UN COMPARTIR…

Gracias Toñi, un placer compartir-te

Esta mañana, fuera de la “rutina” diaria, andaba por el centro de la ciudad a una hora temprana y al pasar por un lugar, me acordé que una amiga – Toñi – trabajaba por allí. Como estamos en ese período de hacer por “ganas”, me acerqué a visitarla – sabiendo que a lo mejor hasta llegaba a tiempo de compartirnos un ratito tomando un café. Y llegué. 

De ese encuentro gustoso nace esta colaboración que comparto. Hablábamos de hijos, de las suyas, de los de otros, de niños difíciles y de el ejemplo, del testimonio de padres… – necesario e intransferible, además, sino quieres vivir los efectos colaterales de la ausencia de dicho testimonio… (A continuación la imagen de la que me hablaba ella a propósito del ejemplo:

Y en esas que estábamos con la queja, con que “¡claro y luego se quejan!” y me dice “por cierto, ¿eres tú la de El Lamento?” y a mí no se me ocurre otra cosa que decir “Sí, ¿cómo lo has sabido?”. Y es que del círculo cercano saben de este espacio muy poquitas personas: mi explicación racional es que así me siento más libre que también, sin embargo, la verdadera razón, la inconsciente voy viendo que es otra bien distinta y que tiene que ver con esa bio-descodificación de la que hemos hablado tanto aquí.

Después de que haga el curso de capacitación este mes entrante… hablaremos largo y tendido sobre estos aspectos, temas… que yo cada día encuentro más fascinantes. Eso será después de descansar un poquito porque llevo más de un mes con ello todo el día y ¡no vean como remueve! Así que después de que se asiente un poco… empezaremos a compartir aspectos sobre ello que seguro que nos van a dar alas. 

Por ejemplo, algo que he aprendido estos días:  la emoción oculta de un “síntoma” tan habitual como el colesterol es “no soy capaz de aportar nada a mi familia”. Yo durante tiempo tuve el colesterol alto, no le hice caso – sabía que tenía otra lectura aunque todavía no sabía ésta y ¡no vean cómo me resuena!. Sin embargo… y ahora viene la unión: el lunes que me fui a la sierra a recoger hipérico y pasé un día maravilloso de contemplación complaciente de todo… En un ratito que estaba sentada a la orilla de un arroyo – que precisamente Toñi conoces – de esos de cuento… pensando en esto del colesterol, de aportar o no a la familia… y de repente se hace como una claridad en la cabeza – así lo sentí – “bueno, depende de quién consideres “la familia”, claro sí consideras (así, en 2ª persona lo estaba escuchando en mi mente) tu familia la física pues no, ya ves … ni caso; sin embargo…todos los días hay personas, muchas, que entran en el lamento y esos son otra familia y en este caso es por gusto… ¿o no?”

Y claro, así es. Yo que soy caballo astrológico, no me había dado cuenta – a fuerza de ver la necesidad no ves lo que tienes delante – de que la manada que cabalga conmigo (a ratos que es fantástico) ya está, son todos ustedes – los cuantos pocos que conozco y los cuantos tantos que ni siquiera imagino pero siento agradecida que todos los días haya las X entradas que me nutren las ganas de compartir esto y lo otro y aquello.

Decía una amiga el otro día que el caballo en soledad se siente “vulnerable”. Así es. Me encanta la soledad pero sabiendo ( y esto lo acabo de aprender también )que la manada está cerca, aquella con la que puedo moverme libremente y disfrutar de su libre movimiento también. Y así me siento con ustedes. Gracias les dice todo mi ser.

Y para culminar – está saliendo más largo de lo pensado – ¿saben por qué Toñi había intuido que yo era la de “El Lamento”? Entre otras cosas por esa forma de decir “he ido a ver a madre… o padres están así o asao… “Que es verdad que así me expreso y lo hago – qué curioso – desde el ejemplo que tomé de la misma amiga que me decía el otro día lo de los caballos: ella habla así, el hombre (se refiere a “su” compañero), el hijo, los padres… es verdad que ella es vasca, yo he vivido allí y hablo la lengua  y en euskera es así: los que aprendemos a hablar euskera como segunda lengua seguramente diremos “mi madre…” pero ellos dicen “la madre”. Cuando se lo oí a ella me gustó porque neuro-lingüisticamente (todavía no sabía nada de bio-descodificación) produce unos efectos diferentes si dices “mi” a si no lo dices y como estamos en esa disolución de la posesividad me pareció un buen método. Ahora ya no me doy cuenta pero al principio era horroroso la cantidad de veces que decía “mi”. Algo habrá hecho por la labor, estoy segura. Y algo que me resulta muy curioso es que cuando pregunto a amigos o conocidos “qué tal la madre, o qué tal hermano… por reflejo o por lo que sea contestan igual: pues hermano…¡genial!

Gracias de nuevo, compañeros de viaje. Qué disfruten de todo el camino.

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