TEXTOS LITERARIOS CON “LA PAPISA”

Es genial, buscando las imágenes de los arcanos… he encontrado perlitas: textos literarios en los que los arcanos, los arquetipos toman vida. 

Les comparto un par de ellos.

Qué lo disfruten y gracias por tanta generosidad.

Arcanos en las letras: http://poeticarcanos.blogspot.com.es/2010/09/ii-la-papisa.html

II la papisa


bernarda alba

federico garcía lorca

Bernarda: ¡Malditas particiones!
La Poncia: ¡Cuánto dinero le queda a Angustias!
Bernarda: Sí.
La Poncia: Y a las otras, bastante menos.
Bernarda: Ya me lo has dicho tres veces y no te he querido replicar. Bastante menos, mucho menos. No me lo recuerdes más.
(Sale Angustias muy compuesta de cara.)
Bernarda: ¡Angustias!
Angustias: Madre.
Bernarda: ¿Pero has tenido valor de echarte polvos en la cara? ¿Has tenido valor de lavarte la cara el día de la misa de tu padre?
Angustias: No era mi padre. El mío murió hace tiempo. ¿Es que ya no lo recuerda usted?
Bernarda: ¡Más debes a este hombre, padre de tus hermanas, que al tuyo! Gracias a este hombre tienes colmada tu fortuna.
Angustias: ¡Eso lo teníamos que ver!
Bernarda: ¡Aunque fuera por decencia! ¡Por respeto!
Angustias: Madre, déjeme usted salir.
Bernarda: ¿Salir? Después que te hayas quitado esos polvos de la cara. ¡Suavona! ¡Yeyo! ¡Espejo de tus tías! (Le quita violentamente con su pañuelo los polvos) ¡Ahora vete!
La Poncia: ¡Bernarda, no seas tan inquisitiva!
Bernarda: Aunque mi madre esté loca yo estoy con mis cinco sentidos y sé perfectamente lo que hago.
(Entran todas.)
Magdalena: ¿Qué pasa?
Bernarda: No pasa nada.
Magdalena: (A Angustias.) Si es que discutís por las particiones, tú, que eres la más rica, te puedes quedar con todo.
Angustias: ¡Guárdate la lengua en la madriguera!
Bernarda: (Golpeando con el bastón en el suelo.) ¡No os hagáis ilusiones de que vais a poder conmigo. ¡Hasta que salga de esta casa con los pies adelante mandaré en lo mío y en lo vuestro!
(Se oyen unas voces y entra en escena María Josefa, la madre de Bernarda, viejísima, ataviada con flores en la cabeza y en el pecho.)
María Josefa: Bernarda, ¿dónde está mi mantilla? Nada de lo que tengo quiero que sea para vosotras, ni mis anillos, ni mi traje negro de moaré, porque ninguna de vosotras se va a casar. ¡Ninguna! ¡Bernarda, dame mi gargantilla de perlas!
Bernarda: (A la Criada.) ¿Por qué la habéis dejado entrar?
Criada: (Temblando.) ¡Se me escapó!
María Josefa: Me escapé porque me quiero casar, porque quiero casarme con un varón hermoso de la orilla del mar, ya que aquí los hombres huyen de las mujeres.
Bernarda: ¡Calle usted, madre!
María Josefa: No, no callo. No quiero ver a estas mujeres solteras, rabiando por la boda, haciéndose polvo el corazón, y yo me quiero ir a mi pueblo. ¡Bernarda, yo quiero un varón para casarme y tener alegría!
Bernarda: ¡Encerradla!
María Josefa: ¡Déjame salir, Bernarda!
(La Criada coge a María Josefa.)
Bernarda: ¡Ayudarla vosotras!
(Todas arrastran a la vieja.)
María Josefa: ¡Quiero irme de aquí! ¡Bernarda! ¡A casarme a la orilla del mar, a la orilla del mar!

[La casa de Bernarda Alba, final del primer acto.]

Otros personajes literarios o históricos como La Papisa: Margaret Tatcher, Benazir Butho.

 

Lo esconden los arcanos III:

http://elhilodelamadeja.blogspot.com.es/2012/08/lo-esconden-los-arcanos-iii.html

 La Papisa.

Lari cumplió su promesa y después de un buen masaje podal Juan sentía que sus pies eran capaces de volar como si fuera el mismísimo dios Mercurio. Se acercaron al cauce del río y unos tragos de vino después ambos se encontraban en un estado de embriaguez que les hacía rozar la maravilla. A Juan ya se le había pasado cualquier atisbo de desconfianza hacia el mago/trilero/psiquiatra al cual abrazaba en plena exaltación de la nueva amistad. Lari, más acostumbrado al vino de aquella tierra extraña, hacia todo lo posible por soportar estoicamente a su nuevo aprendiz y le recordaba que tenían una misión que cumplir y que debían ver a la Papisa antes de que se hiciera de día.

-¿Pero quien es esa Papisa?

-Bueno, es un ser muy poderoso, ella debería darte las instrucciones que necesitas para que puedas crecer como hombre.

-¿Y no podemos tomar unos traguitos más? Tio, Laaari, sabes que eres de puta madre…

-Sí, lo sé.

-Tío, te lo juro, me caes de puta madre.

-Sí, cuando de la borrachera que llevas sólo quede una punzante resaca y debamos seguir nuestro camino a ver si sigues opinando lo mismo.

-Oye, una pregunta… ¿La Papisa esa está buena?

-Bueno… es un ser con muchas caras… No siempre se muestra con los mismos rasgos, aunque siempre se manifiesta de forma muy familiar.

-Familiar… Yo no tengo familia…

-Mira hemos llegado.

Era noche cerrada y habían llegado a lo que antiguamente debía ser una granja porque había establos y gallineros. Todo parecía en calma. Se acercaron a la cerca y entraron sin mediar palabra. Una luz se encendió en el edificio principal y acto seguido una yegua salió del mismo. Se acercó a los visitantes y rápidamente reconoció a Lari.

-¡¡Hola chato!! ¡¡Cuanto tiempo sin verte por aquí!!

-¡¡Hola Gertrudis!! Sí, mucho tiempo. Traigo a un novato para que vea a la Papisa.

-Me imagino, sino fuera por estos momentos, resultarías muy caro de ver.

-Ya sabes lo que hay Gertrudis, lo mío es ir a lo loco y a los locos. Es mi misión en esta tierra.

-¡Cómo sois los humanos! Siempre encontráis alguna excusa para tratarnos como animales.

-Bueno, creo que nunca me he portado mal contigo. Simplemente lo nuestro era imposible. Estuvo bien mientras duró, pero no funcionó.

-Sí, claro, ahora es cuando me dices que no fue por mi, que fue por ti,¿no?

-Eeehhhh… sí, supongo… Bueno, ¿podemos ver a la Papisa?, empieza a hacer frío.

-Sí, claro, ya sabes el camino cielo. Cuando acabéis pasaos por casa, os pondré algo a la altura de este reencuentro.

La yegua Gertrudis volvió a entrar en el edificio y Lari y Juan tomaron un camino empedrado que bordeaba la construcción hacia la parte de atrás. Juan había asistido atónito a aquel reencuentro y no sabía si debía preguntarle a Lari si realmente Gertrudis y él habían sido pareja. Un silencio incómodo les rodeaba, hasta que ante la inquisitoria mirada de Juan, el mago le explicó que sí, habían sido pareja durante cuatro años, y que fueron muy felices, pero que todo había acabado ya, aunque ella parecía continuar extrañándolo.

-¿Pero por qué cortásteis?

-Simplemente, creía que me merecía algo mejor.

Cuando llegaron a la parte trasera de la edificación lo único que había allí era un gran foco que apuntaba hacía el cielo. Lari miró a Juan y le preguntó si estaba preparado. Éste afirmó con la cabeza. Lari encendió el foco y la luz proyecto hacia el cielo la imagen del rostro de una anciana arrugada y con los rulos por montera.

-¡¡Salve Papisa!! -Dijo Lari arrodillándose.

-¡¿Mamá?! ¡¿Qué…?! ¡¿Pero qué…?! -Exclamó Juan azorado.

-Hola Lari, hola Juan, hijo mío. ¡¿Cuánto tiempo sin verte?!

-¡Mamá! ¿Qué haces allí arriba?

-Me estoy peinando, eso que deberías hacer tu más a menudo. O acaso te crees que con esas pintas vas a hacerme abuela.

-Bueno mamá, pensaba que estabas muerta.

-Yo siempre seré tu madre. Siempre. No lo olvides.

-Bueno si ya… pero…
-De peros nada mi pequeñín… Mírate… estás hecho un guiñapo… Con esa ropa raída y esos pelos… Además estás en los huesos… ¿Acaso no comes o qué?

-Si como madre, pero…

-Mira me han sobrado unas empanadillas de atún, de esas que te gustaban tanto. Le daré a Gertrudis un tupper para que os las sirva. Muy buena Yegua esa Gertrudis, una mujer así me podría dar muchos nietos y además es un buen partido, fijate, es la dueña de todo lo que ves. Y trabajadora como la que más…

-Mamá, es que es una yegua yo no me veo con durmiendo con un caballo.

-A todo le tienes que ver fallos, ¡a todo! Eres igual que tu padre, nunca habéis sido capaces de tener un detalle para hacerme feliz. Pido tan poco…

-Ya.. mamá… pero… Yo es que…

-Yo yo yo yo. ¡¡Eres un egoísta!! ¡¡Eso es lo que eres!!

-Pero mamá yo te quiero mucho, siempre te he querido.

-Es fácil decir que me quieres, ¿pero cuando me lo has demostrado?¿Cuándo? Pobre de mi…

-No llores mamá te lo suplico.

-¡¡Como no voy a llorar si sólo me das disgustos!!

-¿Dónde está papá?
-¡¡A ese dejalo!! Nos hemos divorciado.

-¿Que? ¿Cómo?

-Si, ahora tu padre es un excapitan de marina mercante, reconvertido a pastor de peces. Un hombre sabio y pulcro y muy creyente. Como dios manda, ¡vamos! Espera que le llamo. Chuuurrriiiiiiiiiiii, ven que te voy a presentar a mi hijo.

-Siiiiii, flor de pitiminí. Ahora voy.

-No quiero conocer a ese hombre. No es mi padre.

-No seas egoista y dame ese gusto.

-Hola mi amor. ¿Donde esta ese pequeñín?

-Ahi debajo mi cielo.

-¿Ese de ahí es tu hijo?

-Sí, soy su hijo. ¿Que pasa?

-Es de mi primer matrimonio cosita linda. El pobre salió a su padre.

-Se nota. Se nota. Que ser más andrajoso.

-Oiga sin faltar.

-Y huele a vino.

-¿No habrás bebido Juan?

-¿Yo? No.

-Esta mintiendo. Mira se ha puesto colorado.

-Como su padre… es igual que su padre… Que habré hecho yo para merecer esto…

-Mira ya has hecho llorar a tu madre. ¿No te da vergüenza? Ya esta, ya está mon amour.

-Bueno yo creo que me voy…

-Eso si vete.

-Ves con cuidado hijo mío y recuerda lo que te dije de Gertrudis. Dile que meta las empanadillas en el horno precalentado a 180 grados durante 15 minutos y ya veras que buenas. Es tan buena mujer…

-Adios, adios…

La luz del proyector se apagó haciendo desaparecer a la madre y al pastor de peces. Sólo en ese momento Lari se levantó. Juan estaba más rígido que un gato de fieltro.

-¿Por que me has traido hasta aquí?

-Es el protocolo.

-¿Que protocolo?

-Tu primera lección en esta tierra es que a las madres las carga el diablo.

-¿La tuya tambien era así?

-La mia era el mismisimo diablo. Mas buena la pobre…

-Ya, alguien a quien no puedes dejar de amar y de odiar a la vez.

-Sí, por eso estudie psiquiatria y psicoanalisis.

-¿Por tu madre?

-Para liberar a los hombres de la carga de su madre. Oye, es cierto que sus empanadillas están tan buenas como dicen?

-Sí.

-Pues vamos a cenar. Hace mucho que no me alimento de nada más que de pan y vino.

Ambos rodearon de nuevo la casa, Gertrudis los recibió con un salto de cama con encaje y transparencias. Después de cenar decidiría quien la iba a cabalgar.

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