YO NO SOY ESA… ja, ja…

Buenos días, viajeros de luz

Han sido días tan intensos de vivencias, sensaciones, revisiones… que no he tenido un ratito de ponerme a compartir con ustedes.

Normalmente en este espacio suelo compartir herramientas y recursos que otros – grandes, o al menos yo los veo más grandes que yo – han aportado, yo he aplicado e integrado y se lo transmito a ustedes.  Hoy, sin embargo, vengo a compartir mi propia experiencia que seguro que resonará en algunos de ustedes.

Ha salido un pelín largo, ja, ja. Relatar un proceso requiere su espacio. 

Hace ya como un mes hice una consulta de registros akásicos. Para mí esa consulta fue fundamental pues me dijeron claramente cuál era mi don y mi misión. Y también cuáles habían sido mis bloqueos y mis zancadillas hasta ahora. Eso es un regalo maravilloso: que desde la Fuente te digan a qué has venido te aporta una paz y una tranquilidad que no conocía.

Vale, ahora ya sé. Ahora ya no tengo que volver a preguntarme si lo que hago es lo que he venido a hacer por ejemplo. Ya está. (Aunque el yo chiquito hace lo que puede para que te olvides y sigas con el run run habitual de “qué estoy haciendo, para qué…”)

Y para hacer lo que he venido a hacer me dijeron que lo primero y fundamental era LA VALORACIÓN DE MI MISMA.

Ahí dieron en el punto clave de mi vida, ja, ja.

Yo he sido una atrevida, me he lanzado a cosas nuevas, me he retado constantemente… y sin embargo era una locura porque por debajo, por dentro, por detrás… había una voz, había una presencia de vigilancia continua que no me dejaba en paz. Era esa voz “busca fallos” que durante y después de un curso dado por mí, por ejemplo, me relataba todo aquello que había hecho mal… derivando en angustia, en pesar, en… vibraciones poco aptas para la Vida Plena.

En esa consulta de Registros, me dijeron también que EMPEZARA YA, que no había más ná que preparar, que ya estaba preparada, que diera un paso y el camino se abriría delante.  Y allí mismo, en esa consulta con Charo Pérez, decidimos ambas dar ese paso y comenzar un espacio en vídeo que llamamos Entre tú y yo – para todos en el que compartimos recursos y herramientas sencillas y muy potentes a la vez, para este caminar creciendo. Hace tiempo abrí una página de Facebook que titulé “El despertar de la Crisálida (estaré encantada de tenerte por allí) que estaba prácticamente inactiva y fue allí donde decidí compartir – en primera instancia – esos vídeos con Charo Pérez. El proceso de transformación de un gusano en mariposa siempre ha sido algo que me ha fascinado y que me dio la idea de las “Cuarentenas” como tiempo imprescindible de transformación para salir a una Nueva Vida, ahora volando como una mariposa. Esa fascinación que digo me llevó a comprender y asumir el tiempo de gusano. Una mariposa no podría ser si antes no hubiera pasado por gusano. Y eso te ayuda a valorarte en tus pequeñeces, por ejemplo.

Bien, pues así empezamos a hacernos visibles. Ja, ja, el tema de la visibilidad, de la exposición es fantástico para sacar muchas de nuestras sombras.

Y así fue. Cada vez que nos reuníamos y grabábamos y luego me veía… era todo un cuadro de emociones encontradas, emociones de baja frecuencia todas.

Y como he sido un poco excesiva para casi todo, no me conformé con eso sino que propuse a un grupo de compañeros de camino que nos hiciéramos entrevistas en las que “nos contáramos un poco nuestra vida” para conocernos, para…

Y empezamos también. Uau, ha sido un no parar de grabar – con todo lo que lleva de historias tecnológicas que no controlo, ja, ja, -. Y también ha sido un no parar de juzgarme, de criticarme, de des-valorarme, de … (no sigo, ja,ja)

Además, para que el proceso ya fuera de master, el sábado pasado hice mi primer taller on line. Era sobre Proyecto Sentido, que es un tema que me encanta porque es un tiempo fundamental para precisamente nuestra futura expresión propia. Había decidido que iba a ser un taller en intimidad – para probar todos los cachivaches – con personas que me conocen y que ya han hecho talleres presenciales conmigo. Todo en orden, todo sin presión. No había nada que temer.

Y sin embargo, a los 5 minutos de haber terminado ya estaba la vocecita “busca fallos” diciendo de tó menos bonita. Toda la energía se fue al suelo – ¡y ahora levántala, ja, ja! –

Hasta ahí los hechos.

Durante la preparación de cualquier taller se activan – o al menos a mí se me activan –  programas e historias varias. Y con toda la historia de exposición en esas grabaciones, andaban activos unos cuantos en mí. Y había tomado conciencia de una frase que me repetía – por debajo – mientras que estaba hablando en un taller, por ejemplo. Esa frase era: “A VER QUÉ HACES”

Cuando la oí de verdad, cuando tomé conciencia de ella fue como que se hizo de día. “A ver qué haces”. Y recordé que era una frase que mamá me decía cada vez que me iba de viaje, cada vez que iba a una fiesta, cada vez que … siempre. Y recordé cuando había empezado.

¡¡¡Uau!!! Esa frase – para mí y para ella – tenía un “trasfondo” sexual. Un trasfondo que venía de una historia vivida a mis 10 añitos – precoz que fue una en ese momento – y que podía perfectamente haberse vivido con risas y sin embargo se vivió como tragedia. Y no solo eso sino que marcó un punto de no retorno para papá, mamá y yo que entonces éramos los integrantes del núcleo familiar.

A esa edad, en el pueblo donde vivía, habían empezado las escuelas mixtas y yo me había “enamorado” de un niño de la clase y él de mí. Algo maravilloso. Un día que papá trabajaba y mamá estaría de compras o lo que fuera, ese niño y yo quedamos ¡en mi casa! Y mientras que estábamos demostrándonos ese amor primero – besitos y prau, ja, ja – llegó mamá.

Recuerdé perfectamente el revoltijo en el cuerpo, el miedo, el “ay, dios mío, y ahora ¿qué hacemos?”. Y no solo lo recuerdé mentalmente sino que lo recordaron todas mis células así que al loro con los recuerdos porque sin querer llenamos nuestro ser de la misma química que en ese momento había.

Imaginen la escena, ja, ja. El muchacho se fue como en las películas, corriendo y yo me quedé en casa frente a mamá que me decía de todo. Sin embargo, lo peor quedaba por llegar.

Yo ni había podido comer ni dejar de pensar en el momento en que llegara papá. Y temerlo claro. Ja, ja, el tiempo no paró y antes o después se abrió la puerta y allí estaba papá.

A día de hoy ya sé lo que pasó realmente – mamá me ofreció el regalo de contarme su vida unos días antes de morir – sin embargo entonces yo solo era una niña de 10 años, precoz seguramente para casi todo, con mucha vitalidad… que de repente se vió inmersa en un juicio sumarísimo. El veredicto y el proceso para ese veredicto fue catastrófico – por lo que fuera – para mí como niña inocente y para ellos como padres sufrientes pues el veredicto decía culpable sin posible fianza, sin posible nada.

Y ahí fue donde encontré el origen de esa frase que me acompañaba en mis expresiones tanto en lo laboral como en lo relacional y que mencionaba antes. Mi padre – ahora sé el por qué y lo comprendo desde el alma – me llamó algo que es impropio de una niña – y que durante toda mi vida me había preguntado cómo un padre puede llamar eso a una hija de 10 años – y me informó que me hiciera a la idea de que él ya no era mi padre. Y añadió – eso lo he visto esta semana – tú sabrás lo que haces, pero que sepas que te estamos vigilando”.

Cuando me formé en Biodescodificación en Barcelona esta escena ya la había revisado y sin embargo nunca había salido esta frase.

Una frase que me explicaba muchas de las sensaciones vividas por mí durante talleres, durante mis clases de español cuando era una estupenda profesora y sin embargo cada día medio me moría de miedo. Y era porque desde ese momento en el que fui excluida del clan – así lo vivió la yo niña de 10 años – estuve en vigilancia continua con la certeza – por su parte – de que antes o después la volvería a fastidiar.

¡Bingo! Esa era la sensación:

A ver qué haces, a ver qué dices porque antes o después confirmaría el veredicto de culpable de nuevo.

Y como eso fue así desde entonces… no “me permití” expresar en mi núcleo familiar – casi nunca – mi verdadera identidad. Por miedo, claro, por miedo a no pertenecer, a que no me quisieran, a que me dejaran sola. Eso lo sé ahora. Entonces, solo me aislé, por una parte y me convertí en una rebelde por otra. Enredos, desórdenes… de tó.

Y así el año pasado en el programa de Saúl Pérez, una de las preguntas de auto-indagación era: ¿Quién eres? Y yo me sentí paralizada y no supe que contestar. Claro, ya sabía que todo lo que era el nombre, la profesión… todo eso no era, así que ni empecé por ahí. Sin embargo, desde ese momento supe que saber quién era iba a ser mi “master” particular.

La Vida, siempre atenta a nuestras necesidades, me ha puesto maestros geniales para ese master, como Esperanza Castelló – www. esperanzacastelló.com – que en su blog, en sus conferencias últimas y en el curso último que ha aportado al mundo – ha insistido en el tema de la identidad, en los roles jugados, en qué lugar ocupábamos en ese núcleo familiar… Y cuando fue desgranando las claves para saber si vivimos en un conflicto de identidad… yo sentí que me había visto por dentro.

¿Quién soy? ¿Qué lugar ocupo en mi familia? ¿Qué lugar ocupo en mis relaciones? ¿Qué hago haciendo lo que hago? ¿Qué es lo que me apasiona?..

Al ir contestando a todas las preguntas, volver a revisar esas situaciones que generaron todo este enredo y conflicto de identidad que yo tapaba con una personalidad muy fuerte y con mucha actividad a ratos y con morirme de miedo y estancarme a otros… tomé conciencia – bendito regalo – que todo eso que me dijeron unos y otros sobre lo que yo fundamenté mi máscara y mi sombra… era MENTIRA. Me lo decían no porque quisieran fastidiarme – que era lo que pensaba de adolescente con los colaterales de desorden de jerarquías que se formaron – me lo decían por sus propios programas.

Era su percepción – por sus propios enredos, por sus propios programas, creencias heredadas también… – no me veían a mí, no era sobre mí, era sobre ellos. Y yo me creí todos los adjetivos (aunque me rebelara), mi inconsciente los tomó como los primeros ladrillos de mi Idea de mí misma. ¡Y la líamos parda, ja, ja!

La teoría ya me la sabía antes… sin embargo, ahora tomaba conciencia. No es lo mismo. Lo primero – la teoría – no transforma. Lo segundo, tomar conciencia, inicia el camino de esa transformación.

“Yo no soy esa que tú te imaginas” 

que decía la canción de Maritrini. Así es.

Todos esos adjetivos que fui escuchando sobre mí en ese tiempo de hipnosis de la niñez y después,  configuraron mi “yo-chiquito” que no permitieron expresarse a mi YO ESENCIAL.

Cuando tomas conciencia de algo, parece que el Universo tiene a bien ponerte una situación de la prueba del 9 que le llamo yo. Vale, has tomado conciencia. Vamos a comprobarlo. Y de repente vives una situación que es como la definitiva para pasar página y dedicarnos a otras cosas o volver al punto de inicio, ja, ja.  Ahora ya sabes que eso que creías de ti – todo pequeñito – no es verdad. Ahora toca expresarse desde tú yo Pleno y Auténtico.

Y así, el domingo pasado nos encontrábamos digitalmente – viéndonos todas y con capacidad de interactuar en vivo y en directo – un grupo de mujeres fantásticas y creciendo juntas. Todo genial.  Nada más terminar la reunión, la bendita vocecita (de la que ya había tomado conciencia) me empezó a tararear su canción favorita: “mira lo que has dicho” “mira cómo lo has dicho”…. Y empecé a sentir mi cuerpo: oleadas de cortisol supongo, miedo, mira has hablado muchísimo, ay, a ver qué van a pensar….

Al irme a dormir, muy nerviosa todavía, sabiendo que eso que sentía no era la realidad, lo entregué a la Vida. Nerviosa porque cuando el programa se activa, resuena con todas esas emociones vividas en otras ocasiones.

A la mañana siguiente hice un vídeo para el grupo expresando lo que sentía, lo que había pensado y por lo tanto sentido. Me expresé vulnerable. Me expresé sin querer ser otra cosa.

Y fue maravilloso porque fue hacerlo y aceptar. Y al aceptar llegó la paz. Y durante el día me fue llegando el feedback de ellas, de cómo me habían visto ellas. Benditas sean. Y cómo me habían visto no tenía nada que ver con esa vocecita que me torturaba.

En un momento dado tuve la sensación de que había estado confinada dentro de una vasija de barro, empequeñecida y que de repente, esa toma de conciencia fue como un golpe que rompió la vasija y me permitió levantarme y verme en mi grandeza. Grandeza que compartimos todos, por cierto. Grandeza que no tiene que ver con sentirte más que otros tampoco. Grandeza de ver que soy arte y parte de esta Fuerza que Crea, Sostiene y Entretiene.

Desde entonces, estoy inmersa en una efervescencia celular, ja,ja. Van apareciendo sensaciones que están enganchadas a situaciones y adjetivos… y siento: es mentira. Y sigo en efervescencia, sintiéndome feliz.

Ayer grabé otro vídeo para un grupo de mujeres e hice una entrevista a Charo Pérez  sobre flores de Bach – dentro de ese espacio de “Entre tú y yo – y la vocecita no apareció. No solo no apareció sino que me encanté y me encantó. Me ví en aprendizaje, claro, hay mucho que aprender siempre, pero ya sin juicio, sin crítica, sin des-valorización. Me ví bella por dentro y por fuera.

Gracias infinitas a la Vida que no es cómo queremos sino como es para crecer. Gracias.

Saber quién eres de verdad y expresarte desde ese YO ESENCIAL que somos cada uno es el primer paso para crear la Vida a nuestra medida, para crear una Vida Plena y con Sentido, para crear nuestra propia realidad.

Yo me había saltado ese paso siempre, seguía haciendo y haciendo como para demostrar, como para que me reconocieran – papá y mamá – y eso nunca llegaba, no porque no quisieran sino porque no podían pues ellos mismos no se habían reconocido, no sabían de su verdadera identidad.

Y cuando alguien me decía “se tú misma” – qué bonita frase – me ponía a temblar porque sentía que ser yo misma era peligroso, me traería problemas y además no tenía ni idea.

Gracias a todo este revuelo de exposición en vídeos, de juicios continuos contra mí misma… fue saliendo poco a poco todo el entramado en el que había sustentado mi expresión limitada.

Yo felizmente agradecida por todo ese proceso que había desembocado en la certeza de que todo aquello que creía de mí… no era yo. Ahora toca re-construir. Que en realidad no es hacer algo, es permitir que brote lo que ya estaba, lo que ya era y sin embargo había ocultado en sombras, en máscaras.

Este año es el del cerdo en la cosmogonía china, un ser que se expresa en goce, se revuelca en los charcos… disfruta. Cuando no sabes quién eres… ni puedes disfrutar.

Hoy elijo permitirme fluir en el disfrute oceánico que la Vida nos propone. Todo depende de nuestra mirada. Todo mi enredo partió de una mirada de drama… ahora toca practicar mirar  – e insistir – (aunque los sentidos te den la información de siempre)  de otra forma.  Digo insistir porque el “ego” se las sabe todas para volver a armar el tinglado. Sin embargo, si lo pienso honestamente es solo una decisión. Una decisión propia, depende de mí solamente. La tomo o no la tomo.

La tomo. ¡Brindo por los cerditos disfrutones! ¡Me apunto!

Gracias, gracias, gracias.

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