En muchas conferencias, cursos y otros espacios de transmisión de recursos para ampliar consciencia que he ido escuchando a lo largo de este año hablan de una idea que ya se encontró conmigo hace unos años: todo aquello que vivimos, las personas con las que nos relacionamos, las vivencias que sentimos son ni más ni menos que el reflejo de nuestra propia energía para que vivamos lo que necesitamos a fin de evolucionar. Cuando nos encontramos con personas que nos gustan, con vivencias gozosas…nos sentimos bien; si por el contrario nos encontramos con personas que no nos gustan, que nos repelen o con vivencias que nos hacen sufrir… ¡ni por un momento pensamos que esa persona que nos fastidia es un reflejo nuestro! ¡venga ya!
Pues sí. Así es. Así lo veo y siento, al menos y voy a contar un ejemplo de ello que he vivido durante estos días:
Estos son dos amigos míos que el sábado pasaron el día juntos en casa de uno de ellos que vive casi en medio en el campo, en un pueblo cerca de la capital. La hierba delante y detrás de la casa nos llegaba ya por la cintura y todavía estamos en mayo por lo que decidió alquilar una cortacesped ¡esto de césped tiene poco, ya tiene otro nombre! Mientras él utilizaba la máquina el otro amigo con una pequeña hoz se dedicó a cortar y sanear una parte de la valla con enredadera que hay entre una casa y otra y conozco a este amigo, cuando se pone a sanear…pues sanea…
Como dato a tener en cuenta, decir que los dos amigos estuvieron juntos, que no es que uno hiciera algo y el otro no estuviera allí para verlo, no. Si uno no lo vió … a lo mejor tiene que preguntarse dónde estaba para no verlo – mentalmente digo.
Bien, el lunes después de comer, el «saneador» que no es otro que el mismo «buscador» me dice que va a llamar al dueño de la casa – con el que pasó el sábado – a ver qué tal lleva la obra de cortar la hierba. Le llama y el otro antes de decir «hola, cómo estás…» ni nada, dice » tío, cómo te dió por cortar toda la enredadera, no ves que me ven los vecinos» ¡estaba un poco cabreado! aunque después – el teléfono no tenía buena señal y se perdió la llamada – cuando le volvimos a ver ya había incluido el humor.
Esta es una parte del ejemplo: amigo que se «ofende» – aunque él dice que lo decía riéndose el primer tono no era de risa – un poquito con otro que hace algo que a él no le gusta -. Y no pasa nada si lo vemos porque en realidad esa pregunta «¿cómo te ha dado por…?» seguramente la ha sufrido él con su madre, sus hermanos… la bendita codificación.
Ahora viene la segunda parte: En esa misma casa viven con mi amigo unos cuantos gatos que con la hierba tan alta se tienen que adaptar porque no ven cuando vienen otros gatos… sin embargo, por otra parte tienen un montón de sitios para descansar o esconderse sin que les vean. Antes de ayer, precisamente, vimos a dos de ellos – primos – tumbados debajo de un arbusto y rodeados de espigas, de hierba… No les habíamos visto nunca allí y se quedaron un poco sorprendidos cuando les vimos, eran todo ojos, 4 ojos mirándonos. Y comentamos «mira qué bien, qué rinche más guapo tienen para ver sin ser vistos y estar agustito» Daba un gusto verlos allí tranquilos.
Pues esta tarde hemos ido a llevar de comer a los gatos: hay una madre recién parida con 5 gatitos a los que amamanta y que hoy han comido su primer arroz con pollo de su vida y estos dos que habían encontrado ese rinche tan bueno. Y cuando hemos llegado nos hemos reído con ganas: este amigo había seguido cortando solo un poco más la hierba y ¿qué era lo que había cortado? ¡justamente la hierba que rodeaba el arbusto bajo el que se ponían los dos gatos que habíamos visto el día anterior!¡Ahora les podía ver cualquier otro gato y no podían espiar a los pájaros tampoco!
Había hecho precisamente lo mismo de lo que se había quejado a este otro amigo que había saneado la enredadera. ¿No es eso un espejo?
Así es y así todo el rato, solo que vemos normalmente el espejo del otro y no el propio. Si le quitamos un poco de importancia al ego y no nos ofendemos, ¡nos reiremos de la aparente coincidencia!
Un gusto