EL AUXILIO ORANTE

Este espacio y su título saben del lamento y sus colaterales… y sus consecuencias por eso las entradas siempre se alejan de aquello que resuene a esa energía paralizadora del lamento, la pena… 

En esta oración, el Dr. Padilla nos pone delante el recorrido «habitual» que hace el ser humano convertido en «Yo-Yo y su troupe teatral de infinitos errores e infinitas consecuencias» en su paso llamado vida: desde la cautela …. hasta el problema anterior al PERO… (conocemos bien ese recorrido ¿verdad’)

Si nos dejamos… sentiremos el Auxilio para convertirnos en alivio. 

Qué así sea. 

Gracias Maestro

Oración en    Tian, 10 de Febrero 2013

Dr. J.L. Padilla  – Escuela Neijing

Bien pronto se advierte al ser –en cualquier comunidad humana- que tenga prevención sobre este riesgo, este otro, este otro, este otro, este otro…
Es el primer inicio o advertencia de que ha llegado, o que está, en un espacio hostil. Tanto es así que, a las criaturas, al nacer, se las rodea de vacunas para “pre-vención” de lo que pueda ocurrir, por ejemplo.

En el andar que sigue, pronto –pronto- aparece, después de la prevención, la precaución. Se siente cercano el peligro y hay que tener precaución.
Prevención, precaución…

El cuerpo se alerta y todo parece depender de la habilidad del ser ante… ante la vida que está viviendo. Teme a la vida.
Prevención, precaución… preocupación. Es lo siguiente que espera. La preocupación ocupa – ya lo dice la palabra – un espacio de atención, significativo.
-Estás preocupado…-Oh, sí. Estoy preocupado por… por… por…

El círculo “se ciñe” sobre el ser, y de la preocupación surge ¡la pena!; una pena que no se sabe muy bien qué es. La primera pena que aparece –no se sabe por qué – nos hace llorar, o recogernos y quedarnos quietos…
Es vivir esa pena como… un refugio; como si hubiera ocurrido una catástrofe. No sabemos quién… quién nos recoge, pero hay una vana sensación de que no nos abandonan. ¡No sabemos quién!

Pasado un tiempo, ese estado de pena parece reconocerse… y surge el pesar. ¡Ay! La vida empieza a pesar: “¡Pero si antes no pesaba! Podía correr, saltar, reír… Ahora es pesado levantarse, comer, hablar…”
Pareciera –por momentos- que son residuos de pena, o que la pena la hemos superado pero ahora queda el pesar.

Sin saber… ¡sin saber cómo!, ni de dónde –pero, en alguna medida, parece tener que ver con ese algo que nos acogió en nuestra primera pena-, con ese pesar surge, ante él, el poder.
¡Ay!… “¡Puedo! ¡Tú puedes! Él puede. Yo puedo. Nosotros podemos. Vosotros podéis. Ellos pueden. ¡Podemos, podemos!”…
Es como una respuesta… un tanto desesperada. El pesar está ahí como plomo en las alforjas, y el poder dice: “¡Puedo, puedo, puedo! Puedo con ello. Puedo. Con ello y… ¡con veinte más!”.

¡Ay! Y eso dura un tiempo. Ya ha tenido prevención, ha tenido precaución, ha tenido preocupación, ha tenido pena, ha tenido pesar… ¡Pero si recién está viviendo!

Y una voz se escucha, que dice:

-¡Es que eso es la vida! -¿Eso?… ¿Esto?….
“¡Más vale prevenir que curar! ¡Hay que tener precaución! Hay que preocuparse ante el entorno, no vaya a ser que… ¡eso!: para que, cuando llegue la pena, puedas llevarla mejor; cuando se haga pesar, tengas el poder necesario para soportarlo”.
Por momentos, uno puede preguntarse:
-Pero… vamos a ver, ¿a mí quién me ha traído aquí? ¡Un momento! Es decir, que… ¡hay algo que no funciona!
-¿Sí?… No. ¡Es así! -¿Es así?… ¡Ya!

Con el consumo del poder, a veces de repente, y otras, poco a poco, aparece el perder.-¡Ah! ¡Perdió!… Perdió su hacienda, perdió el afecto, o perdió la propiedad, o perdió… el aprecio… -Pero ¿no tenía poder?-Sí, sí… sí… Pero, el pesar era grande y… ¡y ya se sabe!: cuando hay un poder, hay otro que medra. -¡Ah!
-Sí. Se tienen que enfrentar. No solamente surge el poder para resolver el pesar, sino que el poder se exterioriza, y quiere asegurar, quiere poseer, quiere… tener; quizás, con la única intención de quitar el “pesar”…
Y todo… todo lo que tenía el poder, al perder –al darse cuenta de que puede perder-… ¡ay!, qué pronto llega la pobreza.
-¡Pobre!Pero… ¡si habías alcanzado una posición!…
-¡Oh!, sí…
No sólo pobre de dinero o de posesiones… No. Pobre de recursos, pobre de imaginación, pobre de fantasía, pobre de ilusión.
¡Tan pobre!… ¡tan pobre se puede hacer!, que puede convertirse en un problema.
¡Aaay!… ¡Ay!, ¡cuando el ser es un problema! ¡Ooooooh!, ¡ooooh!, oh, oh, oh, oh, ooh… No, no solamente es un problema para él, ¡sino que es un problema para todos! Y, claro, mal que bien, todos tratan de solucionar el problema pero, normalmente, el problema –por eso es problema- no es fácil de arreglar.
¡Cuántos pasos! Ninguno sonriente. Si acaso “el poder”, por momentos… triunfante.

Prevención, precaución, preocupación, pena, pesar, poder, ¡perder!… y ahora, ¿problema? Y, ¡oiga!, ¿y esto…?

-¡Uuuy!, ¡los problemas! Cuando se instauran los problemas… ¡Ay!, ¡Ave María! A lo mejor, lo único que le queda es rezar.
Porque un problema llama a otro problema, y, claro, un problema crea otro problema; y el “problemador” que los “desproblemalice” buen “desproblemador” será, pero… –mmmm-… problema llama a problema.
-Tengo un problema –dice alguien-.
Y el que escucha puede decir:
-Ya tienes dos, porque me lo acabas de decir. Porque ahora yo me voy a preocupar por tu problema, y va a ser también “mi” problema.
“¡Dios! ¡Dios!”… –se grita desde lo “jondo”, desde las “jonturas”, desde las “jonduras”, desde las junturas-. ¡Dios! ¿Qué clase de broma es ésta?… No sé por qué, alguien –o algo, no lo sé- me contó que la vida era alegre, divertida, amorosa… Y que te enamorabas y que… y que te gustaban, y que te besaban, y que te abrazaban, y que corrías, y que jugabas, y que saltabas…
-¡Quieto, quieto, quieto! ¡Para, para, para, para…! ¿Quién te ha conta’o esa tontería?

-No, no… Psss…. ¡No sé! Yo… ¡quizá lo he leído en algún…!

-¿Lo has leído? ¡Aaaayyy! Eso de la lectura, ¡qué malo es! ¡Os llenan la cabeza de chécheres! -¡¿Chécheres?!-Sí, “chécheres”: objetos inservibles…..

-¡Es que soy un problema!, ¿sabes?
-¡Ah!… Has llegado a Mí –parece decir lo Divino- porque eres un problema. ¡Oooh! ¿Pero tú no eras la especie triunfante, capaz, sobrante, dominadora?… ¿¡No te has chuleado por el barrio –con otros-, con tu poder, con tu fuerza!? ¿No aprendiste nada de la prevención, ni de la precaución, ni de la preocupación, ni de la pena, ni del pesar, ni del poder? Ni del perder, ¡ni de la pobreza!… Y ahora, ¡eres un problema!
¿Pero tú no te vanagloriabas de que podías con todo? De que… “A mí, écheme lo que sea, que…” ¿Y ahora, acudes ¡a lo Divino!? ¿Para qué? ¿Para que te eche una mano? ¿A dónde? ¿En dónde?
¿Te acordaste…? –parece escucharse- ¿te acordaste de Mí cuando triunfabas, podías…? ¡Ni siquiera te acordaste de mí cuando perdiste! Ni siquiera, cuando fuiste pobre. Ahora que eres un problema, acudes al templo a implorar claridad, luz…
¿Quién… quién te dijo que vivieras así?: prevenido, preocupado, precavido… con pesar, con ¡pena!, ¡con poder!, con… ¡perder! Te da vergüenza –¿verdad?- perder. ¡Ay!, ¡pobre!… Y ahora, ¡problema!
Sí. Los hindúes decían: “Un hombre, una religión”. Habría que decir: “Un hombre, un problema y, en consecuencia, una religión… para que trate de resolver el problema”. Lo que hace es complicar más el problema, ¡claro!

En este tortuoso –por momentos “angustioso”- recorrido que… ¿dónde hay una pequeña luz?
Posible, probable.

-¡Ah! Es posible que…

-Es probable…

-Pero el posible, probable, es como otra forma de poder, ¿no?
-Parece, pero no. No sé cómo decírtelo: no depende ya de ti. Hasta ahora, todos esos pasos –”paso a paso”- … todos esos pasos han sido… protagonizados, realizados y ejecutados por “Yo-Yo y su troupe teatral de infinitos errores e infinitas consecuencias”. Es un título un poco largo pero… ¡ahí está! “La compañía “Yo-yo y sus múltiples errores y consecuencias” se presenta ante ustedes”.

Y cuando aparece la posibilidad, la probabilidad –cuando parece que se va a aclarar el cielo-, surge de nuevo la semilla de todo lo que se ha plantado: precaución, prevención, pesar, penar, etc. Y se llama “pero”: “Pero… ¿pero tú crees que…?”. “Pero…”.
¡Oooooh, ooooooh! El gran destructor, el gran desintegrador de cualquier posibilidad-probabilidad: el “pero-pero”: “Pero… ¿te has dado cuenta…?”. “Pero… ¿no te das cuenta de que, entonces, tu razón…?”. “Pero, si recurres a lo posible…”

¡Sí! Es posible que –y es probable que – el “pero” triunfe –el “pero”-. Y el que más o el que menos – depende de en qué fase esté- dirá: “A mí no me va a pasar esto. A mí, con mi apellido, con mi nombre, con este cuerpo… ¿me va a pasar esto? ¡Por favor! Eso les pasa a los débiles, a los ¡desgraciados!, a los desesperados. No es que sea racista, ¿verdad?, pero la mayoría de los seres son muy… incapaces”.
¡Oh! Ante eso, hay una voz del desierto que dice así: “¡¡Espera y verás!! ¡Espera y verás!”… Pero parece que eso no se suele escuchar. Cuando aparece ese ramalazo racista-humanista:
-Claro, pero es que estas gentes son débiles. Es que estas personas son incapaces. Es que no están educados. Es que…
-¡Ooooh!… ¡Espera y verás! Cuando el “pero” te llegue –¡je!-… ¡ni la más mínima posibilidad!

Prevención, precaución, preocupación, penar, pesar… Poder, ¡perder!… Pobre, problema… ¡Posible! Probable… Once pasos. Y llegó el doce: Pero…

Como resurgido de las cenizas, no queriendo admitir todos los pasos anteriores, el “pero” se yergue insolente… dificultando cualquier sorpresa, cualquier imprevisto, cualquier inesperado; cerrando filas sobre la tragedia, sobre el drama que ya se ha culminado en doce estancias.

Mientras, el espíritu de lo Divino revolotea ahí, sin querer intervenir; respetando, aguardando a que nuestro ser se vuelva… hacia lo que no conoce. Se vuelva hacia esa extraña sensación del primer penar.
¡Ay!Era Él, era Ello lo que me recogía.
Era Ello lo que me advertía.
Era Ello el único refugio.
¡Y no lo supe ver!…
Se hizo pesar, y luego se gestó mi poder.
¡Ay!…
¡Qué duro fue perder!…
¡No sé si peor fue ser pobre!

Así, la vida es la historia de un pobre perdedor que se perdió; que, cuando surgió en torno a él lo posible, lo probable, un pero –“pero…”-añadió, y ahí todo se encerró. Eso ocurre diariamente. Eso ocurre todos los días. Eso ocurre –y puede ocurrir- en fracciones de segundos, a cualquiera.

Y La Oración nos lo recoge en una secuencia impecable, para que rápidamente nos recompongamos de otra manera, nos rehagamos de otra forma; porque esta secuencia nos suena ¡mucho!, nos angustia ¡mucho!, ¡nos desespera mucho!… No sólo puedo decir de ella que sólo le pasó a aquél o al otro, sino que a mí también me pasó.

Cuando ante el “pero” surge el aleteo del Auxilio…
Sí. Porque el ánima de lo Divino no se ha ido; está ahí, como si fuera ave de carroña: esperando y aguardando para bajar y comer. En este caso, para acercarse y servir, para rehabilitar, para reconfortar, para recomponer, para reparar, para revolucionar, para ¡¡renovar!!…
“Nuestro Auxilio es el Nombre”.
Nuestro auxilio, ante esa secuencia, es volvernos “a”, “hacia” el Auxilio. Y éste acude. Rehace, renueva, recompone, restituye, regenera… ¡Renueva!
La Fuerza reparadora, la Fuerza recompensadora, la Fuerza regeneradora, la Fuerza restitutiva; la Fuerza que nos hace nuevos, que nos renueva en otras perspectivas, ¡en otras frecuencias!, para salir de ese problema, para dar por bueno lo posible, lo probable. ¡Para desechar el “pero”! Sentirnos en el regazo, en el recuerdo sin hechos –“en el recuerdo sin hechos”- de… el recato, el regocijo, el regalo, ¡la risa!…
Renovado, regenerado… ¡restituido en otra posición!

¡Y eso ocurre con independencia de nuestra acción! Luego, tendrá su expresión en nosotros, sí, pero eso ocurre por la Fuerza del Auxilio. Eso ocurre por la actitud dispositiva –dispuesta- a dejar de ser… el protagonista, el propuesto.
Y sin dejar de vivir, ni de existir, abrirnos a ese Auxilio que nos retoma, que nos regala, que nos ríe; que es regazo, es regeneración, es recuerdo sin hechos, es remanso, es ¡regocijo!…

Un renovado proyecto.Es como si fuera ¡otra vida!… –pero ésa es la vida-.
Remanso, regazo, recogimiento; regalo, risa, regeneración permanente; resolución instantánea; renovación automática. ¡Lo otro fue una sustitución!, ¡una suplantación!… –que es lo que habitualmente ocurre-.
Cuando nos sentimos ¡seres de auxilio!, no solamente transcurre el auxilio a través del ser y sus generaciones, sino que, a través del propio ser, se expresa en otros.
Sintiendo el Auxilio, en auxilio te conviertes y en auxilio te expresas; sin suplantar, sin cobrar, sin rentabilizar, sin imponer…
Auxilio… Orante.

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