LA DICTADURA DE LOS «MOCOSOS»

En Barcelona vive un gran amigo que nos trae una garrafita de agua de mar todos los meses cuando viene a visitar a su padre ¡de 94 años! Hasta hace bien poco el padre – profesor de geografía en la Facultad –  solo o con alguno de los hijos viajaba por todo el mundo; ahora ya no tiene fuerza para estar mucho rato de pie y su cabecita no recuerda los hechos recientes aunque todavía recuerda muy bien los hechos de antes – lo que en mi experiencia fue una gran forma de conocer a mi padre cuando le empezó a pasar lo mismo – con menos edad -. Como recordaba la niñez… perfectamente yo le preguntaba y preguntaba sobre esa edad y así me enteré de muchos momentos de los que no tenía ni idea porque los padres no cuentan y los hijos no preguntan.

Los prolegómenos son para explicar que este hombre de 94 años, con 5 hijos estupendos pero hijos, dice a menudo que está bajo la «dictadura de los mocosos»: es decir que unos «mocosos» – que es como nos llamaban los padres a los hijos cuando éramos pequeños y queríamos hacer algo como los «grandes» – se permiten el lujo – sin experiencia por cierto – de decir, de ordenar: » papá, esto no; tienes que hacer esto papá… no puedes hacer lo otro papá… pero papá… qué cosas dices papá…» y como ya está mayor … casi no le queda otro remedio que obedecer.

El fin de semana pasado cuando este amigo vino a ver al padre se encontró con que tenía un buen catarro – en primera fase, temblores, frío… Este amigo que es bastante práctico le ayudó a meterse en la cama, le dió un paracetamol, mucho líquido… y a dormir. Pero… al día siguiente cuando llegó otro hermano, este ya con esposa enfermera, decidieron que debían ir a urgencias… imaginen toda la parafernalia de pruebas… si él lo que necesitaba era estar tranquilo y esperar.

Pero estos «mocosos» – que podemos ser todos en algún momento – se rigen por protocolos … decimos que lo hacemos por su bien pero en realidad lo hacemos por nuestro miedo a lo que pueda suceder y en mi sentir, tenemos muy poco respeto por sus años, por lo que sienten y por lo que quieren … – nos guste o no, estemos de acuerdo o no. 

Quisiera yo ver lo que sentiremos – si llegamos a esa edad – los hijos cuando nuestros hijos nos ordenen o piensen por nosotros y nos hagan hacer cosas que no queremos o que no están en nuestro ideario solo porque está en su protocolo. 

Curiosamente estos días me han llegado chistes, textos, películas… a este respecto. 

Empecemos por el chiste – que no lo es porque casos como este que cuenta mi amiga Pilar – médico por cierto aunque nada protocolaria – pasan a cada rato, por desgracia para estos mayores que ya son oro molido y que nosotros nos empeñamos en tratar como «pendejos» pues los ponemos en manos de «pendejos con título» que son capaces – por ejemplo – de recetar un corsé rígido a un señor de 88 años – mi padre – o 18 horas de oxígeno a una mujer de 92 -que la verdad yo nunca ví con problemas de respiración. 

Gracias

PARA MIS AMIGOS RETIRADOS, JUBILADOS O SIMPLEMENTE EN POSICIÓN DE DESCANSO, LEEDLO CON ATENCIÓN, MEDITAD Y APLICADLO SI LO ESTIMÁIS PERTINENTE. 

 
Mi tío Damián se encontraba bien de salud, hasta que su mujer, mi tía Dorita, a instancias de su hija, mi prima Tota, le dijo:

 Damián, vas a cumplir 80 años, es hora de que te hagas una revisión médica-

-Y para qué?, si me siento muy bien
 
-Porque la prevención debe hacerse ahora, cuando todavía te sientes joven-, contestó mi tía.

Por eso mi tío Damián fue a consultar al médico.

El médico, con buen criterio, le mandó a hacer exámenes y análisis de todo lo que pudiera hacerse en su mutualista.
A los quince días el doctor le dijo que estaba bastante bien, pero que había algunos valores en los estudios que había que mejorar. Entonces le recetó:

Atorvastatina Grageas
 para el colesterol, 
Losartán
 para el corazón y la hipertensión,
 
Metformina 
para prevenir la diabetes, 
Polivitamínico
, para aumentar las defensas.
 
Norvastatina
 para la presión, 
Desloratadina
 para la alergia.
 
Como los medicamentos eran muchos
 y había que proteger el estómago,
le indicó Omeprazol y
 Diurético para los edemas

Mi tío Damián fue a la farmacia
y gastó una parte importante de su jubilación
por varias cajitas primorosas de colores variados.

Al tiempo, como no lograba recordar si las pastillas verdes para la alergia, 
las debía tomar antes o después de las cápsulas para el estómago,
 
y si las amarillas para el corazón, iban durante o al terminar las comidas,
volvió al médico..

Este, luego de hacerle un pequeño fixture con las ingestas,
lo notó un poco tenso y algo contracturado, 

por lo que le agregó Alprazolal Sucedal para dormir.

Esa tarde, cuando entró a la farmacia con las recetas,
el farmacéutico y sus empleados hicieron una doble fila para que él pasara por el medio,
mientras ellos lo aplaudían.

Mi tío, en lugar de estar mejor, estaba cada día peor.

Tenía todos los remedios en el aparador de la cocina y casi no salía de su casa,
porque no pasaba momento del día
 en que no tuviera que tomar una pastilla.

A la semana, el laboratorio fabricante de varios de los medicamentos 
que él usaba lo nombró
 «cliente protector» 
y le regaló un termómetro,
 
un frasco estéril para análisis de orina
y un lápiz con el logo de la farmacia.

Tan mala suerte tuvo mi tío Damián, que a los pocos días se resfrió 
y mi tía lo hizo acostar como siempre,
pero esta vez, además del té con miel, llamó al médico.
Este le dijo que no era nada, pero le recetó
Tapsín día y noche y Sanigrip con efedrina, 

como le dio taquicardia le agregó atenolol 
y un antibiótico, Amoxicilina de 1 gr. cada 12 por 10 días.
Le salieron hongos y herpes y le indicaron Fluconol con Zovirax

Para colmo, mi tío Damián se puso a leer los prospectos de todos los medicamentos que tomaba y así se enteró 
de las contraindicaciones,
 
las advertencias,
 
las precauciones,
 
las reacciones adversas,
 
los efectos colaterales
 
y las interacciones médicas.
 
Lo que leía eran cosas terribles. No sólo se podía morir, sino que además podía tener 
arritmias ventriculares,
 
sangrado anormal,
náuseas,
hipertensión,
 
insuficiencia renal,
parálisis,
cólicos abdominales,
alteraciones del estado mental y otro montón de cosas espantosas.

Asustadísimo, llamó al médico, quien al verlo le dijo que no tenía que hacer caso de esas cosas porque los laboratorios las ponían por poner.

-Tranquilo, Don Damián, -no se excite- le dijo el médico, mientras le hacía una nueva receta
con Rivotril con un antidepresivo Sertralina de 100 mg.

Y como le dolían las articulaciones le dieron Diclofenaco.
En ese tiempo, cada vez que mi tío cobraba la jubilación, iba a la farmacia donde ya lo habían nombrado cliente VIP.

Esto lo hacía poner muy mal, razón por la cual el médico le recetaba nuevos e ingeniosos medicamentos. 
Llegó un momento en que al pobre de mi tío Damián
 las horas del día no le alcanzaban para tomar todas las pastillas,
por lo cual ya no dormía, pese a las cápsulas para el insomnio que le habían recetado.

Tan mal se había puesto que un día, haciéndole caso a los prospectos de los remedios, se murió.

Al entierro fueron todos, pero el que más lloraba era el farmacéutico.

Aún hoy, mi tia afirma que menos mal que lo mandó al medico a tiempo, porque si no, seguro que se hubiese muerto antes.-

Este e-mail está dedicado a todas mis amistades, ya sean médicos o pacientes..!!!

Ah, si no hubiera tomado nada y hubiese seguido con su régimen sanito con pollo sin piel, pavo, lentejas, porotos, aceite de oliva, frutas, verduras de todos colores, poca sal y nada de azucar (stevia o sucralosa, no aspartame ), y con una copita de vino tinto cabernet sauvignon y caminando 2 mil pasos diarios estaría vivido y coleando. 


CUALQUIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD 
NO ES
» P U R A   C O I N C I D E N C I A «


 

 

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