En ese año, 1976, acababa de morir «patxi» pero yo era adolescente todavía y vivía en el Pais Vasco, muy lejos de la estética de «españolada» en la que viene recubierta esta gran película que recién ayer descubrí. Perdón por la ignorancia y todo un placer que así sea pues te permite descubrir y gozar con otra visión que la que hubiera tenido en aquel momento.
Como digo en apariencia es una «españolada» con las connotaciones que ello tiene: hombre español (Alfredo Landa) únicamente interesado en ligar con chicas españolas o extranjeras. Y ayuda a que así sea la presencia de Alfredo Landa que hasta ese momento había hecho unas cuantas ya de «ligador compulsivo» (yo no podía entender en ese momento como un tipo como Landa «nos» gustaba tanto a las mujeres o mejor cómo pensaba él que «nos» gustaría… si era un «babosillo»).
Sin embargo, por debajo de esa apariencia – supongo que eso le salvó a Bardem de la «quema de la censura» – se desarrolla un viaje iniciático para Alfredo Landa que es un mecánico sin otra ambición que ir a lo suyo (para él no está hecha la palabra solidaridad), no meterse en problemas (y se mete en un montón) y ligar lo más posible. El viaje se desarrolla desde Madrid a Torremolinos cuando solo existía la carretera general – a ratos doblada, pasabas por pueblos, campos… y podías parar en el camino a cosas que se nos antojarían ahora peregrinas como comer un melón con el lugareño que los vendía.
A medida que van pasando las horas de viaje en una moto que el llama «poderosa» se hace muchas veces la pregunta «¿pero qué coño hago yo aquí?» y el camino le va «regalando» gotitas de consciencia «por narices» para que finalmente no le quede otra que transformarse porque va viendo, va despertando a la realidad de un país y de una gente que él desconocía profundamente.
Si no hubiera sido de Bardem ni el Finder me la hubiera recomendado – por recuerdo de entonces – seguramente habría pasado de largo. Insisto, perdón por la ignorancia. Bardem para mi generación y anteriores era sinónimo de verdadero y por ello digno de ver siempre. Así que yo sabía que debajo de la cubierta «cutre» había todo una película testimonio de aquella época tan «crítica» para este país.
Y vaya que si es testimonio: para el que no conociera España en esa época… un documento inigualable porque toca todos los palos sociales y políticos de ese momento y todo ello ¡magia de Bardem! bañado un fino humor que no deja nada por decir.
Por momentos, y lo digo con humildad, nos recuerda a El Quijote que revestido de libro de caballerías fue un testimonio de sociedad de la época, muy lúcido. Y el director juega con esta similitud que sin duda sentirán con la ayuda de paisajes, señales, elementos como la moto que lleva…
Un gusto agridulce de belleza y «tristeza» por lo que no hemos sabido arreglar y por lo que hemos perdido de inocencia.
Gracias maestro Bardem y gracias a ustedes por la posibilidad.