EL CEREBRO NO ENVEJECE… SE ABURRE.

El doctor en biología molecular que firma el artículo que comparto dice que la neuro plasticidad cerebral… no es cosa ni de niños ni de jóvenes…Y Enric Corbera en la conferencia de “El arte de desaprender” (la compartiré en breve) decía que el cerebro no envejece, ¡¡¡que se aburre!!!. Se aburre porque hace siempre lo mismo, piensa siempre lo mismo y casi siente siempre lo mismo… así no hay forma. 

Hace un par de días escribía en mi cuaderno algo que este señor tan sabio dice igualmente: 

“Ahora no hay dudas científicas de que el cerebro funciona absolutamente diferente bajo el deseo y el querer que bajo el deber. Matemáticamente: si uno quiere, el cerebro te presta las neuronas, pero si uno ‘debe’ el cerebro se asusta y te da una o dos”.

Yo escribía: A la hora de imaginar o a la hora de pedir o a la hora de agradecer: 

Si yo por ejemplo, pienso “necesito una secretaria o necesito una colaboradora o necesito un equipo o tengo que buscar un equipo…” según lo estoy sintiendo ahora hay una sensación-emoción de necesidad, de carencia, un poco de angustia, “ay, aparecerá o no aparecerá”… seguridad poca.

Sin embargo, si imagino y doy las gracias, si lo veo ya realizado o doy las gracias por el equipo fantástico que el universo me ha proporcionado…estoy segura de que ese equipo llegará, ya está en camino. No sé cómo será, no sé cómo llegará pero llegará y será el mejor porque ya me lo he imaginado, ya lo he agradecido, ya lo he … 

No tiene nada que ver con el “necesito” o con el “debo buscar, tengo que buscar”. Todos estas formas verbales al cerebro le suenan a orden y normalmente no nos gustan las órdenes. Recordemos que desde pequeños bastaba que nos dijeran que debíamos hacer esto o lo otro para que se nos quitaran las ganas del todo… aunque fuera algo que nos gustara. 

Así que viajeros de luz… vamos a retirar de nuestro vocabulario y de nuestra forma de pensar todos esos “quita ganas” que son “necesito, tengo que, debo, debería…” y los correspondientes a otras personas igual. “necesitas, deberías, tendrías que…”. En parejas y en familias con niños… nada aconsejable… se consigue justo lo contrario. 

Qué disfruten del artículo… viene a corroborar por parte de la ciencia lo que ya sabemos por otras disciplinas. Recordamos por ejemplo, para que no se nos olvide, que el cerebro no entiende la diferencia entre lo real y lo imaginado, solo se guía por la emoción sentida. Por eso funciona tan bien la visualización – cuando sientes lo que estás imaginando. Claro, si imagino que soy rica – por un decir – y lo que siento es miedo de la pobreza… ganará el miedo y la pobreza porque es lo que siento. Si deseo una vida feliz pero siento que no lo merezco (por la creencia que sea que tengo arraigada en mi ser)… pues gana el sentir. 

Esa es la “trampa” de la visualización: que lo sientes en todas tus células o … no se hará realidad. Así que, viajeros de luz… a sentir. Y no es lo más fácil precisamente, eso es algo que se les olvidó incluir en los programas de la educación: enseñarnos a sentir. Nosotros estamos a tiempo de enseñárselo a los pequeños – y a los más grandes también. 

Graciassss

Bachcrach, que es doctor en Biología Molecular y fue investigador durante un lustro en la Universidad de Harvard, defiende la neuroplasticidad cerebral a cualquier edad y señala que el primer paso para intentar cambiar lo que no nos gusta es el autoconocimiento.

– ¿Podemos cambiar todo lo que nos propongamos de nuestro cerebro?

Todo probablemente no, pero sí mucho más de lo que se creía. Desde una mirada científica, durante muchos años se habló del cerebro como un órgano fijo pero cada vez hay más experiencias que muestran que sigue siendo muy plástico incluso a los 80 o 90 años.

– ¿Cómo funciona este proceso de aprender a cambiar?

El cerebro no reconoce realidad o fantasía, reconoce tus creencias, así que lo primero es creer que lo puedes hacer. Y creer implica entender lo que va a suceder luego: trabajo, disciplina, compromiso, tiempo… Para la neurociencia cambiar es sinónimo de aprender, lo que pasa es que de adultos queremos dominar, no aprender de nuevo. Y antes de ponerte a cambiar, tienes que conocerte a ti mismo bastante para saber si quieres mover algo de tu vida.

– ¿Por qué cuesta tanto cambiar?

Primero porque uno cree que no puede. Y después cuesta porque tiene que ver con un aprendizaje que comportará fracaso en el camino. Y fundamentalmente porque en el proceso de cambio hay dolor y no nos gusta el dolor. La gente tiene que entender que el cambio es un proceso, es un camino. Pero en el proceso, que puede ser de un día, un año, diez años o toda tu vida, hay dolor.

Y a mayor autocrítica, menos cambio en la vida. Eso no quiere decir que no seamos críticos con nosotros, pero a menudo exageramos. En biología decimos que si vas a cambiar, vas a equivocarte y si vas a aprender algo nuevo, vas a fallar.

– ¿Es el miedo uno de los aspectos que favorecen el ‘no-cambio’?

Sí. No querer fracasar, no querer pasarlo mal, no quedar en ridículo… el cambio es un trabajo personal y si estás pendiente de la mirada del otro, no lo vas a hacer. Lo que pasa es que la sociedad vende el cambio como algo fantástico y el cerebro dice “¡No es fantástico! ¡Lo estoy pasando mal!”.

– ¿El cerebro está más preparado para el ‘no cambio?

Está programado para no cambiar, pero tiene una capacidad de cambio que nosotros no usamos. Y eso es tremendamente importante para cualquier edad. El cerebro busca la rutina y el automatismo para no correr riesgos porque hace 100.000 años un cerebro así era eficiente. Pero hoy no. Hoy ya no hay tigres en la calle.

– Bueno… el otro día había uno en Tiflis.

Justo (risas). Tenemos un cerebro que es absolutamente cavernícola en una sociedad y con una mente muy moderna. Y esto muchas veces no es compatible. Estamos manejados por nuestro cerebro y la invitación es que uses más tus pensamientos, tus emociones. Que puedas dirigir un poco más tu vida en lugar de que el cerebro te la dirija a ti.

– ¿Cómo empezamos?

El cerebro odia que pienses por si piensas algo diferente o supone riesgos. Así que este proceso empieza con una palabra que no me gusta mucho pero que es real: el autoconocimiento. Tienes que conocerte y saber qué quieres cambiar.

– Y una vez que sabemos que queremos cambiar…

Ahora no hay dudas científicas de que el cerebro funciona absolutamente diferente bajo el deseo y el querer que bajo el deber. Matemáticamente: si uno quiere, el cerebro te presta las neuronas, pero si uno ‘debe’ el cerebro se asusta y te da una o dos. Cuando el cambio es realmente querido por uno y no por tu jefe o por tu marido, el cerebro funciona mucho mejor porque es muy egoísta. Trabaja mucho mejor con todo lo que tenga que ver con él y su beneficio que si trabaja por los demás.

– Habla de que tenemos 0,5 segundos para el cambio. Explíquese.

Todas las acciones involuntarias cotidianas las hace el cerebro. Lo que mide la ciencia es: desde que parte la señal hasta que haces la acción pasan 0,5 segundos. Cuando uno hace un trabajo de introspección puede reconocer un montón de señales que el cerebro le está dando 0,3 segundos antes de que suceda. Y los 0,2 segundos restantes son el momento que tienes para detener esa acción que pensadamente no quieres hacer. Es el espacio que queda entre la conciencia de que lo estás por hacer y la acción que se realizó. Y esto es entrenable.

– ¿Cómo reconocemos esas señales?

Primero tienes que decidir qué hábito que no te hace bien quieres empezar a entrenar para darte cuenta 0,3 segundos antes de que lo hagas y para tener 0,2 segundos para detenerlo.

Es imposible hacerlo con todas las cosas de tu vida. Hay que escoger uno. El más clásico es fumar. Cuando reconoces lo que quieres cambiar, después hay un trabajo muy intenso por hacer. La gente fracasa porque lo quiere hacer sin dedicarse un minuto a conocerse. A veces solo con cambiar una cosa es suficiente. Eso va a generar mucho más bienestar y mucha más tranquilidad… y la gente se siente más segura de si misma y mejor.

– La sensación es que estamos en manos de nuestro cerebro.

Pero es una sensación, no es real. No podemos controlar a nuestro cerebro, pero sí gobernarlo un poco mejor: puedas tomar alguna decisión, darte cuenta de qué es lo que quieres cambiar a nivel de emociones, pensamientos y comportamientos. Se puede.

– ¿Qué diferencia hay entre el cerebro y la mente?

El cerebro es el órgano, con sus neuronas y sus cables, y la mente son tus pensamientos y tus emociones. La mente depende del cerebro, piensas y sientes porque tienes neuronas. Pero el cerebro también es impactado por la mente. La calidad y el contenido de lo que piensas modifican geográfica y físicamente tu cerebro. Si piensas todo el tiempo en negativo, en 10 años tu cerebro va a tener avenidas y autopistas cada vez más negativas. Y se van retroalimentando. Y no hay que quitarle importancia: si sigues siendo pesimista, en 10 años va a ser mucho peor. Lo que piensas transforma tu cerebro.

– ¿Estoy a tiempo de cambiar esto?

¡Esa es una frase autolimitante! Es reversible. Desde luego no es magia y este cambio no va a suceder de golpe y un día te vas a despertar y se terminó el pesimismo. Hay que dedicar tiempo, compromiso y disciplina a cambiar eso. Se llaman pensamientos negativos. En algún momento se hizo un hábito en tu vida y ahora lo tienes incorporado y es automático.

– Dice que debemos hablar más con nuestro cerebro ¿Qué le tenemos que explicar?

El cerebro trata de que no pienses, que no hagas nada nuevo y de que no cambies porque si así estás bien no le importa si eres feliz. Al cerebro no le importa si te peleas con tu marido, si tienes un sueldo bajo o si eres bajita. A él lo único que le importa es que sobrevivas. Y si hasta hoy estás viva el cerebro dice “Repitamos todo, que todo el día de hoy sea idéntico al de ayer”. Hablarle a tu cerebro sería pensar “esto me funcionó ayer, hoy quiero hacerlo diferente”: quiero estudiar otra cosa, quiero tener otra relación… Si no te detienes a hablarle, a hacer la pausa, a ver dónde estás hoy y qué quieres para mañana el cerebro no lo va a hacer nunca.


Fuente: La Vanguardia

Fuente: http://planosinfin.com/una-guia-para-aprender-a-modificar-el-cerebro-y-sacarlo-de-la-rutina-y-del-automatismo/

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