En entrada del 13 de Marzo escribíamos a propósito de esta actitud «nueva» de los hijos modernos que el padre de un amigo ha llamado «la dictadura de los mocosos»: eso de que cuando los padres ya tienen unos años largos, a los hijos nos da por ordenarles que hagan esto o aquello, por prohibirles que coman esto o aquello… (y digo «nueva actitud» porque en generaciones anteriores la experiencia de vida era un grado y ahora más bien parece que se olvida al ser que todavía está al ponerle la etiqueta de «mayor-chochea-ya no hay que hacerle mucho caso»)
¿Cuándo podemos ser libres de elegir si queremos ir al médico o no, si queremos comer o no, fumar o no, ver internet o no … ? Si, sí, ya sabemos, la salud… no es que porque tengan 88 años como mi padre o 94 como el padre de este amigo ya no importe, no; es que en algún momento de nuestra vida podremos decidir ¿no? (Y digo «podemos» porque nosotros antes o después estaremos ahí, Dios mediante, claro, y no nos va a gustar nada que nos lo hagan)

Como homenaje a esos «con más experiencia de vida» les comparto una peli que ví hace unos días: The Straight Story ( que han traducido como una historia verdadera pero es un juego de palabras pues el protagonista tiene ese nombre) Yo no la había visto en el cine así que para mí fue nueva y muy gozosa.
Para empezar tienes que cambiar el estilo de ver una película porque esta es lenta, lenta, lenta y no les digo el motivo porque si no no tiene gracia. El Sr. Straight – de 72 años, casi no ve, tiene mal la cadera, el médico le ha dicho que si sigue fumando, que si sigue … – siente que tiene que ir a ver a un hermano que ha sufrido un ataque al corazón y con el que no se habla desde hace unos años.
Desde todos los ámbitos: hija (la que menos, la verdad), vecinos, médico… todos se oponen a semejante idea: el hermano vive a 6oo km y el Sr. Straight no tiene carnet de conducir.
El viaje es iniciático desde luego y redentor – en su opinión. Y los encuentros que va haciendo en el camino cada vez que para por la noche y se hace un pequeño fuego… son detalles de ese homenaje a la sabiduría de la experiencia, al saber estar, al no callarse, a las pocas palabras… al decir «¡ya vale, déjenme en paz, se lo que hago y lo que quiero hacer!» – te guste o no. Que puede no gustarte, claro, pero eso no te da derecho a prohibir, a juzgar, a … ¿no? La hija es fantástica.
Una historia sencilla, de gente sencilla. David Lynch, año 1999: nos da la oportunidad de recorrer y conocer una parte de los estados unidos de una forma más cercana. Los personajes que aparecen sin duda pertenecen a una generación «auténtica» en vías de extinción y sus rostros…
Qué disfruten de «su» experiencia, digan lo que digan.
Gracias