No nos enseñaron a rechazar regalos…

Ese seguramente puede ser un buen termómetro propio: cómo de difícil me es mantener la calma.  Recuerdo que hace no tanto, al volver de un seminario de qigong que veníamos como en una nube…durante la semana solía ir a ver a padres. Oye, era llegar y en 5, 10, 15 minutos… ya había saltado a lo que yo veía entonces como una provocación de madre, por ejemplo. ¡Se me bajaba el ánimo a los pies y más allá! porque desanimaba la visión de tu “pretendida” calma irse al garete con una simple frase como “¿otra vez igual?” u otra parecida.  … Leer más…