LA ESCUCHA

La entrada que nos ha colaborado soumaya es para leerla muy despacito para ir escuchando poco a poco ese nuevo vocabulario que ella utiliza, a mí me ha encantado. Y nos pide una práctica sencilla – que no fácil – durante un tiempo.  

Si la ponemos en práctica… muchas cosas van a cambiar.

Gracias

Colaboración de Soumaya

LA ESCUCHA

 
Dice la Tradición: «El riñón controla la audición. El riñón florece en la oreja.»

Por otra parte, sabemos que la configuración del oído, con todo el sistema auditivo y toda el área cerebral que le corresponde, nos permitiría, en principio, escuchar hasta los movimientos moleculares. Tiene capacidad para eso. Pero resulta que elabora un selectivo filtro de todos los sonidos que escucha y sólo permite determinados niveles o dinteles de audición en condiciones normales. Si esto no fuera así, nos volveríamos locos. ¿Podríamos permanecer en una habitación donde se oyese hasta el movimiento de los ácaros o la vibración molecular de las paredes?
En un nivel pragmático, observamos que la audición, en condiciones normales, va bajando en la medida que el hombre envejece. Sabemos que el envejecimiento se produce en base al agotamiento de las Energías Hereditarias o Ancestrales, que radican en los riñones.
El oído participa en la función de garantizar el equilibrio del sujeto, en base a todo su sistema de canales; el caracol, con la endolinfa, perilinfa, los líquidos internos del oído. Un sistema hídrico al servicio del equilibrio postural del sujeto.
El equilibrio de lo externo, la postura, está garantizada por el oído, a través del agua, el origen.
En condiciones normales, cuando la persona no es sorda, el último de los sentidos que deja de actuar al fallecer la persona es el oído. Es el último sentido que se pierde. Es nuestra última conexión con el exterior. De hecho, hay personas que al haber despertado de un estado de coma profundo, tienen el recuerdo de sensaciones auditivas -era el único sentido que conservaban-.
…… Todo esto y más es el sentido del oído, «La Escucha».

En el artículo anterior vimos cómo el silencio y la escucha están íntimamente ligadas y les sugerimos una práctica diaria para amplificar su escucha, su sentido de la audición. Esta vez ampliaremos más aún el tema de la «Escucha».

En la práctica musical es indispensable e imprescindible el sentido del oído. Incluso para Beethoven, que se quedó sordo poco a poco, era indispensable el sentido del oído -aunque suene contradictorio-: aún siendo sordo, siguió utilizando su oído, sí, el oído interno; no escuchaba los sonidos físicamente porque su órgano (oído) ya no funcionaba, ya no recogía las vibraciones de su entorno, pero él sí recordaba cómo sonaba un Do o un Re, en su mente podía escuchar una sinfonía entera y traducirla al pentagrama. Esta habilidad se debe a que, si bien perdió el funcionamiento de su órgano oído, no perdió el sentido de la audición, es decir aunque el órgano como tal ya no le funcionara, su sentido del oído seguía ahí presente -en su mente-, por eso podía escuchar la música en su mente: literalmente «escuchaba la música por dentro». Cabe la aclaración de que Beethoven tenía lo que se conoce como «oído absoluto», pero para el caso nos sirve de ejemplo.

En el oído, como en cualquier otro sentido, su funcionamiento depende de la fisiología del órgano sensitivo en sí, pero no sólo de. De hecho, hay casos de ceguera en los que los ojos están intactos y funcionando perfectamente pero lo que se ha dañado es el nervio óptico y el sujeto no es capaz de ver, de interpretar y traducir a imagen la luz que entra en sus ojos.

El órgano, en este caso el oído, envía una información al cerebro, éste la procesa, le da una interpretación y la almacena en algún lugar del cerebro que va registrando las sensaciones y se van quedando grabadas ahí. Por eso existen personas (músicos y no músicos) que tienen lo que se llama «oído absoluto», y es que pueden distinguir qué nota está sonando con sólo escucharla, sin la necesidad de buscarla con algún instrumento, por ejemplo: vas caminando por la calle con «Luís», que tiene oído absoluto, y, de pronto, un camión de basura toca el claxon. Entonces Luís dice: «¡Ey!, escucha, es un La bemol». Y tú le dices: «¡¡¿Que?!!». «Sí, que el sonido que produjo el camión es un La bemol». Y uno dice: «¡Ah!, bien; sí, es un La bemol, gracias por aclarármelo», y por dentro decimos: «¿cómo es posible que Luís sepa que esa nota es precisamente un La bemol y no un Fa sostenido?». La respuesta sería: por simple memoria, ya que, así como uno puede cerrar los ojos y acordarse del color rojo porque el sentido de la vista está más allá del ojo y tenemos registrado el color rojo en la memoria; o con sólo evocarlo, podemos recordar a qué huele una rosa, pues así mismo «oído absoluto» es recordar cada nota musical con su nombre, sin ver ni saber de antemano qué nota se tocará; con sólo escucharla, el «oído absoluto» sabe si es un Do, un Re, un Mi bemol o lo que sea; también uno puede imaginarse una nota o diversos sonidos simultáneamente sin que ningún instrumento sea tocado en ese momento, así, solamente con el «oído interno» podemos escuchar por dentro lo que sea.

Es importantísimo rescatar la escucha en nuestra vida cotidiana. ¿Cuántas veces al día estamos conversando con alguien y, mientras nos habla, nosotros hablamos para nuestros adentros? Sí, ya sea que estemos adelantándonos a la respuesta que daremos o que simplemente estemos pensando en otra cosa. ¿Qué pasa luego? Pasa que como no hemos puesto atención, es decir, no hemos escuchado a nuestro interlocutor, pues se generan múltiples malos entendidos que nos pueden llevar en un abrir y cerrar de ojos, por ejemplo, a una violenta e hiriente discusión o en muchos otros casos a generar problemas entre otras personas por no haber escuchado bien y dar el mensaje tergiversado. ¡¡Hagamos un esfuerzo por escuchar a quien nos habla!! 

Por otro lado, también es importante escuchar sin juzgar, sin prejuzgar, sólo escuchen sin empezar a formular un juicio de lo que están escuchando; no se adelanten a lo que viene, esperen con calma a que las palabras y los sonidos vayan apareciendo y, después, dejen que su intuición les lleve a la respuesta adecuada.

En la música es exactamente igual, es importante que antes de tocar se sigan algunos pasos:

1. Lo primero, antes de tocar nada, es generar un espacio de Silencio. Es como en las orquestas sinfónicas que antes de comenzar un concierto, el director llama la atención con su batuta tic tic tic… y todo el mundo ahí se queda en perfecto silencio, desde los músicos hasta la audiencia, todos hacen silencio porque está a punto de comenzar la cascada de sonidos, y es como si con el silencio abrieran un espacio y lo dejaran limpio para que salga a danzar la música.

2. Escuchar. Escuchar es el resorte que dispara la creatividad, es la chispa que genera eso que llaman inspiración, es el momento en el que se gesta la manifestación divina que nos impulsa y nos hace movernos. 

3. De la quietud del agua surge el movimiento de la madera: ahora sí ya puedo dejar que surja en mi algún sonido porque primero he dejado un espacio de «nada» (silencio) para que se manifieste la creación, luego he concentrado mi atención en escuchar cómo se manifiesta la creación, ahora sí ya tengo elementos para comenzar a sonar.

SUGERENCIA DEL MES

Por ahora todavía no les vamos a pedir que emitan ningún tipo de sonido, simplemente les invitaremos a que escuchen. El siguiente ejercicio es simple pero no por ser simple les resultara fácil, ya que lo que les proponemos requiere un esfuerzo de atención constante.
Durante todo el mes pongan mucha atención cada vez que hablen con alguien, y presten atención a cómo lo están escuchando; concéntrense en lo que les dicen, no en lo que ustedes están pensando; escuchen y no interrumpan a la otra persona, déjenla culminar su exposición. Una vez culminada la intervención del que les habla, entonces, piensen qué van a responder y háganlo con calma. Es probable que la otra persona esté imbuida en la dinámica típica de arrebatar la palabra al otro y de no escuchar, si esto sucede, ustedes no entren en competencia, vuelvan al estado del silencio y escuchen lo que les dicen. Esto tiene grandes ventajas porque entre otras cosas el que escucha tiene más elementos para formular un argumento que aquel individuo que no para de hablar, y es que muchas conversaciones terminan en verdaderos combates en los cuales ninguno escucha al otro, y lo poco que se escuchan, es para confirmar y ratificar las diferencias que los separan y así acrecentar el tono de lo que comenzó siendo una simple conversación y ahora se ha convertido ya en una irremediable discusión. En estos casos, el silencio y la escucha son la mejor estrategia a utilizar; es como si en un combate, uno dejara atacar al enemigo para conocer su táctica y, una vez que ya se ha analizado bien la forma del contrario, entonces es cuando uno interviene.

Éste es un ejemplo para que se entienda que el escuchar equivale en la tradición Taoísta a la premisa que dice: «el estilo blando vence a lo duro». Y ¡¡¡ojo!!!, no les estamos sugiriendo que tomen las conversaciones como combates, todo lo contrario: les estamos sugiriendo que escuchen en silencio lo que les dicen para que: en primer lugar, se puedan evitar las discusiones, y en segundo lugar, para que su nivel de relación con todo lo que les rodea sea cada vez más armonioso y re-creativo.

«El silencio y la escucha 
nos permiten vibrar en una frecuencia de calma y constante creatividad».

La escucha y el silencio son nuestros grandes aliados a la hora de relacionarnos con el entorno, primero porque le damos espacio a la Creación para que se manifieste; 
y segundo, porque así podemos contemplar los momentos bellos que nos regala esta Creación 
sin estropearlos con el torpe comentario inoportuno 
que es típico de la ansiosa forma de vivir de las sociedades modernas 
donde el sujeto es incapaz de estarse quieto y en silencio.

… Un pequeño cuento: 
Un día estaba un Maestro con su discípulo, y el pupilo le dice al Maestro: «Maestro, tengo un amigo que quiere venir a meditar con nosotros». El Maestro después de pensarlo un momento le dice: «esta bien, que venga tu amigo». Al día siguiente llega el discípulo con su amigo a la meditación.
Al terminar la meditación, el Maestro y su discípulo solían ir al exterior a ver el sol nacer, ese día mientras contemplaban la salida del sol el amigo comentó: «¡qué hermoso!». Cuando ya se iban, el Maestro llamó aparte a su discípulo y le dijo: «por favor dile a tu amigo que no vuelva a venir más». Al escuchar esto, el discípulo, consternado, le pregunto a su Maestro: «¿qué sucede Maestro, porque no quieres que vuelva a venir mi amigo?». El Maestro respondió: «porque habla demasiado».

La audición es el sentido que finalmente nos lleva hacia otros sonidos, hacia otras realidades. Como es el último sentido en apagarse, más que apagarse en transformarse, en metamorfosearse… en alkimizarse, en definitiva, y que le permite al sujeto entrar en otro nivel de continuidad de su existencia y en su consciencia de inmortalidad, la audición representa la característica de ser capaz de recoger el sonido de la Creación, el sonido que produce la Creación. 
 
 
La audición es capaz de reconocer el verbo del silencio del Divino.
Es capaz de hacerse eco de todas las señales que el hombre recibe en este infinito Universo. 
En consecuencia, el sentido de la Escucha Obediente, el sentido de la Escucha Complaciente, 
es lo que va a marcar al Verbo Encarnado. 
Luego el sentido de la audición -con órgano funcionando o sin órgano funcionando- 
va a estar ahí y nos va a permitir la escucha de la Diversificación del Universo. 
Es decir, nos va a permitir escuchar el Verbo Creador. 

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