o así. 

Bien, vamos bien. Dormir bien es una señal magnífica de que el sistema de resolución, el vagotónico, funciona y de que el conflicto ya lo es menos. 

Gracias infinitas al Universo por todas las herramientas que en el camino hemos ido recogiendo para aplicar a otros y a uno mismo. Ayer una amiga me agradecía un recurso que surgió en una consulta con ella porque la había aplicado y había salido de un bucle mental mucho más facilmente. ¡Gracias a ella por aplicarlo! Ya puedo saber yo muchas herramientas que si no las utilizo… ja, ja… no funcionan. Así que también me agradezco  haber aplicado las que sé. Un gusto y un honor. 

 

 

4 comentarios en “¡APLICÁNDOME… EL CUENTO! GRACIASSSS

  1. Un gusto y un honor para nosotras leerte y con tu ayuda recordar herramientas que tenemos en situaciones similares que se nos presentan cada rato.

    Sentimos lo de tu hermano y el si que necesita entender y asimilar el cambio de vida que con tu ayuda será más fácil.

    Gracias Cruz, un fuerte abrazo.

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