FABULA DEL ESPEJO Y EL EDÉN

Es para no creer que pase lo que ejemplifica la fábula y sin embargo… sucede. 

El veneno del sufrimiento nos lo inocularon hace muchas generaciones. Vamos a diluirlo de una vez.

Y el mejor remedio es VER de verdad.

Gracias

 

Alejandro Jodorowsky:

Nunca hubo un jardín más bello que aquel, lleno de plantas suaves, animales delicados, fragancias sublimes y un césped que hubiera hecho morir de envidia al terciopelo. Lo único que desentonaba en esa perfección era un gran espejo parado en pleno centro del edén. Un hombre, que por casualidad llegó hasta ahí, no tuvo ojos mas que para la superficie azogada. Viendo el reflejo, exclamó: “¡Qué hermoso paisaje, allí quiero vivir!”

Y corrió hacia su maloliente ciudad para trepar hasta su departamento, empacar bártulos, cargarlos en un camión y volver al sitio ansiado. Descargó muebles, paquetes y se sentó frente al espejo, viendo con admiración lo que reflejaba.

Observó cada centímetro cuadrado de la superficie, escogió, deseó: “¡Este es el mejor punto: una ladera sombreada bajo cipreses fríos en un silencio total que ha de curarme del hervidero bullicioso donde he vivido!”. Trató de entrar en el espejo, pero la bruñida superficie no se le abrió. “¿Por qué me pones una barrera invisible? ¡He sido bueno, he luchado, sufrido, merezco que me recibas, ese sitio me pertenece, es mi premio!” El espejo no respondió.

El hombre, desesperado, se puso a rogar, a no comer, a suspirar, a rezar, a patalear. ¡Nada! Se enfureció: “¿Cómo es posible que el destino pueda vencerme? ¡Tengo la voluntad necesaria para cambiar mi sino: forzaré la entrada!”

Tomó las pertenencias que podía cargar en sus brazos, retrocedió y se lanzó contra el espejo. ¡El cristal estalló en mil pedazos! El hombre vio desaparecer el reflejo codiciado y, de rodillas entre los vidrios, lloró amargamente: “¿Dios, por qué has destrozado mi realidad? ¡Ya no tengo donde vivir! ¡He quedado en la nada! ¿De qué me sirve la vida? ¡Si tengo las manos vacías prefiero desaparecer!” Se abrió las venas y se tendió en el pasto para dejarse morir. ¡Sí, dejarse morir en medio de un jardín fragante, entre el coro sublime de las aves, sobre el pasto maternal, bajo el verde balsámico de las hojas, añorando nada más que un reflejo!

Fuente: http://planocreativo.wordpress.com/2011/06/26/fabula-del-espejo-y-el-eden/

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