LOS ÁRBOLES GENEALÓGICOS VIVEN EN CADA UNO

 

Y ya lo creo que viven!!!

Desde que empecé a escuchar a Enric Corbera y todo lo de Alejandro Jodorowsky en metagenealogía… anda que no he aprendido de mi árbol y ¡de mí! Cuántas actitudes creemos nuestras que no lo son (¡afortunadamente!) y eso ayuda mucho a la hora de «desculpabilizar» la vida.

Gracias

Me voy a hacer la consulta a una compañera que anda por esos mundos de dios… estaré en contacto cuando pueda… ya saben, están en su casa, visiten las habitaciones que gusten y no olviden de volver al principio de este espacio que es cuando empezamos a despertar, por si acaso alguno todavía no lo ha hecho.

Gracias de nuevo.

 

LOS ÁRBOLES GENEALÓGICOS VIVEN EN CADA UNO DE NOSOTROS

*

“El daño se transmite de generación en generación: el embrujado se convierte en embrujador, proyectando sobre sus hijos lo que fue proyectado sobre él, a no ser que una toma de consciencia logre romper el círculo vicioso. No hay que temer hundirse profundamente en uno mismo para enfrentar la parte del ser mal constituido, el horror de la no realización, haciendo saltar el obstaculo genealógico que se levanta ante nosotros como una barrera y que se opone al flujo y reflujo de la vida.

En esta barrera encontramos los amargos sedimientos psicológicos de nuestro padre y de nuestra madre, de nuestros abuelos y bisabuelos. Tenemos que aprender a desidentificarnos del árbol y comprender que no está en el pasado: por el contrario, vive, presente en el interior de cada uno de nosotros. Cada vez que tenemos un problema que nos parece individual, toda la familia está concernida. En el momento en que nos hacemos conscientes, de una manera o de otra la familia comienza a evolucionar. No sólo los vivos, también los muertos. El pasado no es inamovible. Cambia según nuestro punto de vista.

Ancestros a quienes consideramos odiosamente culpables, al mutar nuestra mentalidad, los comprendemos en forma diferente. Después de perdonarlos debemos honrarlos, es decir, conocerlos, analizarlos, disolverlos, rehacerlos, agradecerles, amarlos, para finalmente ver el “buda” en cada uno de ellos. Todo aquello que espiritualmente hemos realizado podría haberlo hecho cada uno de nuestros parientes. La responsabilidad es inmensa. Cualquier caída arrastra a toda la familia, incluyendo a los niños que están por venir, durante tres o cuatro generaciones.”

Alejandro Jodorowsky en “La danza de la realidad”

Imagen: alekicenko

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