TIEMPO DE CRISÁLIDA: SONREIR – RECURSO VITALIZANTE INMEDIATO

Buenos días, viajeros de luz

A los 2 o 3 días de comenzar este tiempo de crisálida bajé al centro a buscar un pedido de homeopatía que había hecho unos días antes.

La verdad, aluciné.

La sensación de una ciudad casi vacía – excepto por alguna persona como yo que iba a hacer algo concreto y otras varias paseando a sus perros – es algo que a mí me encantaba sentir, incluso lo buscaba. Ese día se sentía diferente. Ese día y los demás que he salido a hacer lo que necesitaba.

De siempre cuando voy andando bien sea a algo concreto o a pasear sin rumbo, antes o después cruzaba la mirada con alguien y hasta sonreía. Ese día yo notaba que las personas, además de la rareza de verlos con “masbaratillas”, iban mirando al suelo, cabizbajas como con miedo a levantar la cabeza y mirar a los demás.

Me oí pensar: “la mirada no contagia” y que yo sepa nos han “prohibido” el contacto de abrazos… pero no nos han prohibido mirarnos a los ojos. Así que desde ese momento hasta que llegué a la farmacia me propuse buscar las miradas y sonreír.

Fue entonces que recordé una entrada que ya publiqué hace tiempo con una entrevista al Dr. Mario Alonso Puig – excelente comunicador desde un especialista médico con curiosidad y ganas de aprender y ofrecer – en la que explicaba los mecanismos de la sonrisa y lo que produce en nuestro inconsciente. Les dejo el enlace para que la lean – de nuevo o por primera vez – ¡merece la alegría y tendrán un recurso excelente en este tiempo de crisálida!

https://ellamentonovieneacuento.com/2019/04/04/sonreir-y-otros-recursos-sanadores-entrevista-a-mario-alonso-puig-por-andy-kusnetzoff/

Nuestro cerebro arcaico es eso, arcaico y con una función fundamental: protegernos y prevenirnos de cualquier cosa que amenace nuestra supervivencia. La emoción principal de ese cerebro para avisarnos de que estamos en peligro es el miedo y ya hemos comentado en otras entradas que cuando el miedo se activa, cuando la mente cree que está ante un peligro, se activa un menú muy poco variado y de escasas miras: huir, atacar o hacerse el muerto. Ese menú además, por defecto, anula todas las funciones que no sean las relacionadas con su función principal de “aviso, peligro, hay que prepararse” mandando toda la sangre y fuerza a los músculos para que estén preparados y listos por si hay que atacar o huir. Eso deja en “servicios mínimos” a nuestra mente a la hora de idear, crear, pensar en otras salidas… Es como si ese menú nos redujera el campo de visión y de raciocinio a lo mínimo y básico.

Sin embargo, y esto es fundamental, este cerebro se activa cuando siente que tú sientes miedo. Claro, “la mente del entorno” hace lo suyo y si no estamos atentos nos puede arrastrar como un tsunami pero en realidad cada uno reacciona a su sentir. Al suyo propio – aunque sea inducido. Quiero decir que si yo no siento miedo a contagiarme,  por ejemplo, aunque el miedo sea general, mi mente no va a activar ese menú de huida, ataque o quedarse quieto para que no te vean.

Y ahí es cuando entra la sonrisa. (Y aclaro, sonreir no es reirse a carcajadas, a veces incluso casi es imperceptible porque la sonrisa es un movimiento interno como casi todo lo que nos pide este tiempo de crisálida)  Ese cerebro, además de arcaico tiene una peculiaridad estupenda para este momento y es que no  diferencia la realidad de lo imaginario. Si yo creo que a mi hijo le ha pasado algo con su moto y estoy muy preocupada, todo el sistema se activa igual igual que si de verdad hubiera visto que le ha pasado algo. Y es que el sistema se pone en marcha por lo que sentimos. Por eso el humor es tan importante para bajar el nivel de stress, el cerebro se lo cree y no activa el programa que por defecto tiene.

La sonrisa hace lo mismo – además de otro montón de propiedades que podrán ver en la entrada que les comparto un poco más arriba -. Ese cerebro que es arcaico piensa: “si sonríe, todo está en orden, no hace falta que intervengamos”.

¡Bingo! Eso es lo que queríamos, que no se activara todo ese sistema que nos inunda la sangre con cortisol con sus efectos colaterales. Y vive dios que los conozco porque durante años “me mantuve” tomando dosis altas de cortisona así que viví de primera mano sus efectos – y los que conmigo estaban también y esto último seguro que no hacía mucha gracia. Pero el cortisol es el cortisol y cuando está en sangre a raudales… hace lo que sabe.

Así que, aunque solo fuera por salud mental propia (y ajena), sonreir va a dar una información de tranquilidad, de alegría, de “todo está bien”, “me siento bien”… con la que el cerebro arcaico va a pensar: “no me toca a mí, todo está en orden, sonríe así que todo está bien”. Claro, podemos pensar: “ya, pero si no tengo ganas de sonreir…¿cómo lo hago?”. A esto respondía el Dr. Puig diciendo algo así: “fíngelo hasta que lo sientas”.

Personalmente lo he comprobado infinidad de veces. Cuando por la noche, alguna vez entraba por una rendija un pensamiento con miedo en sus entrañas…sonreía – que al principio cuesta, ja, ja porque en mi diálogo interno escuchaba “pero cómo vas a sonreír si mira la que se avecina” por poner. Si yo desoía esa voz y seguía sonriendo, en un plis más corto que largo,  notaba la diferencia. Los músculos de todo el cuerpo se relajan – tranqui guapa, no hay que salir corriendo -, el corazón palpita con otro ritmo y tranquilidad además de que lo notas calentito, gozoso.  La mirada brilla – con miedo ni de coña. Y se activa la parte frontal izquierda que es la encargada del pensamiento creativo por ejemplo abriendo el panorama a “modo panorámico” en lugar de enfocar única y exclusivamente en el problema que mi mente me ha puesto delante.

Por cierto, cuando tu mente está enzarzada en un problema con miedo… toda ella está en el lado derecho. Cuando sonríes, automáticamente, sin que tú hagas nada más, notas como ahora está en el lado izquierdo. Pruébenlo, es genial.

Por otro lado, si sonríes a alguien, ese alguien confía más y normalmente sonríe también. Eso sí contagia. Es como una conversación de corazón a corazón. Son ellos los que sonríen. Y eso no tiene precio en salud emocional.

Y eso sí está en nuestras manos y puede tener un efecto expansivo increíble porque ¿saben? Si todos somos UNO, y lo somos, lo que cada uno haga influirá en el resto. Depende de cada uno. Si yo siento miedo y pienso en miedo… llegará a todos y se unirá a la corriente central de pensamiento. Si yo sonrío, si yo estoy en mí revisando lo que va saliendo, lo que voy sintiendo, si yo me permito sentir lo que siento , si yo me siento agradecida por lo que sea… ese movimiento también llegará a todos. Es el movimiento de compensación natural que podemos activar cada uno y llegará a todos y se ampliará y expandirá lejos lejos.

Así que hoy lunes 30 de marzo 2020, en tiempo de crisálida, les y me sugiero hacer mi parte: hoy sonreír (y mañana y pasado y al otro…) Porque además la sonrisa me conecta a la Vida, al manantial de vida que nos habita y nos sostiene.

La sonrisa nos hace brillar la mirada y como por arte de magia hace que lo que miramos… brille más intenso. Cuando bajaba al centro y sonreía viendo las primeras hojas y flores en los árboles de la ciudad… el verde se hacía más intenso y respiraba belleza y la expandía. Y esa belleza nos llega a todos.

Que la sonrisa ilumine nuestro caminar.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Cruz Barbero

Y para ejercitarnos en esa sonrisa, les traigo una propuesta que me encanta y vitaliza. Es la meditación incluida en las prácticas de alquimia interior taoísta que llamamos Meditación de la Sonrisa a los órganos. En este caso he elegido la guía de David Twicken.

Les va a encantar, ya me dirán. Y sus órganos se lo van a agradecer funcionando como bien saben y haciendo cada uno su función como bien saben.

 

Comienza esta práctica poniendo tu atención en el bajo vientre, a una distancia más o menos de dos dedos por debajo del ombligo. En ese punto hay un resonador que se llama “El mar del Soplo”. Respira despacio permitiendo que ese Mar del Soplo se active. 

Y cuando ya notes una sensación – que puede ser indefinida – en ese Mar del Soplo, mueve tu atención a los riñones. Cuando hacemos esto estamos conectando nuestra fuerza de vida (qi – soplo), nuestra vitalidad y el órgano. La fuerza de vida y el órgano se integran y el órgano se energiza. Este es el comienzo de la creación de vitalidad y rejuvenecimiento. Y ahora además de enfocarte en los riñones, vas a SONREIR A TUS RIÑONES.

Sonreír es un aspecto esencial en la práctica. Sonreír crea una Fuerza de Vida transformadora que puede cambiar la condición emocional de la persona.

Cuando sientas que los riñones están llenos de Qi, de Soplo, de Fuerza Vital, de un Qi sonriente, muévete al siguiente órgano. Suavemente mueve tu atención hacia el Corazón.

Sintiendo tu cuerpo y mente relajados, SONRÍE AL CORAZÓN. Pon tu atención en el corazón y en el área que lo rodea hasta que sientas el corazón lleno de Qi, Soplo vital.

Cuando sientas el Soplo Vital en el corazón, suavemente mueve tu atención al Hígado. Focaliza tu atención en el hígado y en la zona de alrededor de él hasta que sientas el Hígado lleno de Soplo Vital. SONRÍE AL HÍGADO Y llénalo de Soplo sonriente. Cuando sientas tu hígado lleno de energía, suavemente mueve tu atención a los pulmones.

SONRÍE A TUS PULMONES. Cuando sientas tus pulmones plenos de Soplo vital, suavemente mueve tu atención al Bazo.

SONRÍE A TU BAZO y llénalo de Soplo Vital con tu respiración.

Cuando sientas tu bazo lleno de Soplo Vital, toma conciencia de los 5 órgnaos. Siente la energía de cada uno de los 5 órganos. Puedes estar unos 10 minutos sintiendo esa toma de conciencia de mis órganos llenos de Soplo Vital sonriente.

Culmina esta meditación – visualización moviendo tu atención a la parte baja del abdomen – como a dos dedos por debajo del ombligo y recoge allí tu energía.

Puedes practicar esta meditación por algunos meses. Haz la práctica hasta que sientas la energía sonriente, la energía de tu sonrisa en tus órganos.

Cuando somos capaces de sentir el Soplo Vital en los órganos favorece la integración de la Fuerza vital y tus órganos (el Soplo Vital y tu cuerpo): este es un primer paso en nuestro camino de auto-consciencia y auto-realización.

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