Buenos días, viajeros de luz

Hace ni se sabe el tiempo que llevo sin publicar. Y no es por tiempo, que también, porque ya vemos que vuela… sino porque no se han dado las “cualidades” en el espacio tiempo y en mi ser para ponerme a escribir y compartir.

Explicaciones me puedo montar un montón porque de hecho he andado de zascandila de acá para allá y en esos tiempos como que la energía está a otra cosa, a adaptarte a los lugares, a los ritmos, a lo que sucede entre medias. Sin embargo, me voy a permitir no justificar-me. Qué ya va siendo hora. Ja, ja, me parto de risa cuando comienzo una conversación con alguien y ella, él o yo comenzamos con una justificación. Con mis amigas del alma ya nos hemos dado el permiso de no justificarnos y de recordarnos con amor “eh, no necesitas justificarte. Está bien. Te quiero igual”.

El caso es que hoy mientras me secaba cuidadosamente después de ducharme recordaba un ejercicio que hicimos ayer en una sesión con Claudia Delgado en su programa de Mi Nueva Yo. Ella lo llama “la danza de la auto-empatía” y ya escribí una entrada al respecto

https://ellamentonovieneacuento.com/2018/06/10/la-danza-de-la-auto-empatia-des-velando-la-necesidad-que-hay-detras/

Este tipo de herramientas es super potente y muy eficaz porque el inconsciente no reconoce la diferencia entre pasado, futuro… todo es presente. Tampoco reconoce la diferencia entre lo real y lo imaginario. Entonces nosotros también podemos jugar como lo hace él.

En esta ocasión me gustaría compartir la práctica en “lo mío” por si sirve para “lo de todos”.

Para los que se han formado en Bio – ya sea biodescodificación – bioneuroemoción – bioevolución… – les resultará familiar pues se parece mucho al camino al inconsciente. Sin embargo, para mí y en esta ocasión en particular, he elegido la herramienta de Claudia porque la utilizo muy a menudo y me ayuda a clarificar, a ver claro:

  • Primero: a ver los hechos como si estuviera describiendo una fotografía. ¡Y vive dios que la mente intenta explicar, justificar! La clave para el acompañante o para uno mismo si lo estamos haciendo en “auto”, es acompañarte a volver al modo “fotografía”. Si hubieras sacado una fotografía en ese momento, ¿qué verías? Esa es la pregunta para que la mente no devanee.
  • Segundo: a ver la necesidad detrás de la emoción que estoy sintiendo.

Y eso es un regalo. Y un regalazo para la vida en relación.

Se lo cuento con al menos un ejemplo – propio – .

Hace unos días vino a casa un amigo y así estábamos 3 en la salita: el Finder, ese amigo y una servidora. Yo me acababa de hacer un cigarrito y justo lo había encendido. Este amigo que llega a casa, se sienta y me dice: “¿me das una calada?” y yo le dije: “No, me lo acabo de encender, espera un poquito y cuando toque, te toca” (aclarar que en casa fumamos los cigarros a medias). El Finder que estaba también allí dijo: “ay que ver qué mala, qué carácter”.

Y ahora vamos allá: Si me quedo enganchada a las explicaciones, a lo que me dice la mente,  – y ahora lo comparto – no salgo del bucle con el consiguiente revoltijo emocional.

¿Cómo sería la forma de hacerlo… fácil y que nos permita hacerlo a nosotros mismos?

  1. Con esa situación en mente, cierro los ojos, respiro y me siento en la situación. Solo con este movimiento de “parar y sentir” ya se despejan muchas “oscuridades”.
  2. Empezamos por la mente: ¿Qué pienso en ese momento?
    1. En mi caso tengo 2:
      1. uno para el amigo que me pide… “qué tío, siempre igual, pero si ni siquiera ha saludado”
      2. otro para el Finder: “jolín, en vez de ayudarme, se pone del lado de él”
    2. Ahora vamos a los ojos: Si tuvieras una cámara en ese momento y sacaras una fotografía, ¿qué estarías viendo?
      1. Y aquí en mi caso cuento la historia como la he contado antes pues ya había hecho el ejercicio y no he incluido ninguna trampa de la mente. Pero por ejemplo, cuando lo hagan, podrían empezar a decirse: “es que es un caradura, viene solo a …” “es que no le aguanto porque…” … lo que fuera. Todo eso son interpretaciones sobre la foto. Queremos la descripción sin más… y no crean que es poco porque esa descripción nos da muchas pistas. Para empezar nos permite salir del bucle de los juicios, de las interpretaciones y nos pone en tierra: a ver, qué pasó de verdad?
    3. Seguimos bajando: ¿qué sientes en esa situación? (no antes, no después, en esa situación)
      1. En mi caso:
        1. con el amigo: rabia por obligarme a mí a hacer el papel de “mala” solo por no usar el sentido común aunque en realidad no importó porque con él pude expresarme – independientemente de cómo lo tomara él.
        2. Con el Finder: rabia que encubría tristeza por no sentirlo de mi lado. Me sentí “traicionada”
      2. Y aquí viene la varita mágica: Y ¿qué necesidad hay debajo de esa emoción? ¿Qué necesitas?
        1. Con el amigo: en realidad no había ninguna, ya la expresé.
        2. Con el Finder: sentirme a salvo (en mi casa no me van a atacar), sentirme aceptada como totalidad.
        3. Y ahora te puedes preguntar:
          1. Y cómo puedo atender – yo particularmente – a esa necesidad?
          2. Puedo pedir algo – a alguien – para atender esa necesidad?

Y esto es importante porque el juego está en mi campo, yo puedo atender mis necesidades. Pedimos a otros muchas veces algo que podemos hacer nosotros y atender nuestras necesidades es algo que nos compete a cada uno las suyas.

¿Yo necesito sentirme a salvo? ¿Yo necesito sentirme aceptada? Pues ale, a empezar a aplicar todo lo que sé para que se dé esa aceptación, ese sentirme a salvo. (eso en mi caso y en esta situación)

Y luego, pediré – no exigiré, es decir, me pueden decir que no – a quien considere que me ayude de esta manera, de la otra manera… Sin embargo, y curiosamente, cuando yo me atiendo, cuando yo atiendo la necesidad que hay debajo de una emoción que me produce revuelo por dentro… ya no necesito que nadie la atienda por mí.

Debajo de muchas emociones de tristeza lo que hay es una necesidad de ser reconocido, por ejemplo. Pues paradojícamente, cuando te reconoces, cuando sabes perfectamente quién eres – y no tiene que ver con el nombre, la profesión… – ya no necesitas que nadie te reconozca. Hombre, siempre se agradece pero ya no es una necesidad perentoria.

¿Por qué podría ser una necesidad perentoria – antes de atenderla? Pues porque en algún momento – y sobre todo cuando era pequeña – en la convivencia familiar, en la convivencia con el clan, lo social… sentí – y me lo creí – que no me habían reconocido, por ejemplo, o que me habían traicionado…

Y es ahí donde vamos a ir después de que hayamos reconocido nuestra necesidad. Seguimos con los ojos cerrados y nos preguntamos “¿cuándo hubo otra ocasión, cuando era pequeña, en que me sentí traicionada, en que me sentí no a salvo, en que me sentí no aceptada del todo?”

¡¡ja, ja, si alguien me dice hace años que esto me va a resultar fácil me hubiera reído a carcajadas como poco!!! Pues sí, es cerrar los ojos, hacer la pregunta y ¡bingo! Allí, en la pantalla de mi mente aparece la situación en cuestión y me veo de pequeña en una situación en la que mamá, papá… (no vamos mucho más lejos, ja, ja) hizo, dijo… lo que fuera que me hizo sentir de esa forma y lo grabé y me lo creí. Lo digo en primera persona pero pueden conjugarlo en cualquiera, ja, ja.

Así que efectivamente cuando cerré los ojos y pregunté, apareció la situación y me ví chiquinina… Es maravilloso porque yo me recuerdo de pequeña por las fotos, sin embargo en esos trabajos me veo perfectamente, con el vestido que fuera, en el lugar que fuera… y me ví en una situación con mamá y después con papá en la que mamá me dejaba “sola ante el peligro”, incluso más, era ella la que provocaba que el peligro – papá en ese caso – me pudiera alcanzar. 

Y ahí es donde yo, la mujer que soy, puede actuar de forma empática con esa niña que no ha comprendido, que se ha sentido… y que desde entonces se ha quedado parada ahí con el run-run de que “no me reconocen”, “no me aceptan”, “no estoy a salvo porque en cualquier momento me pueden traicionar”.

La mujer que soy y que ya sabe quién es (ésto último es fundamental)  puede reflejar a la niña y entablar un diálogo – para mí siempre maravilloso y clarificador – que puede disolver esa sensación que se quedó congelada llevándola cargada a todas las demás vivencias posteriores. 

La mujer que soy, y sobre todo cuando habla desde el Ser Esencial,  puede ofrecer el regalo Premium por excelencia en estos casos: contarle su verdadera identidad, contarle la verdad de los hechos, contarle quién es verdaderamente… y acompañarla a sentir que atiende esa necesidad y que así nunca más necesitará que otros se la atiendan por exigencia

La práctica puede tener continuación pero con estos pasos ya haces lo más importante: salir del bucle que te revuelve por dentro y del que crees que no puedes salir. Pues sí, puedes y es sencillo. Solo que – y esto al ego no le gusta nada – es necesaria la práctica. 

En el día a día, en nuestro hacer cotidiano se dan situaciones mil para practicar. Como han visto, en mi caso ha sido algo de importancia pequeña pero si no lo hago, si no me pongo a desenmarañar la madeja… al final se hace un gurruño sólido que me impide salir del miedo, del rencor, de la falta de comprensión… y todo eso no nos sirve para una relación, no nos sirve pues me hará pasar un rato largo bajo el agua de las emociones sin expresar y se convertirán en rabia, en tristeza…que cuando finalmente salgan será en un grito, en un control, en una crítica… 

Tenemos las herramientas. Pues ale, a aplicarnos el cuento. 

Gracias infinitas por la oportunidad de compartirme. 

Gracias, gracias, gracias.  

 

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