TIEMPO DE CRISÁLIDA: LA PALABRA CREA

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Buenos días, viajeros de luz en tiempo de crisálida

Ya lo he comentado más veces en este espacio: de siempre me encantaban las “burbujas” de los tiempos en soledad. Hace años pensaba que era porque no era lo suficientemente capaz de lidiar con el mundo y necesitaba retirarme de vez en cuando… para re-ordenarme.

Cuando comencé a ver vídeos, a leer, a estudiar Bio escuché la palabra “cuarentena” como un tiempo de retiro, un tiempo de estar en ti para favorecer que una toma de conciencia hecha en una consulta, por ejemplo, pudiera integrarse; para que las rutas neuronales de las nuevas creencias, de la nueva toma de conciencia pudiera consolidar su recorrido.

Para mí fue un alivio. O sea que no era que yo no podía lidiar con el mundo… O sea que ese tiempo de retiro era una forma fantástica de re-ordenar por dentro.

Y desde entonces, he hecho varias, ja, ja. Aprendí tanto de mí que en mi cabecita surgió la lucecita  de organizar  cuarentenas  guiadas, acompañadas.  Pero en mi cabecita también surgía ese diálogo interior que te decía: “¿pero tú te crees que va a haber alguien que tenga 40 días para retirarse?” Pues mira, sí, cada uno en su casita. Ja, ja.

Así que ya estoy rescatando todo lo que fui escribiendo, ideando para esos tiempos de re-ordenar.

En la entrada de ayer compartía una propuesta energética desde la medicina china.

Hoy vengo con otra propuesta. Esta vez desde el lenguaje desde la certeza de que LA PALABRA CREA. 

Para comenzar, y como estaba hablando de “cuarentenas”, pues vamos a empezar por ahí. Cuando mi cabecita ideaba, cuando escribía sobre recursos y herramientas a utilizar  para re-ordenarnos por dentro, lo primero que me chirriaba era el nombre. Ahora entiendo por qué, ja, ja.

Cuarentena es una palabra que al oírla… nos trae imágenes. Dense unos segundos con los ojos cerrados y respiren esa palabra. Ahora casi no tiene gracia porque estamos en una que no habíamos decidido. Claro, yo las mías las decidía y las decidía en lugares donde me sintiera agusto, segura y sola. Y sin embargo cuando cerré los ojos y dejé que llegaran las imágenes  yo veía una habitación oscura, encierro, tristeza… Así que no terminaba de decidir comenzar ese camino porque el titulo era un traje que no me sentaba bien. (Prueben lo mismo – sentir la palabra – con: “confinamiento” “encierro” “campo de batalla”…)

Cuarentena por otro lado es una palabra “pasiva”. Normalmente no decides tú solito entrar en cuarentena: “te ponen en cuarentena” porque tienes algo incorrecto, no adecuado… para vivir con los demás. Así que también suena a falta de libertad y a que hay algo inadecuado en mí.  A nuestro ser biológico – no digamos al emocional – normalmente no le gusta que le quiten la libertad – que a lo mejor usa para estar todo el día tumbado… pero tiene libertad de movimiento hacia el exterior.

Durante estos días le he puesto otro nombre que me gusta mucho más y que además me impulsa, me suscita curiosidad, me da alas. He preferido llamar a este momento que estamos viviendo: Tiempo de Crisálida. Siempre me ha parecido fantástico ese proceso de transformación que vive el gusano que le hace convertirse en mariposa. Y solo se da si el gusano SE PERTMITE ese tiempo de crisálida donde ocurre lo que ocurra (misterio genial) y cuando culmina, el ser que surge es una hermosa y liviana mariposa.

crisálida

Y se puede dar porque el gusano SE ENTREGA a vivir el proceso. Me he reído muchas veces cuando me imaginaba a un gusano diciendo: “ni de coña, yo quiero seguir siendo gusano. ¡Yo que voy a ser esa mariposa!”.

Así que lo que compartiré estos días nos servirá para cualquier tiempo de crisálida – impuesto o voluntario – que la vida nos ofrezca en el caminar.

Seguimos con el lenguaje.

Sabiendo – con certeza – que LA PALABRA CREA, en este tiempo de crisálida es fundamental estar atento al lenguaje que escuchamos y desde luego al que emitimos. Una de las cosas que aprendí en mis “tiempos de crisálida voluntarios” fue a escucharme, a escuchar lo que pensaba y vive dios que me llevé sorpresas. Sorpresas que me llevaron a re-visar creencias que escondía ese diálogo interno que cuando estamos en actividad cotidiana… (a no ser que voluntaria y conscientemente nos pongamos a ello) no escuchamos. Y al no escucharlo, las emociones y las re-acciones que produce ese diálogo interno nos arrastran como un tsunami sin tener ni pajolera idea de dónde han salido.

La primera vez que escuché y ví estos días “Alarma Sanitaria” me quedé petrificada. ¿Alarma? Si escuchamos bien la palabra, dentro de ella y componiéndola hay otras dos: AL – ARMA. ¿Qué me dicen? Cada vez que escuchamos, cada vez que decimos, cada vez que leemos… la palabrita en cuestión… nuestro inconsciente – el consciente está a otra cosa – escucha las otras dos también. Y es natural que la emoción que surge al oírla inconscientemente sea la del miedo, ¡cómo no!, si nuestro cerebro reptiliano al oírla pone en marcha todos los mecanismos necesarios para atender a un peligro.

Y cuando eso pasa… y esto es fundamental – siempre y ahora en grado superlativo –,  para que todo el sistema atienda a ese “posible” peligro tiene que desatender – está en su programa biológico –  a todo lo demás, nuestro sistema inmune, digestivo… todo.

Así que, viajeros de luz, salgamos de ese espacio que abre esa palabra. Podemos utilizar otras que nos den un toque de atención pero que no incluya el pánico dentro de su abanico.

Por otra parte, y jugando un poco: si retiro la R de la palabra en cuestión y la sustituyo por una L ¿Qué digo? AL – ALMA. Y eso me cuadra más con el tiempo de crisálida y de un plumazo me contacta con otra emoción bien diferente.

Independientemente del origen casual o planeado del momento – cada cual revisará – el tiempo de crisálida nos ofrece una oportunidad gloriosa de hacer un movimiento en dirección AL – ALMA… esa gran desconocida. La nuestra que hace parte de la de todos y del TODO.

Y aquí enlazo con otro punto: Siendo que todos somos 1, siendo que todos somos arte y parte del TODO, de la UNIDAD, de la FUENTE, de DIOS… este tiempo de crisálida nos ofrece otro regalito añadido: si estamos atentos a nuestro “verbo”, a lo que decimos, escuchamos (el escuchar hace parte de las funciones del riñón que a la vez es la fuente de todo el sistema biológico y que vehiculiza la emoción principal que nos atañe estos días: el miedo, así que al loro con lo que escuchamos que va directamente a nuestra fuente de vitalidad ) nos daremos cuenta de que nos salen – casi sin ser conscientes – juicios, rechazos, opiniones… contra los que se llevan mucha comida en los carros, contra los que salen a la calle… contra el “bichito”.

No soy una iluminada, ja, ja, a mí también me salen los míos. Sin embargo, a poco que me centre y me escuche… empieza la fiesta verdadera: ¿de dónde sale ese juicio, ese rechazo…? ¿Dónde está en mí eso que rechazo?

Y ese tirar del hilo me lleva a mí, a conocerme, a saber qué software anda por ahí en mi inconsciente que filtra y vela lo que mi YO SOY es en origen. Uno con todos… amén de otras cualidades. Esta es la que rescato ahora para lo que íbamos desarrollando.

Cuando no sé que YO SOY uno con todos y con TODO… creo que rechazo lo de fuera y sin embargo… me estoy rechazando a mí. Aparte de que cuando creo que rechazo lo de fuera, a otros, si te pones a sentirlo ¿quién lo vive, quién lo siente? Yo.

Dense el regalo de escuchar cuántas veces escuchamos, leemos… en medios de comunicación o a nosotros mismos “en contra del virus”, por ejemplo. ¿Creemos que si rechazamos, si vamos en contra de alguien, algo… ese algo o alguien va a bajar la cabeza y sumisamente decir “me voy”? No. Lo que rechazamos, a lo que nos resistimos… para empezar PERSISTE porque está en nuestro foco, es en lo que ponemos nuestra atención. ¿Han hecho alguna vez este ejercicio: “no pienses en un elefante rosa” ¿qué ven en su mente? Un elefante rosa. Y como sabemos que en lo que enfocamos nuestra atención crece… pues ya ven. Lo que crece es a lo que nos resistimos, lo que rechazamos… ¿cuántas veces han dicho “yo no quiero eso” y justo lo que han vivido es “eso”?

Y por otra parte cuando digo “en contra del virus” hago al susodicho mi enemigo y con un enemigo ¿Qué se hace? Se lucha, se huye o se hace el muerto. Menú  muy poco variado como ven y que es el único que sabe desplegar el cerebro reptiliano, encargado de luchas y demás. Y ya hemos dicho antes que cuando ese cerebro arcaico se activa… debe, repito, debe desconectar todo lo demás: emociones, inmunidad, digestión, asimilación, descanso…

Además, a un enemigo se le rechaza, se le recluye, se le ataca. Atentos porque la mente chiquita hace este camino medio perverso: como el enemigo ahora es tan grande y no puedo lidiar con él… la mente busca la forma, el canal para sacar el stress de que hay un enemigo suelto y lo reflejo en lo que tengo más cerca: tú. Tú que se convierte en todos en un abrir y cerrar de ojos. Por ahí los caminos de creación se cierran a una velocidad de vértigo.

Y doy ese ejemplo pero háganlo extensivo a cualquier cosa. En el año 2010 viví un “estado adaptativo de salud llamado tumor” y más de una vez, cuando me abordaba alguna persona en cuestación “contra el cáncer” le decía: “lo siento, no estoy en guerra contra el cáncer” pues además de lo dicho anteriormente, ya había aprendido que el tumor en cuestión era una respuesta adaptativa de mi biología… no el problema al que había que atacar con todo el arsenal habido y por haber. El tumor era una respuesta en mí y para mí.  ¡Qué menos que preguntarle ¿una respuesta a qué?!. (Si entramos aquí tenemos para unos cuantos capítulos, ahora estamos en el lenguaje).

La palabra emitida además es un pulso que enviamos al Universo. Y ese pulso (sílaba, palabra) – de la clase que sea – emite una frecuencia, una vibración, tiene una cualidad que como las ondas en el agua cuando echamos una piedrecita se van propagando y expandiendo. Así que cuando hablamos (las palabras que usamos son mucho más importantes de lo que en nuestra inconsciencia pensamos) lo que digo va a resonar en una frecuencia que conectará con la misma frecuencia y…,¡bingo!, lo veré reflejado en la pantalla que llamamos mundo, el nuestro. Ya sé que hasta que no se comprende… no es sencillo pero una vez que lo ves, que tomas conciencia de que “el verbo se hace carne”… te guardas muy mucho de hablar en vano, decretando inconscientemente lo que después vas a vivir.

Este tiempo de crisálida – más regalos – es una oportunidad de lujo para escucharnos y escuchar los pulsos (en forma de sílabas, palabras y frases) que nos rodean, ya sean pasivos por escucharlos o activos cuando los emitimos. A poco que te dejes un poco o bien tú o bien el o la de al lado o a la enésima potencia los medios de comunicación, vamos a escuchar “lo que va a pasar es que…“Lo que nos quieren hacer es que…” y detrás: de todo menos bonito: decretos de futuras consecuencias, futuros escenarios…

Y una servidora, aunque solo sea en mi fuero interno, cada vez que oigo uno de esos decretos o incluso los expreso yo, digo: “O no”.

“O no” porque no tengo ni idea. Claro, mis creencias, mi forma de ver el mundo, mi… me dirigen en una dirección pero en realidad… NO SÉ. Hablábamos de este “no sé” en la entrada anterior. Es una frase mágica. No solo el decreto no puede seguir adelante en mi diálogo interno sino que además le quito poder, fuerza. No lo envío al Universo y me hago cargo de mi ignorancia profunda (ya les comenté la de voces que se alzan en nuestro interior cuando así lo hacemos pero su función es protectora: la mente está ahí para ahuyentarnos de cosas que él considera peligrosas)  Además todo ese tipo de decretos – los que digo y los que oigo – son un recurso bendito para conocer qué tipo de creencias me habitan.

Y en esa revisión de qué creencias, juicios, programas, patrones, opiniones me habitan voy a encontrar oro puro: yo misma. Voy a indagar de dónde salen esos juicios, creencias… y voy a integrar (porque la atiendo) esa parte de mí que lo creía y que iba a su bola impidiendo que mi YO SOY genuino, verdadero, auténtico… no se pueda manifestar. Y no se puede manifestar, siendo Unidad, porque hay un montón de partes mías que van a su bola – con sus creencias… – fragmentadas, divididas. Y con fuerzas divididas…no es posible crear nuestra realidad. Con fuerzas divididas permitimos que el programa propio o colectivo mande y cree lo que tiene previsto: su programa.

Los juicios son expresiones de la creencia de separación. Como no soy tú, puedo criticarte, juzgarte, rechazarte… ¡Mentira! Somos 1, todos. ¡Pica, ¿verdad?! porque yo no quiero ser como ese que se lleva todo, o como aquel que … Pues ale, a por el tesoro.

Y para culminar por hoy: ya hace días, antes de comenzar el tiempo de crisálida y todo eran noticias para al-armar… resoné con mi falta de confianza en cómo se pudiera gestionar a nivel político… Ya revisé lo que a mí me correspondía y llegué a lo siguiente: cada vez por ejemplo, que pienso en alguien mayor aislado… me salía aquello de “pobrecito” y tomé conciencia de que cuando lo decía me quitaba fuerza a mí y por supuesto le quitaba fuerza a él o ella – o a los niños en general o a las parejas en general … – porque sin querer estaba suponiendo que no iban a disponer de los recursos necesarios para sobrellevar este tiempo de crisálida. Eso unido a lo que les decía de la falta de confianza en políticos… me hizo llegar a una decisión: lo que yo podía hacer por mi parte era invocar, apelar, sentir, considerar… el YO SOY de cada uno. Ese que somos en origen y que está unido, por naturaleza propia, al Todo y a todos. Ese – que está en cada uno de nosotros por ser parte del Todo –  que es abundancia, es coherencia, es … por naturaleza propia – a pesar de los velos que le hemos ido echando encima.

Por hoy culminamos, hay mucho más que decir de todo esto pero si quiero publicarla… mejor hasta aquí. Ayer dije lo mismo y seguí escribiendo. Mañana más.

Por cierto en la próxima entrada traeré una propuesta energética muy interesante que llamaré Triángulo Mágico. Una propuesta bien sencilla, de nuevo desde la medicina china, en relación con la certeza de que La Palabra Crea.

Como siempre un honor. Si les aporta, si les resuena, compartan con quien consideren.

Gracias, gracias, gracias

Feliz travesía.

Cruz Barbero

 

 

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