ORACIÓN A PROPÓSITO DE LOS DONES

Gracias, maestro

Un gran regalo de la creación a través de esta oración que expresaba el Dr. Padilla en estos días en la Escuela Neijing donde la vida me regaló la oportunidad de formarme en medicina tradicional china.

No se olviden de expresar sus dones y promocionar los de los demás con los que nos toque convivir.

Gracias

LOS DONES

Se suele decir, en el argot cotidiano, que… “Este tiene el don de… cantar”. “Éste tiene el don de… arreglar…”. “Éste tiene…”
¡En fin! Los dones tienen sus excepciones, ¿no? Gracias a las excepciones se confirma la regla.

Los dones no implican din…din-eros. No. No implican. Pueden, pueden, pueden… –no es nuestro caso- producir dinero. Porque, gracias a los dones, se gestan y se generan producciones.

Y ocurre que, con frecuencia –salvo excepciones-, ¡las personas no están contentas con sus dones!… porque siempre alguien les pone alguna pega.
“Sí. Tú tienes el don “de”, pero otros… otros lo llevan en la sangre. ¡Oh!, sí, sí. Otros son infalibles. ¡Infalibles!”.

El don de la oportunidad, el don del mensaje, el don de lo duro, el don…
Casi siempre, los dones más impactantes son aquellos que llevan aparejados hechos ¡contundentes!: guerras, malas noticias, ¡tragedias!, ¡problemas!…

Es curioso, y, aunque la ciencia lo ha intentado, aún no se sabe por qué éste tiene este don… ¡y éste tiene este otro! Probablemente –y por ello nos inclinamos-… “todos los seres tienen un don”. Es decir, no solamente aquello que le diferencia de otro, sino una cuerda… de virtud; que le hace –probablemente- aportar… lo que necesita el funcionamiento de la totalidad; lo que necesita la especie.

Es importante darse cuenta de ese don –que, habitualmente, los demás lo ponen de manifiesto-… sobre todo en aquellos casos en que la persona no es consciente de ello , o bien se fustiga pensando que no tiene ningún don. Pero eso son, ya, los “dones de importancia”. ¡Es diferente! La persona que quiere ser importante… ¡pero no lo es! ¡No! Entonces, claro, envidia los dones de otros y dice: “Yo no tengo ningún don, porque yo no soy importante”. Pero es que… hay dones sin importancia.
¡Claro! Sí. Que “ahora” no tienen importancia. Quizás, dentro de un siglo, cuando lean tus memorias, pues será cuando tu don esté en forma.
Lo tendrás que contemplar desde el Olimpo.
El don de la importancia es… “coyuntural”. Es decir, que surge circunstancialmente –en cada época-, de una manera o de otra. En un tiempo, los importantes eran los guerreros; en otros tiempos, los importantes eran los sacerdotes; en otro tiempo, los importantes eran los artistas; en otro tiempo, los importantes eran los políticos.
Según el momento y la época, la importancia personal se traslada de unas profesiones a otras.

Mientras el hombre se debate por lograr una importancia, no se apercibe de que él tiene un don.

Quizás – volviendo a la ciencia-, ese don resida en ese… “genoma basura”, que ahora tratan de rectificar –y que, en su momento, lo denominamos “artista”-. Y quizás haya que buscarlo… en esa área: en el área del “arte” entendiéndose por “arte”… aquel pensar, sentir y hacer, que produce satisfacción, disfrute, humor y gozo. ¡Bueno!, o menos. Sí. Podríamos hacer una “guía para descubrir mi don”.

Pero, lo que es muy importante –y la oración nos lo muestra- es que… TODOS … TIENEN UN DON. Y esto no significa que nos igualemos –no; porque el don de cada uno es diferente a otro-… sino que nos compartamos, nos convivamos, nos enlacemos, nos solidaricemos, nos acompasemos…
También nos muestra –el sentido orante- que esos dones vienen previstos –“pre-vistos”- por la Creación. Los podemos desarrollar más o menos; los podemos acompañar de tecnología, de… Pero el motor fundamental radica en el propio ser. Es… transferible, en la medida en que se comparte; en la medida en que se compagina con otros. Pero es un sello individual en cada ser; como si de un nuevo universo se tratara.

“Y le servían con sus bienes y sus dones”. Es el don… el que ¡sirve! Es el don, el que ¡entrega! Es el don, ¡el que se da! Es el vínculo de… ¡conexión! Es como el legado de la vida… para perpetuarla.

Un aspecto importante a tener en cuenta, de los dones, es que ¡no!… se pueden guardar; no se pueden ahorrar. Se expresan; y, cuanto más se expresan, más nos dan.

No es –¡no son!- monedas de mercado. Son… percepciones ¡impagables!
De ahí la alerta de la oración, para que… esos dones que se descubren, no se pongan al servicio de la venta, de la compra… sino –más bien- al servicio de “¡servir!”. Y comprobar que así es.

Lo inagotable de los dones se pone de manifiesto porque, a lo largo del vivir, se expresan, se muestran, se dan.

Existe una faceta común en todos los seres, a propósito de los dones. ¡Y es … el que cada ser facilite, ¡promueva!, ¡demuestre!… la promoción de los bienes, de los dones… ajenos.

La semilla necesita tierra favorable para brotar. De ahí que, un aspecto común a todos los dones, sea el facilitar que cada cual exprese los suyos… con independencia de ¡gustos!

Una muestra del desarrollo adecuado de los dones sucede cuando, a través de ellos, somos capaces de reconocer, admirar y aceptar complacientemente, otros… ¡que no son los nuestros! Es decir, que los dones se hacen “de universalidad”. Y, además de ser servidores, y además de facilitar la expresión de otros, los aceptan, los admiran, los comparten.

Los dones, que son los que proclaman nuestra presencia, nos muestran –en su ejercicio- que… “no somos nosotros”. Nosotros somos una expresión de una existencia sostenida, mantenida, ¡promocionada y gestada!… desde la Creación.
Cada ser debe poner al día sus dones, en la franja del arte. Y, con ello, servirá en la dimensión adecuada. Y promoverá el desarrollo de esta forma de vida.
Y, en consecuencia, será capaz de percibir-se… como un reflejo Divino. Darse cuenta de que reluce… por la luz de otra Providencia –que no la propia-. ¡Que los dones no se poseen!… Se expresan. Se muestran.

Fuente: Oración en Tian, Escuela Neijing expresada por el Dr. Padilla

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