HUMANIDAD ENDIOSADA

Gracias, Maestro

Humanidad endiosada

La Humanidad, endiosada a lo largo de su recorrido: por su ‘conoci-miento’, su rentabilidad, su domesticación, su dominio, su capacidad de esclavitud… Todo ello ha definido una posición “endiosada” que, a su vez, sin ser divina, ha generado un deterioro, un malestar, un… un grupo de especie en el que algunos son más dioses que otros. Y en cada nivel hay sistemas de castigo, sistemas de deterioro, de corrupción…

Desde que la humanidad decide divinizarse a través de sus recursos y conocimientos… va disolviendo los vínculos animistas, ‘almistas’, salmistas, espirituales que, en otro tiempo –sin sustento de lo razonable y lo lógico-, se mantenían por lo sentimental, lo afectivo, lo emocional: lo “poco rentable”.

Y es así que, al instaurarse ese endiosado productivismo, la pérdida de espiritualidad se hace precipitada, y el individuo se acrecienta en su creencia… ¡de sí mismo! Tanto, que edifica una casa, recoge un préstamo y, cuando esto no es viable, es capaz de suicidarse. No es –ni mucho menos- una acusación. Es… constatar una evidencia; circunstancial, pero… más real de lo que parece; ¡más frecuente! –con otros tintes, con otras motivaciones – …

Pero cuando el ser –como ídolo, como divinidad – es incapaz de mantenerse, él se desahucia; se declara en quiebra.
Antes de que esto llegue, puede –puede-, en muchos casos, ser capaz de “cualquier cosa”. Se vuelve especialmente peligroso. Es un dios que tiene miedo a perder su… ¡poder! Ha alcanzado una cota de saber, de dominio, de control… pero hay depredadores cercanos –o así lo interpreta -, y quiere asegurar su renta, su beneficio. Entonces se vuelve especialmente peligroso para todo su entorno. Duda. Indeciso se vuelve. Busca la seguridad del “arma”: del arma del trabajo, de la pistola, del machete; de la posesión, de la compra, del dinero…

Parece como si fuera un espacio en el que sólo hay lugar para recrearse en su endiosada posición… y tratar de mantenerla al máximo.

Esto ocurre –en la especie – en cualquier lugar. Y la oración nos lo pone en evidencia para que nos alertemos, primero, de que no es viable ni posible suplantar a lo divino; que, cuando se hace, tan solo se sustenta en lo lógico y racional, en lo científico y tecnológico –que dura… un poco más, un poco menos – pero que, pronto, el ídolo termina por desaparecer. Para ello, ha tenido que emplear un sinfín de estrategias; algunas, de dudosa claridad –y aún más: de ‘infiable’ fidelidad-. Pero la consciencia social admite que “todo vale”. Y, en último caso, Dios lo permite: que juguemos a ser como Él.

Dios se hizo rentable en un tiempo en el que las religiones se hicieron prósperas y fructíferas. Y aún en muchos aspectos así continúan, dependiendo de en qué lugar.

Pero, en general, lo Divino no está ligado con la rentabilidad, la seguridad, el beneficio, la posesión, sino que más bien está en otra frecuencia:

en la frecuencia de… el pensar liberado;

en la frecuencia del intuir esperanzado;

en la frecuencia de la inspiración enamorada;

en la frecuencia del infinito que aguarda;

en la vibración de la entrega apasionada;

en la vibrante sinfonía… de sueños y ¡fantasías!…

Todo eso ¡tiene!… una capacidad para incrustarse, para ensartarse, para combinarse con cualquier conformidad –incluso, por supuesto, la conformidad llamada “material”-.

Lo que ocurre es que se establece una dificultad de creencia. ¡Sí! Se piensa que, eso tan etéreo, en lo etéreo ha de quedar, y tiene poca posibilidad de animar lo material, de configurarlo de otra manera.

¡Triste panorama!…

Por una parte, ha de bajarse del pedestal. Ha de dejar de endiosarse. Ha de buscarse en la sincera humildad. Y, a partir de ello, recogerse en lo divino que ahí está… y convertirlo –según necesidad – en aquello que pueda “garantizar” –entre comillas- una posición estructural estable, viable, cambiable… pero en la que ya no reside el dominio, el control y el manejo del saber… como eje primordial. Está el saber, sí; pero, con esa sincera humildad, se convierte en un saber… que no alcanza “la gloria”. En consecuencia, no esclaviza con sus demandas; deja de ser… ¡cruel!

El desconfiado movimiento que el endiosado proceder genera, busca el soporte de estructuras y manejos que en otro tiempo fueron…– pero que se deterioraron y se corrompieron -, y hoy son… de más que dudosa “seguridad”.
En esas situaciones, el humano endiosado busca aliados, confederados, congraciados, desgraciados… para mantenerse y sobrevivir con un nivel de dominio importante. Esto, habitualmente, se hace a costa de otros. Y así, en una escalera interminable.

Cuando… –como es el caso- la oración, desde el ocaso, nos reclama –bajo su misterio- esa posición, y nos advierte de que, con toda la virtud que –en teoría- habíamos ganado, que –en teoría- éramos, que –en teoría- cultivábamos, ante una situación de prueba de Fe, el sujeto duda, se incomoda, se resquebraja… va, viene… se perdona, se culpa, se alivia, se ensalza, se cae…

Una montaña rusa llena de obstáculos. ¡De repente!, se comprueba que, sus virtudes, sus creencias –¡ay!- no eran tan… “caladas”, sino que más bien eran ‘engaladas’ –como una gala-, pero no estaban encaladas – ¡como la cal!, que reluce y penetra-…

Es, es, es suficiente –aunque no ocurra-, es suficiente con ver a dónde lleva la duda, y qué se persigue con continuar endiosado en el ‘material endosado’. Cuando no se ve nada más que eso, los otros radicales espirituales quedan libres. ¡Ay!… Y, como radicales libres, atacan la espiritualidad, la animosidad, la ‘almosidad’… ¡que estaba! –y quizás ‘engaladamente’ está, pero ¡duda!-.

Cada vez que la consciencia admite duda en su estar, algo… se recorta en su ser. Cada vez que se reclama seguridad, algo se estremece… en su futuro.

Por mucha seguridad que brinde el endiosado proceder de la razón lógica del trascurrir del tiempo – fíjense bien-, nunca alcanzará la firme, decidida y creativa sonoridad… de la escucha del viento.

¿Puede ser un motivo de reflexión, el que ni siquiera se alcance la segura precisión y la habilidad necesaria para ser como un simple viento…? ¿Y, en consecuencia de esa reflexión, retomar la posible – dejémoslo así, de momento – la “posible” realidad creadora del ánimo ‘almado’ –animado – de la vida, como un creativo evento? ¿Es posible?…

Es posible. Pero la “catadura” del reino de la posesión, de lo seguro, del reclamo de mi divino deterioro – para asegurarme la certeza de mi posición, de mi posesión- es ¡tan – generalmente- fuerte!… que estará ¡al acecho!

Está ahí la advertencia orante. Es fácil justificarse.

Es fácil ir y venir a cada sitio según convenga.Y es todavía más fácil tener un pie en cada sitio, para inclinarse ¡según!… lo que más convenga. No es “de-vida”, esa posición.

En el sentido orante hay que ser… mínimamente honestos, reconocedores de la posición, aclaradores de la fe, sabedores de la posición en la que se encuentran y… conscientes del alimento de la oración.

En el día, con la bondad. Durante el día, con piedad. Al anochecer, con inspirada… alegría.

Oración en Tian, 24.02.2013

Dr. J.L. Padilla

Imagen: Universo Peregrino

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