LA TIENDA DE LA VERDAD…

La entrada que compartimos de Plano Creativo me ha atraído por la energía del callejear sin rumbo del viajero que tiene tiempo para no ir a ningún lado que es como se encuentra lo auténtico. ¡Qué gusto! ¿Recuerdan?

Ese vagabundear me ha llevado a Roma que es donde más lo practiqué…y así encontré restaurantes de los lugareños donde comer los mejores spaguetti vongole del mundo, tienditas que escondían en casi la trastienda tumbas romanas…así, sin pensar ni buscar. En ese moverte a favor de «señales» – ja, ja – hasta te puedes encontrar un amante…Es el andar del gato 

Curiosamente, por eso también la atracción, me ha recordado conversación con cuñada de hace unos días contándome su viaje ¡a Roma! y me decía «¿sabes lo que he echado de menos? Que como había tanto que ver – fijo – no nos ha dado tiempo a callejear sin rumbo que es lo que me gusta»

Claro, seguro que esa energía «feel free» del viajero ha ido perdiendo espacio en nuestra manera de acercarnos a los lugares a favor de la de los turistas que llevan la lista de «cosas a ver»: a piñón fijo.  Y no es ni mejor ni peor… es otra energía, las vivencias que generan una y otra son diferentes, nada que ver. Denle una pensadita a los lugares donde se dejaron deambular… seguro que al recordarlos sentimos como que el ser se esponja, ummm ¡qué rico!

Hagan click en la palabra «verdad» de la última línea… abre otra entrada muy fructífera para nuestra alma – ojalá así sea. Me gusta esa cercanía que expresa Jodorowsky entre la verdad con lo auténtico y lo bello. 

En la medida en que transitemos hacia la belleza y lo auténtico… ¡no hay error!

Gracias

Por cierto, ¿qué se puede vender en la tienda de la verdad?

LA TIENDA DE LA VERDAD

El hombre caminaba paseando por aquellas pequeñas callecitas de la ciudad provinciana. Tenía tiempo y, entonces, se detenía algunos instantes en cada vidriera, en cada negocio, en cada plaza. Al dar vuelta una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco, intrigado se acercó a la vidriera y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate… en el interior, solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba Tienda de la Verdad. El hombre estaba sorprendido, Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar que vendían. Entró. Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:

-Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?

-Sí, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa…?

Fuente: http://planocreativo.wordpress.com/2013/02/04/la-tienda-de-la-verdad-2/

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